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Es recomendable no usar las pantallas al menos una hora antes de dormirPexels

Dormir mal está afectando a tu familia: «El sueño es tan vital como comer o respirar», alerta una experta

España duerme peor de lo que admite: el insomnio se cronifica, el calor nocturno recorta minutos de sueño y la vida familiar se resiente. Aquí están los datos, los síntomas y las salidas.

En demasiados hogares el cansancio se ha vuelto la norma habitual. Y no a causa de la fatiga cotidiana, ni porque haya bebés que interrumpan el sueño de sus padres, o porque ocasionalmente los más pequeños puedan dar una mala noche.

Según estima la Sociedad Española de Neurología, el 48% de los adultos no tiene un sueño de calidad, el 54% duerme menos de lo recomendado y al menos un 10% de la población padece un trastorno crónico del sueño no diagnosticado.

Y no es aquello de «una mala noche la tiene cualquiera»: la odontóloga especializada en patología del sueño Sofía Rodríguez Moroder lo resume así: «Dormir mal no es sólo consecuencia del estrés o de una mala racha; suele ser el síntoma de un trastorno médico que requiere atención profesional».

De hecho, a su clínica de Valencia llegan pacientes con cefalea matutina, tensión mandibular, fatiga o bruxismo, que nunca habían relacionado sus alteraciones del sueño o con ciertos trastornos respiratorios nocturnos.

Calor y pantallas: dos golpes al descanso

No ayudan las noches tórridas que llegan con el verano, y que este año parecen estar prolongándose más. De hecho, según el Journal of Climatology, cuando el calor de noche supera o ronda los 30 °C, dormimos una media de 14 minutos menos y descansamos peor en términos generales.

El problema se agrava porque solo el 41% de las viviendas en España dispone de aire acondicionado... y porque cada vez pasamos más horas conectados ante una pantalla justo antes de irnos a dormir, y la luz azul activa las regiones del cerebro que deberían «desconectarse» para garantizar el buen descanso.

Así se manifiesta en casa

Esta mala calidad del sueño impacta de lleno en el ambiente familiar. Según un documento técnico de la Organización Mundial de la Salud, dormir poco empeora la regulación emocional, dificulta la atención y reduce la tolerancia al estrés; también se asocia a hipertensión y empeora el rendimiento cognitivo de niños y adultos.

En familias con niños, el adulto que no descansa educa y cría con mucha menos paciencia, pone en riesgo su salud y presta mucha menos atención a los problemas emocionales o más difíciles de detectar.

Además, a causa del consumo de pantallas, también el adolescente con sueño «renqueante» llega al aula con memoria de trabajo y funciones ejecutivas a la baja. El círculo vicioso aparece: más irritabilidad, más pantallas nocturnas, más insomnio.

«El sueño no se tapa con pastillas»

Rodríguez Moroder recomienda «no maquillar» el problema con suplementos sin diagnóstico.

Señales como dolor de cabeza al despertar, tensión cervical y mandibular, mordida alterada o bruxismo, despertares frecuentes, somnolencia diurna, o ronquidos o pausas descritos por la pareja exigen, según esta experta, un estudio médico del sueño y un enfoque multidisciplinar: evaluación clínica, fisioterapia específica y pruebas neurofisiológicas.

«El sueño no se tapa con una pastilla. Se estudia, se diagnostica y se trata desde la raíz», explica.

Qué pueden hacer las familias (basado en evidencia)

La European Slpeep Research Society recomendaciones pueden ayudar a conciliar mejor el sueño, sobre todo cuando los problemas empiezan a aparecer.

Higiene del sueño: Horarios estables, dormitorio oscuro y fresco (entre 18 y 22 °C), sin pantallas al menos una hora antes de acostarse.

Calor: Persianas bajadas de día y ventilación nocturna; o ducha templada vespertina para bajar temperatura corporal.

Cuello-mandíbula: Si hay bruxismo o dolor articular, odontología del sueño y fisioterapia orofacial antes que automedicación.

En palabras de Rodríguez Moroder, «no hay que normalizar el cansancio porque el sueño es tan vital como comer o respirar. Ignorarlo supone perder una oportunidad clave para prevenir enfermedades evitables».