La hidratación mejora la concentración y el rendimiento escolar, según varios estudios
La generación que lleva botellas de agua en la mochila: por qué hidratarse mejora el rendimiento escolar
Beber agua durante la jornada escolar ya no se considera una distracción: mantener una buena hidratación puede favorecer la atención, la memoria y la concentración de niños y adolescentes
Impensable era hace unos años que un profesor permitiese a un alumno beber agua en mitad de una clase. En el mejor de los casos, sólo consentía una visita al baño para hidratarse cuando hacía demasiado calor o algún niño refería una ligera indisposición. Pero esa «ley seca» en las aulas ha pasado a la historia.
Cada vez son más las familias que, con la merienda para el recreo de media mañana, incluyen en la mochila escolar una botella de agua rellenable para que sus hijos puedan ir bebiendo a lo largo de la jornada.
Al otro lado del pupitre, son también cada vez más los profesores y los centros escolares que no sólo permiten, sino que incluso recomiendan a los niños ir hidratándose durante el día. Y no es una simple moda «saludable»: los estudios que respaldan la vinculación entre hidratación y rendimiento escolar son cada vez más incontestables.
Agua para pensar mejor
De primero de Ciencias Naturales es saber que el agua es el principal componente del cuerpo humano. Pero en los niños de entre uno y doce años, representa alrededor del 60 % del peso corporal. De hecho, desde hace años, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) hacen campañas escolares específicas para recordar que mantenerse hidratado puede mejorar la función cognitiva de niños y adolescentes, una capacidad directamente relacionada con procesos como la atención, la concentración o la memoria, esenciales para aprender.
Deshidratados en el colegio
La relación con el aprendizaje no es únicamente teórica. Un estudio británico publicado en el Proceedings of the Nutrition Society, de la Universidad de Cambridge, analizó el estado de hidratación de niños de Primaria a lo largo de la jornada escolar.
Los resultados mostraron que la prevalencia de deshidratación pasó del 17 % al comienzo de las clases, al 40% al terminar el día.
Además, conforme avanzaban las horas, el cansancio, el aburrimiento, el hambre y la sed, aumentaban de forma directamente proporcional a la deshidratación, mientras disminuían la sensación de concentración y el bienestar.
Los investigadores encontraron también una asociación entre un peor estado de hidratación y un rendimiento más bajo en tareas de memoria de trabajo y memoria a largo plazo. Y concluyeron lo evidente: la reducción de la hidratación durante el día escolar puede tener implicaciones sobre el rendimiento académico.
Lo llamativo del estudio es que los niños analizados sí tenían acceso al agua, pero el problema era que la mayor parte del líquido lo consumían durante el desayuno y la comida. Y por eso, hoy en España, aquella botella que hace unos años habría terminado requisada sobre la mesa del profesor se ha convertido en un elemento cada vez más habitual de la mochila escolar. Y quizá tenga bastante más que ver con aprender bien de lo que parecía.