La eurodiputada y ex embajadora de Hungría en España, Enikö Györi
Entrevista a Enikö Györi, ex embajadora de Hungría en España:
«Europa debe tratar el reto demográfico apoyando a la familia, no sustituyendo su población por extranjeros»
La eurodiputada húngara Enikö Györi alerta de que, «o la Unión cambia de forma radical el enfoque sobre la familia y la natalidad, o Europa sufrirá una profunda trasformación sin precedentes»
Acostumbrados a escuchar a políticos españoles que a duras penas tienen el título de Bachillerato y despachan asuntos complejos con titulares que caben en un tuit, intercambiar preguntas y respuestas con la eurodiputada húngara Enikö Györdi es una experiencia altamente reconfortante.
Doctora en Relaciones Internacionales, y ex embajadora de Hungría en España y en Italia entre otras responsabilidades, Györdi no duda en señalar las contradicciones de una Unión Europea que se empeña en dar la espalda al reto demográfico, mientras incentiva «como solución técnica» los flujos migratorios que cuestan la vida en el mar a miles de personas cada año, y generan guetos irrespirables en naciones de la Unión. Una decisión que, según explica para El Debate, busca desdibujar los valores propios de la cultura occidental y «sustituir nuestra población por otra de origen extranjero».
Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil (España), Oficial de la Orden de la Legión de Honor (Francia), Comandante de la Orden de la Corona (Bélgica), Medalla del Presidente de la República de Hungría, y Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana, Enikö Györdi fue una de las expertas que participó en el Seminario Internacional «Maternidad en crisis: cuando el futuro no nace», organizado en Madrid por CEU-CEFAS, en colaboración con NEOS, la Fundación Familia y Dignidad, y la Federación Europea One of Us, entre otras entidades.
– Hoy la UE habla mucho de igualdad, migración y empleo, pero muy poco de las bajas tasas de natalidad que sufre el continente. ¿Por qué es tan difícil decir que sin hijos no puede haber un estado del bienestar sostenible?
– La Unión Europea nunca ha reconocido que los retos demográficos no pueden resolverse con la migración. Las tasas de natalidad se tratan a menudo como «un tema delicado» o incluso «ideológico», mientras que la migración se debate como una solución técnica. Sin embargo, un estado del bienestar sostenible depende en última instancia de las familias, los niños y los futuros contribuyentes, y no exclusivamente de la movilidad laboral.
La experiencia de Hungría demuestra que la política demográfica debe centrarse en apoyar la natalidad mediante medidas laborales que favorezcan a la familia, en lugar de sustituir a nuestra propia población por otras procedentes del extranjero. El descenso de la población no puede tratarse con soluciones externas, porque tendría consecuencias de gran alcance: choque cultural, zonas prohibidas, tensión social... Aunque, la verdad, debería dejar de utilizar el condicional, porque esto se ha convertido ya en una realidad en muchas ciudades de Europa occidental.
– ¿Está trabajando la UE para preservar, de verdad, la identidad europea, especialmente en lo que respecta a la familia? ¿O hay un intento subversivo de revertir los valores fundacionales de Europa?
El enfoque de Hungría parte de una premisa diferente a la de la actual política de la Unión: la familia es la unidad fundamental de la sociedad y de la cultura. Mientras que muchos enfoques liberales ponen el énfasis principal en el individuo, la visión húngara sostiene que la realización individual es inseparable de la vida familiar, y que la cohesión social sólo puede construirse sobre familias fuertes. En las sociedades occidentales, a medida que el papel de la familia se ha ido debilitando gradualmente, el declive demográfico ha ido seguido de una serie de retos sociales más profundos. Y con demasiada frecuencia, estos retos se abordan con respuestas parciales o ineficaces, que evitan solucionar las causas profundas. Por lo tanto, Hungría sostiene que preservar la identidad europea no consiste en oponerse a la modernidad, sino en reconocer que una sociedad sostenible sólo puede construirse sobre la alianza de las familias, y no sólo sobre el individualismo.
– O sea, que sí considera que haya una decisión deliberada por parte de los actuales burócratas europeos...
– Bueno, lamentablemente, Bruselas no comparte nuestra opinión. Al contrario, interfieren en la elección de valores de los Estados miembros, a pesar de que esas cuestiones son competencia nacional. Hungría lleva años siendo castigada con la privación de fondos de la UE porque reivindicamos el derecho a decidir sobre el matrimonio, la familia y la educación de los hijos. Si usted cree que el matrimonio es entre una mujer y un hombre, y que la educación de los hijos debe estar exclusivamente en manos de los padres, entonces se enfrenta a consecuencias negativas. Es un sinsentido.
Si usted cree que el matrimonio es entre una mujer y un hombre, y que la educación de los hijos debe estar exclusivamente en manos de los padres, entonces se enfrenta a consecuencias negativas. Es un sinsentido.
– Efectivamente, Hungría suele citarse como modelo (o como caso controvertido) en materia de política familiar. ¿Hay alguna medida concreta que haya cambiado más el clima social para tener hijos?
Lo que más ha cambiado ese clima social no ha sido una medida concreta, sino la creación de un sistema horizontal de apoyo a la familia, que afecta al mismo tiempo a la fiscalidad, al empleo, a la vivienda y al cuidado de los hijos. Aunque es cierto que dentro de este sistema, las ventajas fiscales vinculadas al trabajo han desempeñado un papel fundamental.
– ¿Por qué?
– Porque indican claramente que tener hijos y seguir activo en el mercado laboral son cosas compatibles.
– Usted conoce bien España, porque fue embajadora en nuestro país. ¿Qué rasgo español cree que es un activo sin explotar para la tasa de natalidad: la familia extensa, la cultura callejera, la religiosidad...?
– Lo que siempre he admirado de los españoles es su actitud, generalmente positiva, y su inmenso deseo de vivir una vida feliz. Porque para una vida feliz, la familia es el mejor marco, y las familias con hijos son aún mejores. Mi experiencia personal es que la mayoría de los españoles están muy dedicados a su familia y desean tener hijos. Por lo tanto, lo que hay que ayudar es a que los hijos deseados realmente nazcan.
– Cuando una política pro-natalidad funciona, ¿cómo se evita que sea un mero «incentivo» y se arraigue en la cultura, es decir, en la construcción y acceso a la vivienda, el horario laboral, impuestos, prestigio social de la maternidad…?
– Una política pro-natalidad se convierte en cultura cuando no se limita a incentivos económicos, sino que se integra en la vida cotidiana. Y efectivamente, esto significa armonizar la política de vivienda, los impuestos, los horarios laborales y el cuidado de los niños, para que la vida familiar encaje de forma natural en la vida moderna. Cuando el apoyo es horizontal y está vinculado en gran medida al trabajo, se envía un mensaje social claro: tener hijos no es una excepción temporal, sino un camino de vida respetado y apoyado, ¡e incluso muy divertido! Con el tiempo, esta previsibilidad y positividad ayudan a convertir la política en cultura, en lugar de un incentivo a corto plazo.
– Y, por el contrario, ¿qué error suelen cometer los Gobiernos que fracasan a la hora de convertir esos apoyos en un cambio estructural?
– Los gobiernos suelen cometer el error de tratar la maternidad como una decisión financiera a corto plazo, en lugar de una elección de vida a largo plazo, muy determinada por la seguridad y la estabilidad. Los pagos únicos no pueden compensar la inseguridad en materia de vivienda, el empleo inestable o las condiciones de vida impredecibles. Sin una sensación de seguridad económica y social, los incentivos financieros pierden credibilidad. La experiencia de Hungría demuestra que las tasas de natalidad responden a sistemas de apoyo predecibles, que están basados en el trabajo y son horizontales, porque reducen el riesgo y aumentan la seguridad a lo largo de toda la vida.
– Por inspirar a los políticos españoles: si tuviera que pedir una única decisión europea para ayudar a las familias (y no solo a los mercados), ¿cuál sería?
– Bueno, no se puede reducir todo a una única decisión. El apoyo a las familias requiere un cambio integral de enfoque, no una medida política aislada. Lo que se necesita es volver a una concepción más clásica de la familia como fundamento de la sociedad. Y esto sólo puede lograrse mediante un marco coherente en el que la fiscalidad, la conciliación de la vida laboral y familiar, la educación, la protección de la maternidad y el apoyo al matrimonio se refuercen mutuamente. Sólo un sistema integrado de este tipo puede servir verdaderamente a largo plazo a las familias, y no sólo a los mercados.
Tenemos que restablecer la reputación social de la familia y de la maternidad. La migración no es una solución al descenso de la población.
– Por último: ¿Qué es lo que no le he preguntado y es importante decir?
– Estamos viviendo un momento difícil, en el que muchas sociedades europeas han alcanzado mínimos históricos en las tasas de fertilidad. Esta situación no se puede corregir con pequeños ajustes, puntuales y graduales. O replanteamos de forma radical nuestro enfoque sobre la familia y la maternidad, o Europa sufrirá unas profundas transformaciones sin precedentes. Tenemos que restablecer la reputación social de la familia y de la maternidad. La migración no es una solución al descenso de la población; esta ha sido una clara advertencia del Gobierno húngaro durante más de una década. Si Europa desea preservar sus fundamentos culturales y su cohesión social, debe actuar con decisión y abordar las causas profundas del invierno demográfico.