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Gema Pérez Rojo

Qué es el «brain gain», el hallazgo de la neurociencia que está cambiando el guion del envejecimiento

La catedrática Gema Pérez Rojo, psicóloga sanitaria y especialista en envejecimiento explica los tres hallazgos internacionales que están transformando el modo en que comprendemos el trato a las personas mayores, tanto en la sociedad como en la familia

Residencia de mayores

La llamada «ganancia cerebral» es un factor cada vez más relevante en los cuidados a los mayoresistock

La visión tradicional del envejecimiento ha estado ligada, durante décadas, a una narrativa de declive inevitable. Se asumía que el paso del tiempo era un proceso unidireccional de pérdidas físicas y cognitivas ante el cual la psicología solo podía ofrecer estrategias de resignación o compensación paliativa. Sin embargo, la investigación psicogerontológica más reciente está provocando un cambio de paradigma disruptivo.

Hoy se sabe que el cerebro mayor posee una capacidad de adaptación, plasticidad y reserva funcional muy superior a lo que se creía. Tres recientes hallazgos internacionales desmitifican los estereotipos asociados a la edad y revelan cómo la mente humana puede seguir desarrollándose y protegiéndose en la última etapa de la vida.

Uno de los desafíos más urgentes en las sociedades contemporáneas es la soledad no deseada. Un estudio longitudinal europeo, que analizó los datos de más de 10.000 adultos mayores a lo largo de siete años, ha arrojado luz sobre cómo la soledad afecta a la agilidad mental.

Los investigadores descubrieron que las personas que se sienten solas muestran un rendimiento significativamente menor en las pruebas de memoria y velocidad de procesamiento en el momento inicial.

La soledad actúa como un factor que deprime o «apaga» el rendimiento intelectual de las personas mayores

Sin embargo, el dato verdaderamente revelador surgió al analizar la evolución temporal y observar que la tasa de declive cognitivo a largo plazo no se aceleraba en los sujetos que se sentían solos en comparación con quienes se sentían acompañados.

¿Qué significa esto en la práctica? Que la soledad actúa como un factor que deprime o «apaga» el rendimiento intelectual actual, similar a un músculo desentrenado o afectado por el desánimo, pero no acelera la degradación orgánica de las estructuras cerebrales. La implicación es profundamente esperanzadora ya que, si se interviene a tiempo y se reconecta a la persona con su entorno, el impacto negativo sobre su capacidad mental es potencialmente reversible.

Qué es el «brain gain»

Frente a la tradicional creencia de que el cerebro en la vejez es incapaz de generar nuevas capacidades, el concepto de «Brain Gain» (ganancia cerebral) está ganando terreno en la neurociencia conductual.

Un estudio publicado recientemente demostró que el rendimiento de las funciones ejecutivas, aquellas que permiten planificar, tomar decisiones complejas y adaptarse a los cambios, puede optimizarse de forma medible a cualquier edad.

A través de programas de entrenamiento breves pero diarios, enfocados en el razonamiento estratégico, el pensamiento innovador y el cultivo de la compasión, personas de hasta 94 años lograron incrementar su salud cerebral. El hallazgo más robusto del estudio determinó que aquellos participantes que presentaban las puntuaciones iniciales más bajas fueron quienes experimentaron las mejoras más drásticas.

Además, esta optimización cognitiva funcionó como un «escudo emocional» ya que, los sujetos entrenados mostraron una mayor resiliencia y una menor tasa de ansiedad al enfrentarse a estresores vitales de gran intensidad, como el diagnóstico de enfermedades o la sobrecarga derivada del cuidado de un familiar dependiente.

El impacto de los estereotipos edadistas

El tercer pilar de esta revolución psicológica reside en el autoconcepto. Los estereotipos edadistas que asocian la vejez exclusivamente con la fragilidad y la dependencia no solo son discriminatorios, sino que tienen un impacto biológico directo.

Una investigación fundamentada en el análisis de una década de datos epidemiológicos constató que casi la mitad de los adultos mayores analizados experimentaron mejoras clínicas sustanciales en su velocidad de marcha o en su rendimiento cognitivo tras sufrir un evento adverso de salud.

Al buscar el elemento diferenciador entre quienes se recuperaban y quienes cronificaban su deterioro, los científicos hallaron una variable psicológica clave: las creencias positivas hacia el propio proceso de envejecimiento.

Aquellos individuos libres de prejuicios internalizados, que percibían la vejez como una etapa de crecimiento y contribución, registraron una tasa de recuperación funcional muy superior. La mente, a través de las expectativas y la autoeficacia, modula la respuesta neurobiológica y motora, demostrando que la actitud ante el paso del tiempo es un predictor de salud tan potente como los factores puramente biomédicos.

Cómo reescribir el guion de la vejez

Estos avances científicos sugieren reformular las políticas asistenciales y las intervenciones psicológicas comunitarias. La salud mental en las personas mayores no debe definirse simplemente como la ausencia de enfermedad o demencia, sino como la presencia activa de fortalezas, sentido de agencia y conexiones significativas.

Erradicar el edadismo, fomentar el buen trato en todos los niveles de atención y diseñar entornos que promuevan la participación social no son demandas utópicas, sino prescripciones clínicas avaladas por la ciencia.

Reescribir el guion de la vejez es, en última instancia, reconocer que el potencial humano no se agota con los años, sino que se transforma para ofrecer su versión más resiliente.

  • Gema Pérez Rojo es catedrática de la Universidad CEU San Pablo, psicóloga sanitaria, colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y colaboradora del Instituto de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo
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