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El truco para evitar esas peleas entre hermanos pueden ser desesperantes para los padres

El truco para evitar esas peleas entre hermanos pueden ser desesperantes para los padresGetty Images / iStockphoto

El «truco infalible» para evitar las peleas entre hermanos (sin que los padres tengan que intervenir)

Esta sencilla norma doméstica permite a los niños gestionar de forma autónoma sus conflictos, entrenar la capacidad de compartir y evitar los abusos

Pocas cosas pueden desgastar tanto a los padres como tener que intervenir de forma constante para sofocar las peleas, los gritos y las discusiones que el roce diario genera entre los hermanos.

Y lo cierto es que, aunque puede generar momentos de gran agotamiento mental para los adultos, los conflictos en el hogar son una dinámica absolutamente normal y hasta necesaria para el correcto desarrollo de los niños (cuando se dan, lógicamente, dentro de unos márgenes razonables).

El motivo es que ese tipo de riñas dan ocasión a los hermanos a practicar, desde muy pequeños, virtudes como la tolerancia a la frustración, la búsqueda de soluciones, la resolución pacífica de los conflictos o las habilidades de negociación.

Cualidades todas ellas que, en un contexto creciente de hijos únicos que crecen sólo rodeado de adultos, es todo un tesoro y un aprendizaje vital de gran valor, de esos que en el argot profesional se llaman «soft-skills».

Un truco eficaz

Con todo, no es bueno que el mal ambiente o las discusiones habituales se instalen en el hogar, ni en el modo de relacionarse de los niños. Ni, mucho menos, que sean siempre los padres quienes tengan que intervenir para poner paz y solucionar una riña.

La buena noticia es que hay un truco muy eficaz, que ponen en práctica muchas familias -especialmente las familias numerosas- y que logra, si no acabar por completo con los conflictos, sí reducirlos muy significativamente.

Y lo mejor es que da la ocasión a los niños de ser ellos mismos quien gestionen la situación, sin derivar en un conflicto y sin esperar a que otros (los adultos) arreglen el problema por ellos.

La práctica en cuestión sirve para cualquier ocasión en que los niños tengan que repartirse o compartir algo: lo mismo vale para un lote de caramelos conseguidos en un cumpleaños, que para un trozo de bizcocho, el bocadillo de la merienda, los colores para hacer un dibujo, las fresas del postre o la tortilla de patatas de la cena. Y consiste en seguir un principio básico: «El que reparte, elige el último».

«El que reparte, elige el último»

Uno de los niños se ocupa de hacer la partición de aquello que quieran compartir. Por ejemplo, los trozos de un pastel, o los cromos que les han regalado los abuelos. Sin embargo, quien hace las porciones será el último en escoger su parte.

Eso garantizará que los propios niños busquen hacer el reparto más justo y riguroso posible, evitando abusos, egoísmos y las peleas subsiguientes.

Además, al ser los propios niños quienes buscan y ejecutan la solución, los padres pueden permanecer en un segundo plano y, en el mejor de los casos, intervenir sólo para vigilar el uso de cubiertos o cuchillos.

Un modo de evitar peleas entre los hermanos que, según aseguran quienes lo llevan a cabo, permitirá al que haga el reparto practicar la psicomotricidad fina y el cálculo de precisión, con la habilidad de un delineante.

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