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Estatuta de Plutarco en Delfos

Estatuta de Plutarco en Delfos

La familia en una frase

Plutarco, moralista: «La educación es la fuente y la raíz de toda bondad»

En los Moralia, el célebre autor griego del siglo I recuerda por qué la virtud adulta se siembra en la infancia y qué papel juegan los padres en ello.

¿Es posible que el auge de los libros sobre educación y de las familias que necesitan ayuda extraordinaria para criar a sus hijos tengan algo que ver con el olvido de los clásicos durante las últimas décadas? Desde luego, no parece una relación causa-efecto directa. Sin embargo, aproximarse a la sabiduría de autores hoy casi olvidados, pero que marcaron la formación de las generaciones precedentes, permite intuir que quizás tenga algo que ver...

Buen ejemplo de ello es el tratado De liberis educandis, incluido tradicionalmente entre los Moralia de Plutarco, donde el célebre filósofo, poeta y moralista griego del siglo I d.C., recuerda que una buena educación es «fuente y raíz» de toda bondad. La autoría exacta del texto ha sido discutida por los especialistas, pero su influencia histórica bajo el nombre de Plutarco ha sido también enorme.

Sobre todo, porque la cita expresa una convicción presente en toda la antigüedad, y que el siglo XX cuestionó al introducir fenómenos como el conductismo y la llamada «nueva pedagogía»: el carácter no aparece de improviso, ni la bondad surge de forma espontánea en los niños. Por eso, valores y virtudes como la honestidad, la templanza, la gratitud, la fortaleza y el dominio de sí necesitan ser guiadas por parte de los educadores, con unas raíces que se hunden en el suelo de la infancia.

Un clásico de la formación moral

Plutarco nació en Queronea, en la zona central de Grecia, hacia el año 46 d. C. Fue filósofo, sacerdote de Apolo en el célebre templo de Delfos, magistrado y autor de las Vidas paralelas y de los Moralia.

Estuvo casado con Timóxena, tuvo varios hijos y conoció también el dolor dentro del núcleo familiar, como atestigua la carta que escribió a su esposa para consolarla por la muerte de una de sus hijas pequeñas.

Aunque De liberis educandis pueda ser una obra pseudo-plutarquea, encaja con su preocupación (muy presente en el mundo antiguo) sobre cómo formar ciudadanos virtuosos desde el seno del hogar.

Así, el tratado insiste en la importancia de elegir bien a los maestros (una idea sobre la que insistirá también, quince siglos después, santa Teresa de Jesús), por qué es importante cuidar las costumbres domésticas, cómo evitar las malas compañías y prestar atención a los niños para no reducir la educación a una mera instrucción superficial.

La importancia del ejemplo

El texto atribuido a Plutarco pide también maestros irreprochables en sus costumbres. Porque no basta que enseñen muchos conceptos, sino que importa, sobre todo, quiénes son. Porque la educación moral se transmite, explica Plutarco, por contacto.

Además, el moralista apunta que la familia es esa primera tierra donde «la raíz» de la educación se alimenta, para que con los años, el niño dé buenos frutos.

Y añade un matiz que hoy, cuando se habla tanto de competencias, innovación y empleabilidad, resulta casi provocador: la adquisición de conocimientos puede ser útil, pero lo que marca la diferencia entre una buena y una mala persona está en la educación moral que recibe en su hogar.

Por eso, educar no es una tarea secundaria de la vida familiar, ni algo que pueda delegarse por completo en terceros (como el colegio), sino que es la misión más profunda y esencial de los padres: sembrar una bondad que pueda dar fruto incluso cuando ellos ya no estén.

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