Fundado en 1910

María Solano, doctora en Periodismo de la Universidad CEU San Pablo y autora de «Pantallas, qué remedio»

María Solano, autora de «Pantallas, qué remedio»

«A los adultos nos ha resultado muy cómodo enchufar a los niños a una pantalla para que no dieran guerra»

La doctora en Periodismo de la Universidad CEU San Pablo alerta sobre los efectos de la «pérdida de socialización mediática» y recuerda que la familia es el mejor antídoto contra el mal uso de las pantallas

Podríamos empezar diciendo que es doctora en Periodismo, que ha sido decana de Humanidades en la Universidad CEU San Pablo, que es colaboradora de El Debate, que ha impartido numerosas conferencias o que es directora de la histórica cabecera Hacer Familia. Sin embargo, el mejor aval para explicar por qué María Solano ha investigado tanto, divulga tanto y enseña tanto –y tan bien–, entre otros temas, en torno al impacto de las pantallas en el seno de los hogares es porque la preocupación le toca de cerca: es madre de cuatro hijos y ha sido capaz de construir, y mantener, un matrimonio feliz desde hace dos décadas, «y eso que nosotros también hemos tenido que ir aprendiendo sobre la marcha en este campo». Ahora acaba de publicar Pantallas, qué remedio (editorial Palabra), donde explica «cómo sobrevivir, con pensamiento crítico, al entorno digital».

–Empieza el libro diciendo que el problema de las pantallas «no lo vimos venir, porque parecía bueno». Pero si ya sabemos los peligros que entraña, ¿Por qué no logramos encauzarlo?

–Las pantallas tienen un problema: han generado un gran enganche, pero no tienen las mismas características que una droga, porque cualquier droga que consumamos es mala desde el primer consumo. Es decir, no es mejor el primer cigarrillo que el último, lo que pasa es que el sumatorio de cigarrillos nos acerca más al cáncer de pulmón. El problema de las pantallas es que tienen algunas cosas que sí son buenas, y eso ha provocado que no consigamos disociar su parte de herramienta de su parte de arma. Y eso condiciona enormemente nuestra capacidad para hacer frente a esta adicción comportamental que nos está afectando, por cierto, no solo a los adolescentes o a los niños, sino también en gran medida a los adultos.

–Entonces, ¿se les puede poner coto?

–Poner coto a las pantallas no es tan fácil como poner coto a una droga, o a una sustancia que produce una adicción. Porque la pantalla, de hecho, la necesitamos. Por eso el título de Pantallas, qué remedio. Porque, más allá del debate de si los niños deben estudiar en el colegio con pantallas o no, lo cierto es que la sociedad ya no va a poder evitar estar en un mundo de pantallas. La complejidad nace del hecho de que es una herramienta y un arma al mismo tiempo. Así que el control tiene que ser de una manera tal que nos permita seguir haciendo uso de aquellos beneficios que entrañan las pantallas y, al mismo tiempo, ponerle límite a aquellos perjuicios que tienen.

La complejidad nace del hecho de que la pantalla es una herramienta y un arma al mismo tiempo

–¿Por qué estamos poniendo el foco en niños y adolescentes, cuando el problema lo tenemos los padres?

–Es un problema de todos; es un problema social, tan social, que hay que avanzar no sólo en el ámbito familiar, sino también, por ejemplo, en el laboral: ¿Qué nos está pasando, que el trabajo inunda nuestra vida personal, y al mismo tiempo nuestra vida personal inunda el trabajo, y en muchas ocasiones no estamos haciendo las cosas bien, sencillamente porque estamos atrapados en esas pantallas? Volviendo al símil de las drogas, si tuviéramos a un niño de 12 años frente a una raya de cocaína, iríamos de inmediato a ver quiénes son los adultos que están rodeando a ese niño para que esté en esa circunstancia. Con las pantallas pasa lo mismo. Y ahí debemos entonar nuestro mea culpa, porque si los niños y adolescentes tienen un problema es porque nosotros les hemos dado, les hemos regalado o comprado ese problema. Y, además, nosotros no estamos dando un ejemplo correcto del uso de las tecnologías, para que vean cuándo estamos utilizando esa herramienta para trabajo y cuándo para ocio.

–Eso, sin hablar de que los adolescentes y los niños no tienen el cerebro aún desarrollado…

–Por eso, socialmente nos preocupan más ellos. Evidentemente, los adultos tenemos el lóbulo prefrontal desarrollado o más desarrollado, y damos por hecho que somos mucho más capaces de auto controlarnos. Pero exigir a los niños autocontrol no es lo adecuado. Tenemos que ir educándoles en el autocontrol, pero no se les puede exigir autocontrol cuando su lóbulo prefrontal está por desarrollar. Les estamos dando una moto de gran cilindrada por una carretera, que es la vida, llena de baches.

Una de las razones por las que los adultos somos responsables de lo que les ha pasado a los niños y jóvenes con la mala gestión de las pantallas es nuestra pereza

–Y, sin embargo, incluso se venden artilugios para enganchar el teléfono en los carritos de bebé y en las sillitas de paseo…

–Es que una de las razones por las que los adultos somos responsables de lo que les ha pasado a los niños, adolescentes y jóvenes con la mala gestión de las pantallas es nuestra pereza. La tecnología es el mejor chupete para los niños, es una dormidera y nos ha resultado muy cómodo enchufarle en una pantalla porque dejaban de dar guerra. Ahí es donde tenemos que hacer el examen de conciencia de qué hemos hecho para que nuestros hijos tuvieran la oportunidad de desarrollarse felizmente, como merecen en la infancia, rodeados de quienes más necesitan: otros niños, otros amigos, su familia. Pero claro, eso implica que nosotros tenemos que entretenerlos, sacarlos al parque, llevarlos arriba y abajo, invitar a un montón de niños a nuestra casa y que la casa quede destrozada, llevarlos a casa de otro y tener que ir a recogerlos…. Al final el problema que tenemos es que las tecnologías nos han servido para que no molesten los niños. Y ahora nos encontramos con las consecuencias de haberles invitado a estar, desde muy pequeños, pegados a las pantallas.

–¿Qué es y por qué es tan grave lo que en el libro llama pérdida de socialización personal?

–Hay un gran libro, La generación ansiosa, un poco descorazonador pero que al mismo tiempo ofrece mucha esperanza, que desgrana cuáles son los problemas mentales de esta nueva generación marcada por las pantallas. Y lo que defiende el autor es que los problemas mentales no vienen sólo por que los niños y adolescentes estén inmersos en las pantallas, sino porque ese tiempo que pasan en las pantallas no están con otros niños. La socialización real, de cuerpo presente, es fundamental para aprender destrezas y habilidades que nos van a permitir movernos en la vida.

–¿Por qué?

–Porque el que un niño de tres años pelee con otro niño de tres años en el parque, y reciba un palazo porque el otro quiere el cubo, es fundamental para su existencia porque le va a llevar a entender los límites, a argumentar en la medida de sus posibilidades, a resolver un conflicto y todas esas cuestiones van a tener sus derivadas el día de mañana. Nos vamos a un niño de 14 que está encerrado en su habitación. Creemos que está bien, protegido, defendido, porque sólo está jugando a la consola. Por cierto, ¿juega con otros niños o con adultos? No lo sabemos, pero lo que pasa es que cuando ese niño o adolescente tiene un problema con alguien con quien está jugando, apaga el juego. La manera de resolver su conflicto es «Apaga y vuelve a empezar otra partida». Pero la vida no te permite apagar y empezar cada vez una partida distinta. La vida es una única partida.

La solución para las pantallas es que las apaguemos y nos miremos más a los ojos, y nos escuchemos más, y conversemos sobre temas más importantes

–Usted es periodista: ¿Qué es lo que yo no le he preguntado y cree importante decir para terminar esta entrevista?

–El libro Pantallas, qué remedio puede parecer que aborda un tema muy oscuro que nos tiene muy inquietos y muy nerviosos. Pero lo más importante, y lo que yo misma he descubierto escribiéndolo, es que hay esperanza en cantidades industriales, porque la solución es muchísimo más fácil de lo que pensamos. ¿Y sabes dónde está la solución?

–¿Dónde?

–La solución está en la mesa de nuestra casa, allí donde desayunamos, comemos o cenamos en familia. Porque la solución para las pantallas es que las apaguemos y nos miremos más a los ojos, y nos escuchemos más, y hablemos más, y conversemos sobre temas más importantes. Y ahí, ahí, está la formación del pensamiento crítico. Con lo cual, ya no le tengo miedo a las pantallas, porque tenemos lo más maravilloso que se puede tener, que es familia.