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¿Cómo puede la IA ayudar a mejorar el ambiente familiar?

¿Cómo puede la IA ayudar a mejorar el ambiente familiar?Getty Images / iStockphoto

La improbable rebelión de la Roomba: por qué la IA quizá nos destruya, pero también mejore la vida en familia

La experta en Inteligencia Artificial Ana Lazcano explica cómo puede un hogar emplear la IA para mejorar las rutinas domésticas, y qué riesgos hay que evitar al usarla.

La reciente petición de los principales mandamases de la Inteligencia Artificial para generar una moratoria que frene su desarrollo ante el riesgo de que provoque «la extinción de la humanidad» ha generado una enorme controversia y alarmismo mundial.

Pero, en realidad, no se trata de una advertencia nueva, ni en su contenido ni en sus portavoces: ya en 2023, más de 700 investigadores, empresarios y figuras públicas firmaron la declaración del Center for AI Safety, en la que pedían tratar el «riesgo de extinción» provocado por la IA como una «prioridad global» comparable a las pandemias o a una guerra nuclear.

Entre aquellos firmantes estaban Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic. Los mismos que ahora han levantado la voz ante el desarrollo de esta tecnología revolucionaria... Y que, ya es casualidad, coincide, en ambos casos (idénticas empresas e idénticas personas), con momentos en los que, tanto en 2023 como en 2026, Open AI y Anthropic se preparaban para hacer históricas ampliaciones de capital y necesitaban reducir la competencia (de ahí la petición de controles cada vez más rigurosos) para sus grandes empresas.

La rebelión de las Roombas

Y claro, con ese telón de fondo, es comprensible que muchas familias miren a la Inteligencia Artificial con una mezcla de curiosidad y desconfianza, y recelan de si su altavoz inteligente o su aspiradora Roomba pueden revelarse algún día contra ellos. No ayudan tampoco noticias como las del reciente combate entre un influencer y una especie de Terminator que terminó por apalizarlo.

Sin embargo, entre los escenarios apocalípticos al más puro estilo Soy leyenda o Wall-E, y la fascinación tecnológica de El hombre bicentenario hay un terreno bastante más cotidiano... y probable.

Uno en el que la IA no decide el destino apocalíptico de la humanidad, ni siega nuestras cabezas al asomarnos a la ventana con una persiana domótica, sino que ayuda a decidir si esta noche toca tortilla o pescado. Uno en el que un algoritmo no sustituye distópicamente a los padres, sino que programa las tutorías; y en el que tampoco impone de forma orwelliana cómo educar a los hijos, sino que optimiza en la agenda las extraescolares, los viajes y las listas de la compra.

Reducir la carga mental y repeticiones

Ana Lazcano, directora del Instituto Universitario de Inteligencia Artificial de la Universidad Francisco de Vitoria, sitúa precisamente ahí la utilidad de esta tecnología tan disruptiva.

Porque la IA, explica, «puede asumir una parte importante de las tareas de organización, búsqueda, automatización o gestión de algunas tareas que consumen mucho tiempo y atención» para «aliviar la carga mental, entendiendo que no se trata de hacer muchas cosas, si no tener que recordar constantemente todas las que hay que hacer».

De hecho, la experiencia de muchos hogares que ya han empezado a incorporar esta tecnología a su día a día prueba que, «bien utilizada, la IA ya puede hacer que una familia dedique menos energía a organizarse y más a estar presente en aquello que realmente importa».

Doblegada a la voluntad humana (y no al revés), la IA puede «ayudarnos a recuperar tiempo y atención», o sea, justo lo que más importa en un hogar y de lo que suelen andar más escasos los padres.

De este modo, doblegada a la voluntad humana (y no al revés), la IA puede «ayudarnos a recuperar tiempo y atención», o sea, justo lo que más importa en un hogar y de lo que suelen andar más escasos los padres.

Ahora bien, Lazcano alerta también del riesgo de «delegar nuestra vida en una IA». Sobre todo, porque el uso de estos dispositivos puede volver a secuestrar nuestra atención y, sobre todo, porque ante la facilidad y precisión de sus respuestas «corremos el riesgo de dejar que decida por nosotros».

Tareas que sí podemos delegar

Pero entonces, ¿qué tareas cotidianas puede facilitar actualmente una herramienta de IA, tanto en la organización familiar como en la gestión del trabajo para posibilitar la conciliación?

Según Lazcano, «hay muchísimas; y una de las más sencillas es precisamente convertir información dispersa en algo organizado: preparar una lista de la compra a partir de un menú semanal, organizar un viaje familiar teniendo en cuenta edades y horarios, proponer un calendario de actividades, resumir información o preparar una lista de tareas pendientes».

Además, los padres pueden también apoyarse en este tipo de herramientas dentro del ambiente laboral, para optimizar su tiempo y tener más capacidad de dedicarse a los suyos: «Una IA puede ayudar mucho en las tareas del día a día en el trabajo. Puede resumir reuniones, ordenar ideas, preparar un primer borrador de un correo, convertir unas notas desordenadas en un documento o ayudarnos a preparar una presentación e incluso ayudarnos a priorizar la semana».

Y «si cada día nos ahorra veinte minutos en pequeñas tareas, al final estamos hablando de muchas horas al año».

Un «segundo cerebro» en casa

El problema es que, todavía hoy, el conocimiento entre los hogares españoles de este tipo de tecnología es muy escaso, y a penas pasa de hacer alguna pregunta a Chat GPT como si fuese un buscador online más. Por eso, Lazcano explica cuáles son los usos más prácticos que recomendaría a una familia que quiera empezar a utilizar estas herramientas sin necesidad de tener conocimientos técnicos.

«Empezaría –indica– por tareas de bajo riesgo y claramente definidas. Por ejemplo, pedirle que convierta una lista de tareas familiares en un calendario, que proponga un menú semanal a partir de determinados ingredientes, o que nos ayude a planificar un viaje».

Y, más allá de eso, también propone utilizarla «como una especie de 'segundo cerebro' para preparar cosas: 'Tengo que organizar el menú de cenas semanal a partir de los menús escolares, ¿Podrías organizarme toda la semana y organizar la lista de ingredientes necesarios para hacer la compra?'. Así, la IA puede ayudarnos a generar opciones que después nosotros valoramos».

Y para quien le dé cierto reparo relacionarse con un asistente virtual, Lazcano aconseja empezar siempre con algo muy sencillo: «Hablarle como lo hacemos habitualmente con otras personas y dar el máximo contexto posible. No hace falta aprender programación ni saber nada de IA. Lo importante es aprender a explicar bien qué necesitamos y revisar después lo que nos propone».

Riesgo de excesiva dependencia

Eso sí, la experta también alerta del riesgo de generar una excesiva dependencia de la tecnología para la toma de decisiones o la organización de la vida cotidiana. Porque, del mismo modo que los adolescentes reconocen ya que el uso excesivo de la IA los hace más perezosos o dependientes, también los adultos pueden empezar a deslizarse por esa espiral.

«Esta posible dependencia existe y es uno de los riesgos que menos estamos discutiendo. Porque una cosa es utilizar la IA para reducir una tarea y otra muy diferente es acostumbrarnos a que piense por nosotros», señala.

Lazcano recuerda que «hay decisiones que podemos delegar sin problema, pero otras decisiones que tienen que seguir siendo humanas» porque si bien una IA puede, por ejemplo, «ayudarnos a comparar opciones para unas vacaciones», la decisión de cómo queremos pasar nuestro tiempo en familia «no debería tomarla un algoritmo».

Y da más ejemplos: «Una IA puede ayudarnos a preparar una conversación difícil, pero no debería sustituir la conversación ni delegar en la IA el guion. Porque si nos acostumbramos a que alguien o algo nos diga cada día cómo vestir, al final nos costará mucho hacerlo por nosotros mismos, y lo mismo ocurre cuando delegamos constantemente en la IA».

El criterio, explica la experta, es en realidad muy sencillo: «La IA puede ampliar nuestra capacidad de decidir, pero no debería apropiarse de nuestra capacidad de decisión».

El criterio, explica la experta, es en realidad muy sencillo: «La IA puede ampliar nuestra capacidad de decidir, pero no debería apropiarse de nuestra capacidad de decisión».

Lo que NO deberíamos hacer con una IA en nuestra casa

Aquellos padres que quieran aprovecharse de esta tecnología ahora que (aún) no hay peligro de ser esclavizados por la Alexa de turno, deben, no obstante, tomar ciertas precauciones. Sobre todo, a la hora de compartir compartir cierta información personal con herramientas de inteligencia artificial.

Y la primera prevención es aplicar la inteligencia natural y el sentido común, para «no introducir información que no sea necesaria». Algo «especialmente importante cuando hablamos de niños o información confidencial», apunta la directora del Instituto Universitario de Inteligencia Artificial de la UFV.

Por ejemplo, «no deberíamos compartir alegremente nombres completos, direcciones, fotografías, información médica, datos escolares, contraseñas o cualquier otro dato especialmente sensible; y hay que tener presente que una IA puede equivocarse y que una conversación aparentemente privada no convierte automáticamente la información en fiable o apropiada para compartir».

Y concluye recordando un aspecto que es siempre importante en el uso de la IA, pero de forma especial cuando la introducimos en la familia: la importancia de poner siempre por encima el factor humano. Porque «no todo necesita inteligencia artificial. Y si una tarea se resuelve mejor con una persona, con una conversación o simplemente con cinco minutos de sentido común, no necesitamos poner una IA en medio», remarca Ana Lazcano.

Tres usos sencillos y seguros de la IA para una familia

Ana Lazcano, del Instituto Universitario de Inteligencia Artificial de la UFV, recomienda tres usos básicos de la Inteligencia Artificial para aquellas familias que quieran empezar a utilizarla.
  • «El primero sería la planificación: menús, listas de compra, viajes, cumpleaños, actividades familiares o reparto de tareas. Son tareas que consumen bastante carga mental y en las que podemos revisar fácilmente el resultado», explica.
  • El segundo sería «la preparación de información: resumir un documento, organizar unas notas, preparar preguntas para una o convertir información compleja en una explicación reunión más sencilla».
  • Y el tercero, «la generación de ideas: desde actividades para hacer con los niños un día de lluvia, hasta propuestas para aprovechar un fin de semana".
«En los tres casos, la IA hace el trabajo pesado de organizar, sintetizar o generar alternativas, pero la decisión sigue siendo nuestra. Al final, esa debería ser la filosofía con la que introduzcamos la IA en nuestras familias: no utilizarla para tener que pensar menos, sino para liberar espacio mental para pensar en lo que de verdad importa», concluye.
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