Mariolina Ceriotti Migliarese, en una edición del EncuentroMadrid, durante su entrevista con El Debate
La familia en una frase
Mariolina Ceriotti, neuropsiquiatra: «La mujer posee dos dimensiones complementarias: la erótica y la materna»
La italiana Mariolina Ceriotti propone reconciliar las dimensiones femeninas que la cultura contemporánea enfrenta: su realización personal, la vivencia de su feminidad con la pareja y la capacidad de acoger, cuidar y hacer germinar la vida
«La mujer es portadora de un gran poder: el de acoger y hacer germinar la vida». Así respondía Mariolina Ceriotti Migliarese en una entrevista concedida a El Debate al explicar qué distingue de manera más profunda a lo femenino. No hablaba de superioridad, ni de roles impuestos, ni de una nostalgia doméstica. Hablaba de una diferencia real.
La neuropsiquiatra italiana añadía que ese potencial de ser madre «es la especificidad de la mujer», del mismo modo que el varón tiene la suya en la posibilidad de convertirse en padre. Ninguno de los dos, recordaba, puede generar por su cuenta: «Se necesitan el uno al otro». Ahí aparece una de las claves de su pensamiento, tan contracultural como necesario: diferencia no significa desigualdad; significa reciprocidad.
En Erótica y materna. Un viaje al universo femenino, publicado en España por Rialp, Ceriotti Migliarese desarrolla su tesis más provocadora: la mujer posee dos dimensiones esenciales y complementarias, la erótica y la materna. La primera fortalece su identidad, su autonomía, su deseo y su relación de pareja; la segunda la orienta hacia la acogida, el cuidado y la entrega a los hijos.
Una mujer dividida por dentro
Ceriotti Migliarese vive en Milán, es médico, neuropsiquiatra infantil y psicoterapeuta de adultos y parejas. Está casada y es madre de seis hijos. Su experiencia clínica le ha permitido acompañar durante años a matrimonios, niños y familias atravesados por conflictos reales, no por abstracciones ideológicas.
En la entrevista, como en su obra más famosa, la autora explica que en la mujer conviven dos componentes: el «materno» y el «erótico». Y aunque ambos son esenciales, pueden entrar en conflicto.
El materno orienta hacia las relaciones, el cuidado de los vínculos, la generosidad y la mirada positiva sobre el otro. El erótico, en cambio, orienta hacia el respeto por sí misma, la autonomía, los propios deseos y los proyectos legítimos.
El problema aparece cuando una de esas dimensiones se impone sobre la otra. «El exceso de lo materno» puede derivar en «control, culpabilización y poco respeto por la libertad ajena». El exceso de lo erótico, advertía, puede desembocar en una «modalidad narcisista y egocéntrica, incapaz de atender las necesidades de los demás».
Ni sólo madre, ni sólo deseo
La cultura contemporánea ha tendido a separar lo que especialmente en la vida familiar necesita estar unido. Por un lado, presenta la maternidad como límite, carga o amenaza para la libertad. Por otro lado, empuja a muchas madres a vivir solo para los hijos, desplazando al marido y colocando a los niños en el centro absoluto de la vida afectiva.
Ceriotti no propone elegir entre esposa y madre. Porque, dice, la mujer no se realiza negando su dimensión materna, pero tampoco reduciéndose a ella. No es solo acogida, ni solo deseo; no es solo cuidado, ni solo autonomía. Su madurez consiste en admitir, conocer, amar, integrar y desarrollar ambas facetas de sí misma, con independencia de que tenga pareja o alumbre hijos.
La diferencia como riqueza
En otro momento de la entrevista, Ceriotti advertía que quizá vivimos en una «época de indiferenciación narcisista». O lo que es lo mismo, que lo masculino y lo femenino parecen haber perdido su verdadero potencial porque la lucha legítima contra la desigualdad ha terminado muchas veces negando el significado de la diferencia.
Una negación que es un misil en la línea de flotación de los matrimonios y, por tanto, de la familia, porque lejos de ayudar a salvar las diferencias, multiplica los malentendidos.
«La comunicación entre los sexos es hoy muy difícil a todos los niveles», señalaba la autora. Amar no basta si cada uno presupone que el otro siente, desea, teme y comprende exactamente del mismo modo.
Dos dimensiones reconciliadas
Por eso su propuesta resulta tan contracultural, verdadera... y necesaria de recordar. Porque una madre que cuida de su matrimonio no roba amor a sus hijos: les ofrece un hogar más estable. Y una esposa que acoge su maternidad no pierde identidad personal: la amplía y expande.
Y como en un efecto espejo, una sociedad que obliga a las mujeres a escoger, tanto por el modus vivendi como por las ideologías dominantes, entre deseo, amor, trabajo, matrimonio e hijos, quizá no está liberando realmente a la mujer, sino constriñéndola y dividiéndola por dentro.
La familia, como sostiene Ceriotti en otro de sus libros, La familia imperfecta, florece cuando los amores ocupan su lugar. Porque, en efecto, la mujer no necesita ser reducida a madre ni empujada a vivir como si la maternidad fuera enemiga de su plenitud. Necesita un ámbito en el que sus dimensiones erótica y materna puedan reconciliarse en una vida unificada, querida y fecunda.