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Qué es el 'Looksmaxxing', el peligroso «reto estético» que está atrapando a los chicos adolescentes

Esta tendencia viral entre los varones jóvenes lleva al extremo la obsesión por el aspecto físico y pone en peligro la salud física y la autoestima de los menores.

Chicos que hacen cada día ejercicios específicos para intentar tener una mandíbula más cuadrada y prominente, rutinas de gimnasio que no respetan los tiempos de descanso que los músculos necesitan, o batidos de proteínas que sustituyen al bocadillo de la merienda en adolescentes de sólo 13 o 14 años. Incluso menores que llegan a fracturarse la mandíbula o a pedir inyecciones de hormonas de crecimiento o bótox el contorno de los ojos.

Estos son algunos de los rituales propios del «Looksmaxxing», la última moda viral que proviene de Estados Unidos y que está causando estragos entre los varones adolescentes.

Como alerta la autora experta en familia Mary Jo Wyse en el portal especializado IMoM, el «looksmaxxing» no es una rutina de ejercicio que busque mejorar el estado de forma general, sino un ritual orientado al aspecto exterior, y que pone en riesgo la salud mental y física de los adolescentes.

«El looksmaxxing consiste en que un chico intenta ser lo más atractivo posible prestando especial atención a aspectos como su físico, sus ojos y su mandíbula. Su objetivo es mejorar su apariencia mediante elaboradas rutinas y prácticas de cuidado personal. Algunos incluso publican selfies en foros de looksmaxxing, buscando la opinión de desconocidos».

El problema es que, «a medida que los chicos crecen, reciben el mensaje, a veces implícito, de que lo más importante es parecer atléticos y guapos. Y que si no se cuidan, pueden quedar excluidos de los círculos sociales». Así, la preocupación por el autocuidado se convierte en un «afán por mejorar la apariencia y volverse atractivo».

Mensajes peligrosos «hipermasculinos»

Wyse advierte de que cualquiera que navegue por internet o se mueva por redes sociales puede encontrarse con influencers que promueven la «hipermasculinidad». Sin embargo, los menores «con baja autoestima y una imagen corporal negativa» son más susceptibles de caer en prácticas perjudiciales para la salud física y mental.

Wyse, que es experta en matrimonio y familia, explica que «es normal que un niño empiece a preocuparse más por su apariencia al llegar a la pubertad, generalmente entre los 9 y los 14 años. Peinarse, ducharse con regularidad y cuidar su alimentación son buenos hábitos. El problema surge cuando esta preocupación se vuelve obsesiva».

Puerta para trastornos de conducta

Por eso, alerta de que el looksmaxxing es la puerta de entrada que está llevando a jóvenes a trastornos de conducta como «trastornos alimentarios si cuenta calorías de forma obsesiva», igual que «si está obsesionado con el cuidado de la piel y siempre frente al espejo, podría desarrollar un problema de narcisismo».

«Queremos que nuestros hijos se centren en lo importante en la vida. Y cuando esto se convierte en una obsesión, es cuando debemos intervenir», apunta Wyse. Y añade una consecuencia que no conviene ignorar: la obsesión por la apariencia física suele ir acompañada de ansiedad y depresión.

Softmaxxing y hardmaxxing

Wyse distingue entre softmaxxing (una versión más «suave») y hardmaxxing (más intensa y peligrosa). En la primera, enumera hábitos que, en sí mismos, pueden ser saludables –ducharse, hidratarse, dormir mejor, hacer ejercicio, comer más proteína–, pero con la intención única de «verse más atractivo».

«Algunos chicos también se blanquean los dientes, eliminan el azúcar y la comida basura, mastican chicle para fortalecer la mandíbula y participan en una tendencia llamada mewing, que (falsamente) promete remodelar el contorno de la mandíbula», explica.

En la versión dura, el riesgo para la salud física se incrementa notablemente: menores que consumen suplementos innecesarios y sin supervisión, control obsesivo de las calorías que consumen, horas diarias de gimnasio a costa de otro tipo de planes, y peticiones a los padres de «hormonas de crecimiento, cirugía plástica o inyecciones de bótox».

Incluso menciona extremos como «fracturarse la mandíbula» creyendo que así quedará «más fuerte y definida».

Qué pueden hacer los padres

La propuesta de Wyse para los padres es directa: hablar directamente con los hijos, sin caer en la humillación. «¿Qué puedes hacer para ayudar a tu hijo? Habla sobre tus preocupaciones con frases como 'He notado que pasas mucho tiempo frente al espejo (o en el gimnasio). Pareces muy interesado en la comida sana y en ganar masa muscular. ¿Por qué lo disfrutas?».

Además, propone revisar juntos el historial de navegación para comprobar cuántos de influencers de «hipermasculinidad» sigue, o qué clase de consejos sobre autocuidado, apariencia, nutrición, deporte o higiene está recibiendo: « ¿Visita sitios que ofrecen consejos útiles y básicos de higiene? ¿O son sitios dañinos que fomentan dietas estrictas, el uso de esteroides u otro contenido extremo?», apunta.

Y como «puede que a tu hijo le resulte incómodo hablar contigo sobre el cambio en su apariencia», da tres consejos: «tómatelo con calma, porque no tienes que contarle todas tus preocupaciones de golpe; escúchalo y valida sus sentimientos –»Lo entiendo. Sé que es difícil. A veces la gente es cruel...«–; y busca maneras de resaltar sus puntos fuertes de forma sincera, animándole a participar en actividades fuera de internet con otras personas».

Y concluye: «Conectar con tu hijo adolescente y apoyarlo mientras ambos os centráis en formas saludables de que crezca es lo que más le ayudará a superar esta etapa».

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