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Coloquio sobre la anorexia

Coloquio sobre la anorexia

La alerta de los expertos: «Estamos viendo niñas y niños de 8 y 9 años con trastornos de anorexia y bulimia»

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son una preocupación creciente entre las familias y los expertos alertan de diagnósticos cada vez más precoces. En un coloquio con El Debate, la psicóloga Diana Jiménez y la nutricionista Ana Montero desgranan las causas, síntomas y señales de alerta de los TCA, y cómo pueden reaccionar los padres

La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental estima que la prevalencia de los distintos Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) entre los jóvenes llega a casi el 18 % de las chicas y al 8 % de los chicos. Pero, más allá de las cifras, está la advertencia de los expertos que atienden cada vez a más familias preocupadas porque estas patologías se han hecho presentes en su hogar.

Mientras que en los años 90 —cuando enfermedades como la anorexia y la bulimia empezaron a tener una mayor relevancia pública— el perfil de quienes sufrían este tipo de trastornos parecía circunscribirse al entorno de las pasarelas de moda, hoy «las redes sociales hacen que cada vez que veamos el teléfono asistamos a una especie de certamen de Miss Universo» y que «la obsesión por el culto al cuerpo» se haya instalado incluso entre los niños y niñas de 8 y 9 años.

Es la advertencia que hacen para El Debate la psicoterapeuta Diana Jiménez, experta en terapia de familia, y Ana Montero, profesora de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad CEU San Pablo, en un coloquio sobre «El impacto de los TCA en la familia», moderado por la responsable de la sección de Salud y Bienestar, Paloma Santamaría, y el responsable de Familia, José Antonio Méndez.

Una patología de salud mental

Como explicó Ana Montero, al hablar de trastornos de conducta alimentaria, «estamos hablando de una patología y además estamos ante una patología psiquiátrica».

Un matiz esencial, porque «cuando decimos 'alimentario', puede parecer que es solo un problema con la comida, cuando en realidad detrás hay problemas de salud mental, trastornos de conducta y enfermedades psiquiátricas que son las que realmente hemos de tratar para solucionar el problema», explica Diana Jiménez.

Cuando no se da este cambio de perspectiva, «lo que nos encontramos con las familias que no lo saben entender es una respuesta del estilo: 'Que coma y ya está', que agrava el problema», matizó la psicoterapeuta.

Coloquio sobre la anorexia

Un momento del coloquio sobre el impacto de los TCA en la familia

Montero lo formuló con la claridad de quien ha visto el error repetido: «Es muy importante que las familias y los profesionales nunca intenten tratar de manera individual a un paciente con un trastorno alimentario, sino con una perspectiva multidisciplinar con psiquiatras, psicólogos, nutricionistas y profesionales de otras esferas. Porque el problema no es realimentar a un paciente que ha dejado de comer, sino curar y tratar un trastorno mental, y a partir de ahí hacer una realimentación».

Pacientes cada vez más jóvenes

Si hace unos años este tipo de trastornos afectaba principalmente a los adolescentes y a los jóvenes, hoy los diagnósticos son mucho más tempranos: «Estamos viendo niñas y niños de 8 y 9 años con trastornos como la anorexia nerviosa o la bulimia», alertaba Diana Jiménez.

Por eso, como apuntaba Montero, «es muy importante que se diagnostique y se trate pronto, porque al hablar de un problema de salud de muy largo recorrido y con un tratamiento de años, cuanto más tarde es el diagnóstico, peor es el pronóstico».

Señales de alerta en casa

La pregunta es, ¿cuáles son esos síntomas tempranos que, detectados a tiempo en la familia, pueden evitar que el problema avance? El catálogo es amplio, pero algunas de las más comunes, indicó Jiménez, son «restricciones alimenticias del estilo 'esto no lo quiero comer', empezar a evitar pasar tiempo con los padres comiendo, esconderse para comer, esconder alimentos, saltarse comidas, mentir...». Incluso dejar de asistir a planes o fiestas para evitar cierto tipo de comidas.

Y describió una escena cada vez más frecuente: «Estamos en un momento complicado, porque los chicos llegan antes solos a casa, no hay nadie, empiezan a comer de manera más desorganizada y, sin darse cuenta, acaban en este trastorno».

Montero detalló cómo se traduce la atención clínica cuando el cuadro ya encaja en un diagnóstico de TCA. En anorexia, habló de «un peso significativamente bajo» que viene con «restricción calórica», «miedo importante a coger peso» y «una distorsión muy importante en su imagen corporal». En el caso de las chicas, además, suele acompañarse de amenorrea, es decir, retirada del periodo.

Lo más duro para la familia, no obstante, es que la realidad se vuelve discutible a los ojos del paciente: «A pesar de tener un peso significativamente muy bajo, los pacientes no tienen esa percepción».

En el caso de la bulimia, explicó, aparecen «atracones» («ingesta desmesurada» en poco tiempo) y «medidas compensatorias», como vómitos, laxantes, diuréticos o ayunos. Y añadió una clave esencial para no trivializar: hay cuadros parciales, «sin llegar a diagnosticar», que «ya indican que hay una alteración en la conducta alimentaria».

Redes sociales y estética precoz

También en este área, el acceso a las redes sociales y a YouTube a través de los teléfonos móviles y la tablet han jugado un papel determinante en el desplazamiento de los referentes que comienzan a inducir este tipo de conductas.

«Antes era más la moda, pero ahora está en primer plano de las redes sociales, con modelos que siguen un canon concreto de belleza», alertaba Montero.

Con una consecuencia muy concreta: «Las niñas pequeñas, desde muy pequeñas, ya piden maquillajes y productos de cosmética para 'mejorar' su apariencia física».

Jiménez fue más gráfica aún: «Antes había certámenes de belleza como Miss España o Miss Universo una vez al año, pero ahora, abres TikTok y hay certámenes de belleza todo el tiempo». Y describió hábitos importados que se normalizan, sin mala intención pero con imprudencia: «Vemos beauty parties en fiestas de cumpleaños, donde se enseña a las niñas a maquillarse, a usar uñas de gel o a echarse cremas a los ocho o nueve años».

Y no es un problema que afecte únicamente a las niñas. Cada vez son más los varones que sufren este tipo de trastornos, además de otros como la ortorexia o la vigorexia, en muchos casos influidos no sólo por las redes sociales, sino también por «una cultura del culto al cuerpo» que tiene en la obsesión por el ejercicio físico, la comida sana y el gimnasio tres riesgos «de apariencia saludable» que las familias no deben pasar por alto.

Factores de riesgo

En el coloquio apareció una idea esencial: cuando un TCA llega al hogar, no se trata de buscar culpables, sino de entender algunas predisposiciones que se escapan a toda responsabilidad, y detonantes que surgen sin mala fe.

Tal y como explicó Montero, hay «factores predisponentes» de carácter genético, individual, o rasgos de carácter; «factores desencadenantes» —un comentario, el duelo por la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental...–; y «factores de mantenimiento», que hacen más difícil la recuperación.

Nada de esto, por sí solo, explica un caso, pero el conjunto puede inclinar la balanza.

Con un matiz llamativo: «Si tú le preguntas al paciente si recuerda el momento exacto en el cual se había desarrollado el trastorno, la mayoría lo recuerda y en muchos casos había sido un comentario que alguien le había dicho, sin aparente mala intención», explicó Montero.

Por ese motivo, ella misma reconoció que «jamás permito que en mi casa nadie diga nada de nadie por su aspecto físico o su peso. Si quieres enfocar una mejor alimentación, tiene que ser desde el punto de vista de salud, nunca de la apariencia, porque un comentario sin mala fe, en alguien puede ser el factor desencadenante de un TCA».

Tres hábitos y una regla de oro

Para las familias que quieren prevenir y no llegar tarde, Jiménez reconoció la fatiga informativa de los padres: «Cada día las familias se sienten peor porque hay tantísima información que ya no saben qué hacer, y al final te quedas paralizado, que es lo peor que hay». Aun así, insistió en tres pilares que repitió como un mapa: cuidar el sueño, la alimentación y el deporte o estar al aire libre.

Montero reforzó esa cadena: «Si no duermes, enfermas; si estás cansado no tienes ganas de hacer ejercicio físico ni de cocinar, y al final es como un círculo».

José Antonio Méndez, Ana Montero, Diana Jiménez y Paloma Santamaría

José Antonio Méndez, Ana Montero, Diana Jiménez y Paloma SantamaríaThorun Javier Piñero

Y añadió un factor familiar que, en un hogar, pesa más que cualquier teoría: que el niño «se encuentre arropado y vea en su familia un apoyo y un soporte». Eso –dijo– «los hace más seguros y más sanos».

Y concluyó con un mensaje directo: «Si alguna familia detecta algún tipo de alteración con la alimentación en su hijo, que rápidamente se ponga en manos de un especialista, porque la recuperación va a ser mucho más fácil cuanto antes se detecte». A lo que Diana Jiménez remataba con un mensaje de esperanza para los padres: «Si eres parte del problema, eres también parte de la solución. Y este problema se puede solucionar, así que cuanto antes tomemos medidas, mejor».

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