La felicidad y unidad de los padres repercute en los hijos
Un estudio con 3.000 familias demuestra que la felicidad del matrimonio mejora el desarrollo de los hijos
El análisis, publicado en la revista científica Family Relations, identifica cómo la unión conyugal repercute en los niños en áreas como la atención, la agresividad o el comportamiento social.
Que crecer en un hogar con discusiones y crispación perjudica la estabilidad de los niños es algo en lo que todos los expertos están de acuerdo. Pero, si se le da la vuelta a la ecuación, ¿qué ocurre? ¿Hasta qué punto el buen estado del matrimonio y la felicidad y unión entre los padres influye positivamente en la conducta de sus hijos?
Según un trabajo publicado en Family Relations –una publicación científica internacional que difunde contenido científico actual sobre familias, para profesionales que trabajan con ellas–, es posible poner cifras a esa intuición de que la felicidad es contagiosa y de que, a mayor grado de unidad, mejor desarrollo general experimentan los niños.
En concreto, los autores (un grupo de investigadores de la Universidad de Taiwan) examinaron el impacto de la felicidad matrimonial en los resultados conductuales infantiles, dentro de dos grandes contextos urbanos: las ciudades de Shanghái y Gran Taipéi.
La muestra, además, fue especialmente amplia para lo que se acostumbra en este tipo de estudios: 3.258 parejas de padres de niños de tercero de primaria.
A más felicidad conyugal, menos problemas
En el análisis, la felicidad matrimonial se relacionó «de forma crucial» con la conducta social y prosocial de los hijos: a padres más felices, mejor se relacionaban los niños con su entorno. Y, en paralelo, esa buena relación conyugal hacía que disminuyesen los indicadores de mal pronóstico, como aislamiento o retraimiento, problemas de atención y conducta agresiva.
Además, al ajustar por variables como sexo del menor, sexo del progenitor, nacionalidad de origen y estatus social subjetivo, la felicidad matrimonial continuaba siendo el predictor más significativo de esos resultados: tener padres felices era más determinante que cualquier otro factor para lograr un mayor desarrollo social y menos retraimiento, menos atención problemática y menos agresividad.
Las razones de esta relación son múltiples, aunque una destaca por encima del resto. Así, el trabajo identifica que, cuando la relación conyugal es más feliz y estable, los padres tienden a educar y criar a sus hijos con un estilo más asertivo (cálido, pero con límites) y se deslizan menos hacia unos estilos de crianza dura, autoritaria o permisiva.
En ambos contextos, la felicidad marital se asoció «positivamente» al estilo asertivo y «negativamente» al estilo duro.
Unir al matrimonio para ayudar al niño
En términos estadísticos, el mensaje final del estudio es que el matrimonio no es un compartimento estanco ajeno al desarrollo de los niños, sino que la unión de la pareja es la base de la felicidad de sus hijos.
De este modo, cuando el vínculo entre el padre y la madre se fortalece, se favorece de forma natural un estilo de crianza más equilibrado y sereno, del que se benefician tanto los hijos como su entorno.
Los propios autores concluyen que la felicidad matrimonial de los padres tiene una «importancia crucial» para un desarrollo infantil saludable, y alertan de que los programas de intervención en los menores (tanto en los colegios como en los centros especializados) deberían incluir una vía para tratar de mejorar la relación entre los progenitores.