¿Por qué los políticos creen que ayudar a las familias numerosas perjudica al resto?
«Apoyar a las familias numerosas no te pone automáticamente en contra del resto de 'modelos familiares'. Ni siquiera en contra de otras propuestas sociales, ayudas o medidas».
Dice el refrán que «donde caben dos, caben tres». Y creo que esa es la experiencia que tenemos muchos en la vida. Recuerdo un anuncio de Ikea con ese estribillo. De hecho, casi siempre más es mejor, aunque suene un poco a taza de Mr Wonderful.
Más allá del significado básico de esas palabras, me gusta pensar que, en el fondo, añadir a alguien más no implica dejar a los demás fuera, ni tampoco quererlos menos, ni siquiera tener que elegir.
La realidad es que el ser humano tiene la capacidad de multiplicar el cariño, los cuidados, el afecto.
Por eso, me cuesta entender, tras algunos años como presidente de la Asociación Navarra de Familias Numerosas, por qué cada vez que nos reunimos con algún grupo político tengo la extraña sensación de que mostrar su apoyo a las familias numerosas implica valorar menos a las otras. Como si aquello fuera una elección: con nosotros o contra nosotros.
Como si tener en cuenta la aportación de las familias numerosas hiciera de menos el de otras.
Me explico. Un país necesita el crecimiento demográfico. Necesita que nazcan niños que reemplacen a las personas mayores que fallecen o que ya dieron su vida trabajando. Que cojan ese manoseado relevo generacional. Para bien o para mal, de momento, no es posible que esa labor la desempeñen los perros o los gatos. Por lo tanto, si los bebés son un «bien escaso», con perdón de la expresión, hará usted lo que tenga que hacer para reconocer su valor.
Habrá que decirle a la familia que tiene uno: «¡Gracias por confiar en la humanidad!» Y tomar las medidas necesarias para que otros se sientan animados a hacer lo mismo o, al menos, no completamente desanimados.
Cuando se trate de familias con más de un bebé, ese apoyo deberá ser el mismo y por tanto, proporcional, y esto no supondrá dejar de «cuidar» al resto. Apoyar a las familias numerosas no te pone automáticamente en contra del resto de «modelos familiares». Ni siquiera en contra de otras propuestas sociales, ayudas o medidas.
Reconocer el apoyo de las familias numerosas al futuro de nuestro país (y nuestras pensiones) es una de las muchas acciones que pueden llevarse a cabo para salir de este gélido invierno demográfico.
Más nacimientos implica más riqueza para la sociedad. De lo contrario, sin esos locos bajitos se envejece la población, se pone el sistema de pensiones contra las cuerdas, la economía deja de crecer, hay menos cultura, la España vaciada se vacía más… Y no lo digo yo, lo dicen los expertos (que tienen cinco, dos, o cero hijos) e incluso la omnipresente IA cuando le preguntas. Ser familia numerosa no te da derecho a mirar a nadie por encima del hombro. Tampoco no serlo. Existen tantas familias como personas y desde luego, no hay un número de miembros que te convierta en familia que merezca la pena cuidar, ni al contrario.
Lamentablemente, las respuestas de las políticas o la ausencia de éstas, a veces, me hace dudar. ¿Acaso reconocer la aportación de las familias numerosas supone menospreciar a otras? ¿Es esto un enfrentamiento de nosotros contra ellos? No lo creo… Pero claro, será que tengo una familia numerosa y que cuando nacían mis hijos no aplicábamos la aritmética básica, sino el poder multiplicador de las potencias. El cariño no se divide, se multiplica.
Porque en el fondo, cada nacimiento implica una nueva personita con su visión única del mundo, con su aportación, sea cual sea. Apoyar a las familias es un bien social. Hacerlo de manera proporcional a ese bien, es una cuestión de justicia ¿o no?
Ya lo saben, donde caben dos, caben tres.
* Pedro Tourón es presidente de la Asociación Navarra de Familias Numerosas.