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Las cesiones no voluntarias no son una muestra de amor, explica José María Contreras LuzónGetty Images/iStockphoto

Consultorio Familiar

«Mi hermana de 16 años tiene miedo de perder a su novio y acepta cosas de las que se arrepentirá: ¿Qué hago?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre los componentes del amor realmente libre

Mi hermana de 16 años me ha reconocido que tiene miedo a perder a su novio, y que por eso está haciendo cosas de las que sé que se va a arrepentir. Yo ya soy mayor de edad y a su edad me ha pasó lo mismo: me alejé de mis amigas, tuve relaciones, cedía en muchas cosas... pero al final lo dejamos. La historia es que ahora no sé qué decirle ni qué hacer, porque cuando se lo cuento, no se lo cree y me dice que a ella no tiene por qué ocurrirle lo mismo. Dígame algo, por favor.

Muchas gracias por tu mensaje, porque cada vez me llegan más casos parecidos de gente de vuestra edad.

El miedo a perder a la persona que queremos es algo que puede producir mucha ansiedad, tanto en chicos, como en chicas. De hecho, muchas chicas me han dicho, a lo largo de estos últimos años, cómo ese temor las desasosiega. Además, las diferencias con el hombre, por ejemplo a la hora de manifestar la afectividad, las desconciertan y les hacen sentirse inseguras. También pasa a la inversa.

Hay personas –chicos y chicas– a las que les preocupa no hacer lo que creen que se espera de ellas, y otras –chicos y chicas también– que se muestran muy incómodas, casi ofendidas, si sus parejas no tienen las manifestaciones de afecto que ellas consideran que deberían recibir si las quisieran de verdad.

Las razones son muchas y no puedo abordarlas todas. Pero esta combinación suele conducir al mismo escenario: uno exige más del otro, y el otro cede y hace cosas que no desea hacer o que no está seguro de querer hacerlas, creyendo que eso les unirá más.

Pero no es verdad.

Primero, porque la atracción y la entrega siguen cauces diferentes. En muchos hombres suele seguir un patrón: sentidos, cuerpo y corazón. En muchas mujeres, el patrón suele ser: sentidos, corazón y cuerpo. Sobre todo, durante la adolescencia o en la primera juventud. Esto no es siempre así al 100%, pero cuando ocurre, vemos personas rotas porque, o entregan el cuerpo sin entregar el corazón, o se dan por completo sin que el otro haga lo mismo.

En ambos casos no hay compromiso recíproco, y se produce una desigualdad: hay una relación entre una persona libre y otra con un grado de apego mayor porque ha entregado más: amigos, gustos, aficiones, intimidad. Y no es ningún secreto que la situación más corriente es que la mujer entrega más que el hombre, a cambio de que el hombre tenga un compromiso mayor con ella. Que es lo que le está pasando ahora a su hermana y lo que le ha pasado a usted misma.

A cualquier edad, pero sobre todo en la adolescencia y en la primera juventud (o en cualquier otro momento como este en el que la persona no es madura), esta situación viene por una precipitación a la hora de establecer la relación, por querer ir más deprisa de lo que indica el sentido común y la naturaleza humana, bien porque uno de los dos se siente inseguro, o porque los amigos y las amigas, o los compañeros, ya tienen relaciones o noviazgos y no se quiere ser diferente.

También puede ser (y esto es cada vez más frecuente) por una formación deficiente en el terreno de la afectividad.

Sea por una causa u otra, lo que aparece al final es una falta de autoestima. No valorarse en su justa medida. Tener un concepto equivocado de uno mismo, sentirse incapaz de gustar o, incluso, de ser querido.

Creerse que complaciendo en todo es más fácil retener al otro es un error. Cuando sólo hay enamoramiento de éste tipo, el amor no es verdadero. Puede parecer muy bonito, pero es muy débil. Es una relación con fecha de caducidad.

Creerse que complaciendo en todo es más fácil retener al otro es un error. Cuando sólo hay enamoramiento de éste tipo, el amor no es verdadero. Puede parecer muy bonito, pero es muy débil. Es una relación con fecha de caducidad. Que gusten esas cesiones no quiere decir que haya amor, ni mucho menos que se esté estableciendo un compromiso.

No hay amor de la persona, porque el amor implica conocimiento mutuo, sosegado, aceptar al otro tal cuál es, ayudarle a ser mejor, y ver al otro comportarse y actuar en diversas situaciones. En definitiva, conocerse y comprobar que puedo compartir mi vida afectiva, y todos los demás aspectos que lleva una convivencia, con él.

Las cesiones que se asientan sólo en el disfrute, y sobre todo el vínculo físico de las relaciones íntimas, obnubilan mucho, ciegan y es probable que impidan conocer a la persona a fondo, y la capacidad de esta para compartir su vida.

Dejar de ir con los amigos o con la familia, renunciar a gustos y aficiones, aceptar ciertos comportamientos que son chantajes emocionales son algunas de esas cesiones. Pero también hoy, cuando a los adolescentes se les habla con toda claridad de temas muy sórdidos, tenemos que poder decirles, sin temor al error, que la entrega de la sexualidad a esas edades impide conocerse, y deja huella.

Pero hay esperanza, porque muchos chicos y chicas están dispuestos a irse conociendo y no dejándose llevar de una manera precipitada, para hacer que sus relaciones sean más libres y, por tanto, para que cuando el compromiso aparezca, este sea más auténtico.

Lo que hay que hacer es quererse más y actualizar el deseo de querer de una manera continuada. No caer en la tibieza y la rutina. Algunas veces será costoso, pero es que la vida, y por tanto el amor, requieren esfuerzo.

José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com