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Una persona mayor participa en una actividad de pintura en un centro de día de la firma BoucoGrupo Emeis

Así es una jornada en un centro de día para mayores: churros, ejercicio, manualidades, charlas, excursiones...

España envejece y crece la soledad. Para paliarla, los más de 3.400 centros de día que hay en nuestro país ofrecen actividades sociosanitarias esenciales para la salud de los mayores y de sus cuidadores.

No es ningún secreto que la pirámide demográfica se ha invertido, y en España más de una quinta parte de la población ya supera los 65 años, según el INE.

A ese cambio se suma otro dato tozudo: más de dos millones de personas mayores de 65 viven solos en España, según datos de la Cruz Roja, y la soledad no deseada alcanza al 20 % de los hogares –con especial incidencia a partir de los 75 años–, tal y como alerta el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada.

Con semejante telón social de fondo, los centros de día se han convertido en uno de los recursos más reclamados en la lucha contra la soledad y como freno del deterioro físico y cognitivo de buena parte de la población.

Más de 3.400 centros de día en España

Nacidos a finales de los 70 y reconocidos actualmente por la Ley de Dependencia, los centros de día son un servicio diurno, injertado en los barrios y estructurado por profesionales. Un espacio en el que se facilita la estimulación social y biológica de las personas mayores para prevenir su deterioro y aislamiento, y que sirve también como balón de oxígeno para aliviar a los familiares cuidadores.

El auge de este servicio se refleja en las cifras: según el CSIC, en poco más de cuatro décadas, España cuenta ya con 3.463 centros repartidos por todo el territorio, a los que acuden a diario decenas de miles de personas.

Comidas, medicaciones, actividades...

Ni simples «hogares del jubilado», ni tampoco residencias medicalizadas, los centros de día estructuran su actividad para que los mayores mantengan una vida sana y ocupada.

Como explica Cristina García Casado, fisioterapeuta y directora de un centro de día del grupo Bouco, el objetivo es «seguir una rutina diaria para que los usuarios reciban estímulo en las áreas más afectadas por el envejecimiento: cognitiva, física, social y emocional».

Por ese motivo, cada jornada, habitualmente de entre seis y ocho horas, combina terapia de «movilidad, entrenamiento cognitivo, socialización y ocio significativo», con equipos de fisioterapia, terapia ocupacional, psicología y animación. Y los mayores que participan en ellas «agradecen mucho tener una rutina, salir a realizar actividades y poder hablar con personas de su edad», añade Casado.

También la psicóloga del mismo grupo Kimberly Campos subraya la importancia de esa enfoque grupal: los talleres se organizan por capacidades cognitivas y motoras, con un objetivo adicional irrenunciable: «Que disfruten y se diviertan».

Realidad virtual para revivir recuerdos

Con un matiz importante: lejos de lo que muchos pueden pensar, este tipo de centros se han adaptado en los últimos años gracias a las nuevas tecnologías, para ofrecer servicios como videojuegos interactivos, pantallas táctiles, y hasta realidad virtual y proyectores sensoriales.

Recursos que, sin la necesidad de atraer la atención a través de la fascinación por las pantallas, se emplean para generar destrezas útiles (como, por ejemplo, hacer videollamadas con los nietos o manejar mejor el teléfono móvil), conectar con recuerdos y abrir ventanas al mundo para quienes ya no salen solos.

Un día dentro: terapia, charla y barrio

Desde el grupo Emeis –que opera más de 60 centros para mayores, junto a la Clínica López Ibor de salud mental y el Centro Lescer de neurorrehabilitación–, describen cómo es una jornada cualquiera en un centro de día como los que dirige García Casado: «El día comienza con el desayuno, acompañado de la medicación correspondiente, si es que se precisa. Una vez finalizada esta primera comida, se da paso a las actividades destinadas al mantenimiento físico y guiadas por el equipo de fisioterapia. Tras el ejercicio, entre el que se encuentra la gimnasia grupal, es hora de realizar talleres cognitivos en función de las diferentes capacidades individuales. Se llevan a cabo, por ejemplo, talleres de memoria, de relajación y de emociones. Todo dirigido por terapeutas ocupacionales y psicólogos».

Después llega la comida, y tras ella, «los usuarios acuden a los salones, donde conversan con otros compañeros y disfrutan de un ratito de descanso, antes de que llegue la animadora para realizar talleres de manualidades y actividades más lúdicas. Posteriormente, la merienda, que el viernes llega con premio especial, chocolate con churros. También hay actividades exteriores: salidas a tomar el aperitivo, club del vermut, rutas campestres accesibles, y visitas, algunas culturales y otras de carácter popular».

Alivio para las familias

Además, para los hijos y nietos cuidadores, el centro de día es un auxilio eficaz que permite conciliar y reducir la sobrecarga. Porque no sólo saben que hay quien se ocupa de sus mayores durante varias horas al día, sino que, además, hay profesionales que les están ayudando a mantenerse autónomos y felices por más tiempo.

Como concluye García Casado, «salir, hacer cosas diferentes y conversar es, muchas veces, el tratamiento más eficaz contra la soledad».