Laura Montesinos, autora de Tu muerte es vida
Laura Montesinos, autora de 'Tu muerte es vida': «A los niños hay que hablarles de la muerte con naturalidad»
La doctora Laura Montesinos perdió a su marido de forma repentina en 2018, cuando su hija tenía solo dos años. Pocos años más tarde plasmó su experiencia en un libro que le ha cambiado no solo el modo de ver la muerte... sino también la vida.
Hablar de la muerte en una sociedad en la que los adultos la esquivan y a los niños se les aleja de tanatorios y cementerios, mientras se les disfraza de zombis y esqueletos, se ha convertido en algo no especialmente sencillo. Es casi un tabú, un secreto del arcano de nuestros días. Ese elefante en la habitación que casi todos fingen ignorar... pero que acaba haciendo acto de presencia –y de ausencia– cuando menos se le espera.
A pesar de que no hay nada más seguro y natural que el hecho de que todos acabaremos muriendo, lo cierto es que transmitir la noticia del fallecimiento de un familiar o de un allegado siempre es un trago amargo, sobre todo cuando hay niños de por medio. Y mucho más, acompañar el dolor de la ausencia de manera sostenida en el tiempo.
Los expertos en duelo dicen que tan desentrenados estamos en esto de enfrentarnos a la muerte, que en ocasiones los adultos recurren a expresiones ambiguas como «se ha quedado dormido», o «se ha ido a un viaje», que pretenden dulcificar la experiencia para los más pequeños... pero solo terminan por generarles más confusión y desconcierto.
Viuda de forma repentina a los 35
Laura Montesinos sabe bien lo complejo que es tratar, vivir y acompañar la muerte en el seno del hogar. Y no solo porque por su trabajo como médico de familia se enfrente a diario a la realidad del dolor y la enfermedad, sino por su propia experiencia.
Porque en 2018, cuando su hija solo tenía dos años y ella 35, Laura se quedó viuda, después de que su marido falleciese de muerte súbita. Cuánto vivió y aprendió de aquel trance quedó plasmado en el libro Tu muerte es vida, que ya va por su quinta edición.
Hoy, casada de nuevo con un padre viudo –«un hombre maravilloso» a quien conoció en una charla de presentación del libro–, habla con naturalidad de la muerte y de cómo encararla en el seno del hogar.
–Ahora que la muerte se esconde, ¿Cómo podemos hablar de la muerte con nuestros hijos? ¿Hay que esperar a que fallezca un ser querido, o sería mejor aprovechar estos días para darles ciertos mensajes?
–A nuestros niños hay que hablarles con la mayor naturalidad posible. Porque no hay nada más natural que la muerte. Lo único que tenemos asegurado todos los seres humanos, sin excepción, es que un día nacemos y que otro moriremos. Por tanto, creo que no tiene mucho sentido esperar a hablarles de la muerte cuando llega. Se debería tratar como otro tema cualquiera, porque muchas veces sin darnos cuenta el problema está en nosotros mismos, que reflejamos nuestros miedos en los niños. Estas fechas son un buen momento para romper tabúes y empezar a hablar de este proceso que forma parte de la vida, y si es desde pequeños, mejor. Porque, además, los niños tienen una gran capacidad de 'descomplicar' cualquier tema y verlo con esa mirada limpia y llena de inocencia que les caracteriza.
–Muchas familias no saben cómo enfocar la conversación cuando llega el momento. ¿Cómo crees que debemos comunicar a los niños la muerte de alguien querido?
–A esta pregunta solo puedo contestarte con la verdad con la que le hablé a mi hija, cuando su padre murió a los 36 años. Ella tenía dos y hasta el día de hoy mantengo el mismo discurso. Yo aquel día, y porque lo creo firmemente, con la naturalidad que pude, le dije que papá se había ido al cielo. Que él nos espera allí y que nos quiere felices aquí en la Tierra, porque está en el mejor de los lugares, disfrutando de un Amor para siempre, sin dolor y sin sufrimiento. Siempre que puedo le digo que él sigue con nosotras, en nuestro corazón, y que somos unas «suertudas» por tenerlo con nosotras las 24 horas del día.
Muchas veces, y sin darnos cuenta, el problema está en los adultos, que reflejamos en los niños nuestros miedos a la muerte
– Pero abordar la muerte con niños no es solo dar una noticia, sino gestionar la pérdida. Cuando falleció tu marido, tu hija tenía 2 añitos. Pero de eso han pasado ya siete años. En este tiempo, ¿Cómo habéis vivido el hecho de «la muerte de papá»? Y, sobre todo, ¿Cómo mantenéis el vínculo con él?
–«La muerte de papá», como bien dices, es algo que nos acompañará toda la vida. Los niños, a medida que crecen, van entendiendo qué es la muerte y qué significa morir. Llega un momento que saben que no lo van a volver a ver físicamente, pero yo he insistido mucho en decirle que él vive y que está en el cielo, incluso, que, por lo tanto, es santo. Para nosotras es un orgullo muy grande que alguien al que tanto queremos esté en el mejor de los lugares y haya alcanzado esa meta a la que nosotras también aspiramos: llegar algún día a ese cielo donde el amor no tiene límites. Creo que no hay regalo más grande para el ser humano que alcanzar el cielo.
–¿Se puede encontrar un sentido a la muerte, una esperanza, para vivirlo los adultos y transmitírselo a los niños?
–No es que se pueda, es que la muerte tiene sentido per sé. Todos tenemos que pasar por ella para poder vivir eternamente. Realmente, yo entendí la vida cuando tuve la muerte al lado.
–¿A qué te refieres?
–A que me di cuenta de que nuestro único objetivo en la vida debe ser llegar a ese cielo, a esa vida eterna, que un día nuestro Dios nos prometió al morir en la Cruz. Una muerte transformada en vida, para darnos vida eterna. El acto de amor más grande jamás contado. Esa es la gran esperanza que hay en la muerte. Por eso, si realmente crees, tienes que tener una gran esperanza y saber que nos espera algo muy grande después de la muerte. No hay muerte, sino vida. Por eso celebramos, junto a los difuntos, Todos los santos, una gran fiesta, de las más importantes para el cristiano, porque celebramos que hay vida después de la muerte y que si amamos mucho en esta tierra, todos podremos algún día alcanzar la vida eterna.
–Muchos adultos creen que los niños se van a traumatizar por el contacto con la muerte...
–Yo creo que lo que realmente traumatiza es no conocer la verdad. Y no hay mayor verdad que el que un día todos vamos a morir. Por tanto, cuanto antes se conozca este proceso natural, antes se asume y se integra en la vida.
–¿Crees que es malo llevar a los niños a un tanatorio, a una misa funeral, al cementerio…?
–Mi hija me ha acompañado a funerales desde siempre. Tampoco es que hayamos ido a muchos, pero a algunos sí. Le he explicado lo que significa y ella lo ha integrado como un acto más de acompañamiento del difunto en su camino a la vida eterna. Al final, nosotros los adultos hacemos más complicadas las cosas de lo que son en realidad. Un funeral es un momento muy especial en la vida de cualquier persona. Y creo que a todos nos encantará que llegado el día, haya mucha gente que nos despida y nos rece para que podamos llegar a esa meta, que es el cielo.