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El psicólogo sanitario Andrés Montero

El psicólogo sanitario Andrés Montero

Duelo gestacional

Andrés Montero, psicólogo: «La pérdida de un bebé puede afectar profundamente a la relación de pareja»

Una de las experiencias más dolorosas por las que pueda pasar un matrimonio es perder a un bebé antes incluso de que nazca. Sin embargo, el llamado duelo gestacional o perinatal suele encontrarse con una gran incomprensión social, tanto por parte de los protocolos médicos que tratan el cuerpo del hijo como «restos biológicos», como por parte de una cultura que invisibiliza estas pérdidas o les resta importancia.

No ayudan, tampoco, los consejos bienintencionados pero erróneos que tantas veces tienen que escuchar unos padres en pleno duelo: verás como vienen más, todo pasa por algo, no le des más vueltas...

Como explica Andrés Montero Conde, psicólogo sanitario, especialista en Psicología de la Salud y Terapia de Pareja y Familia, y director de Ethos Psicólogos,

–¿Qué es el duelo perinatal o gestacional?

–El duelo gestacional o perinatal es el proceso psicológico y emocional que atraviesan los padres cuando pierden a su bebé durante el embarazo, en el parto o poco después de nacer.

Aunque solemos utilizar ambos términos indistintamente, técnicamente el duelo gestacional se refiere a las pérdidas durante el embarazo, mientras que el perinatal incluye las que se producen alrededor del nacimiento y en los primeros días de vida.

–¿Y por qué este duelo puede ser tan intenso incluso cuando la pérdida ocurre en las primeras semanas del embarazo?

–Porque el vínculo emocional con un hijo, especialmente en las mujeres, comienza mucho antes de su nacimiento. Desde el momento en que una persona sabe que está esperando un bebé, puede empezar a imaginar cómo será, qué nombre tendrá o cómo cambiará su vida.

Por eso, cuando se produce una pérdida, aunque sea en las primeras semanas, no solo desaparece un embarazo, sino también un proyecto de vida lleno de ilusiones y expectativas.

Es un duelo especialmente doloroso porque no solo se pierde a un hijo, sino también todo el futuro que se había imaginado con él. Los padres no lloran únicamente su ausencia, sino también las experiencias que nunca llegarán a compartir: verle crecer, escuchar sus primeras palabras o acompañarle en sus primeros pasos.

–La cuestión es que, en ocasiones, las pérdidas tempranas no siempre se acompañan con empatía por el entorno. ¿Qué consecuencias psicológicas puede tener sentir que ese dolor no es comprendido por las personas de alrededor?

–Una de las experiencias más dolorosas para los padres es la sensación de que los demás no comprenden la magnitud de su pérdida. Comentarios como «todavía era muy pronto», «al menos no llegaste a conocerlo» o «ya tendrás otro» pueden provocar que se sientan incomprendidos e incluso culpables por estar sufriendo tanto.

En psicología hablamos de «duelo desautorizado», que aparece cuando la sociedad no reconoce o no legitima el dolor de una persona. Esto puede llevar a los padres a ocultar sus emociones, evitar hablar de su bebé o incluso sentirse culpables por seguir sufriendo.

Y el problema es que, cuando sentimos que no podemos expresar nuestro dolor, podemos perder oportunidades importantes de recibir apoyo emocional, y esto puede aumentar el aislamiento, la ansiedad, la tristeza y, en algunas personas, contribuir a que el duelo se complique.

–¿Afecta a la gestión del duelo el hecho de que social e incluso clínicamente se trate al hijo perdido como «restos biológicos», o que tras un legrado no se pueda enterrar, sobre todo en las primeras etapas del embarazo?

–Es importante distinguir entre el lenguaje médico, que puede ser necesario para describir determinados procedimientos, y el acompañamiento psicológico.

Lo que clínicamente se denomina «tejido gestacional» o «restos biológicos», emocionalmente puede representar para esos padres a un hijo al que ya querían, al que habían puesto nombre o con el que habían imaginado toda una vida.

Y no poder despedirse de su bebé de la manera que hubieran deseado puede aumentar los sentimientos de impotencia, tristeza e incomprensión.

Los rituales de despedida, como un entierro o una incineración cuando sea posible, una ceremonia íntima o conservar algún recuerdo, pueden ayudar a reconocer la pérdida y darle un lugar en la historia familiar.

No poder despedirse de su bebé de la manera que hubieran deseado puede aumentar los sentimientos de impotencia, tristeza e incomprensión.

No todas las personas necesitan estos rituales, pero deberían poder conocer las opciones disponibles y decidir sin presiones. Lo más importante es ofrecer una comunicación respetuosa, permitir que los padres participen en las decisiones y reconocer el valor que pueden tener los rituales de recuerdo dentro de la atención al duelo perinatal.

Desde el punto de vista legal, el Tribunal Constitucional reconoció en 2016 la importancia de respetar la intimidad familiar en relación con una solicitud de incineración de restos fetales.

–¿Cómo afecta esta pérdida a la pareja? ¿Es habitual que cada miembro viva el duelo de una manera diferente?

–Es bastante habitual que uno de los miembros de la pareja necesite hablar continuamente de lo ocurrido, recordar al bebé o expresar su tristeza, mientras que el otro prefiera guardar silencio, centrarse en el trabajo o recuperar cuanto antes la rutina.

La pérdida de un bebé puede afectar profundamente a la relación de pareja porque ambos están viviendo la misma pérdida, pero no necesariamente sienten el mismo dolor ni lo expresan de la misma manera.

Aquí las diferencias físicas entre hombres y mujeres adquieren especial relevancia.

–¿En qué sentido?

–La mujer puede experimentar una dimensión física de la pérdida que su pareja no vive directamente, como los cambios hormonales, el sangrado, el dolor o las consecuencias de un legrado. Esto puede hacer que sus experiencias sean diferentes, aunque no significa necesariamente que uno sufra más que el otro.

Lo importante es comprender que no existe una única manera de vivir el duelo y que las diferencias en su expresión no implican una falta de sufrimiento o de implicación emocional.

–Algunos padres tratan de «pasar página» rápidamente, casi como si nada hubiese pasado, para intentar ayudar a la madre a superar la pérdida. ¿Cómo deberían acompañar sus parejas a las mujeres que acaban de perder a su bebé?

–Los estudios han encontrado diferencias en la manera en que hombres y mujeres pueden expresar el duelo, aunque muchas de estas características pueden aparecer en ambos.

En los primeros momentos pueden surgir conmoción, incredulidad y una sensación de embotamiento emocional. Posteriormente pueden aparecer sentimientos de culpa, envidia hacia otras familias que tienen hijos o están esperando un bebé y tendencia al aislamiento.

En las mujeres, el dolor suele expresarse de una manera más abierta y visible: pueden necesitar hablar de lo ocurrido, compartir su tristeza y recordar al bebé. Además, su sufrimiento suele recibir una mayor atención, especialmente en el contexto sanitario.

En los hombres, en cambio, es relativamente frecuente que exista una mayor tendencia a contener o reprimir las emociones. Su sufrimiento puede permanecer menos visible y sus propias necesidades emocionales pueden quedar relegadas, de manera voluntaria o involuntaria. Esta contención puede dificultar que la pareja reconozca que el padre también está sufriendo.

Por eso, es importante comprender que intentar pasar página rápidamente no significa que la pérdida esté superada. Ambos miembros de la pareja necesitan poder expresar lo que sienten y reconocer que pueden estar atravesando el mismo duelo de maneras diferentes.

– ¿Qué deberíamos decir y, sobre todo, qué frases deberíamos evitar cuando alguien cercano pierde un bebé?

–El error más frecuente es intentar aliviar el sufrimiento minimizando la pérdida o buscando rápidamente algo positivo en lo ocurrido. Deberíamos evitar expresiones como «eres joven, ya tendrás otro», «mejor ahora que más adelante», «por lo menos no llegaste a conocerlo», «todo pasa por algo» o «tienes que ser fuerte».

También conviene evitar preguntas como «¿cuándo vais a volver a intentarlo?», porque pueden generar una presión innecesaria cuando los padres todavía están intentando asimilar lo sucedido.

–¿Y qué podemos hacer entonces?

–A veces, las palabras más sencillas son las que más ayudan: «Siento mucho vuestra pérdida», «no sé qué decirte, pero estoy aquí», «si necesitas hablar de tu bebé, quiero escucharte» o «no tienes que estar bien delante de mí».

Tampoco debemos evitar mencionar al bebé por miedo a hacerles recordar lo ocurrido. Si los padres desean hablar de él, utilizar su nombre o recordar su existencia puede ser una forma de reconocer que ese hijo tuvo un lugar importante en sus vidas.

No necesitamos encontrar las palabras perfectas. A veces, el mejor consuelo es que puedan llorar delante de nosotros sin sentirse incómodos, juzgados o presionados para recuperarse.

–Y aunque la tristeza es perfectamente natural en estos casos, ¿cómo podemos saber cuándo el duelo necesita de un acompañamiento psicológico profesional?

–La respuesta corta sería que, salvo que seamos Superman o Superwoman, todos podemos necesitar acompañamiento psicológico ante una pérdida de estas características.

La respuesta más amplia es que debemos prestar atención a cómo está afectando ese sufrimiento a la vida cotidiana de la persona y a los recursos de los que dispone para afrontarlo.

Hay señales que nos indican que sería especialmente importante buscar ayuda profesional. Por ejemplo, cuando la persona deja de realizar sus actividades habituales o experimenta una culpa persistente, acompañada de pensamientos como «fue por mi culpa», «si hubiera hecho algo diferente, mi bebé seguiría vivo» o «no merezco volver a ser madre».

No hay que esperar a llegar al límite para pedir ayuda. El objetivo de la terapia no es conseguir que los padres olviden a su bebé, sino ayudarles a integrar esa pérdida.

También debemos prestar atención a la aparición de ataques de ansiedad, recuerdos intrusivos del aborto o del legrado, pesadillas, miedo intenso a quedarse embarazada de nuevo o un deterioro importante de la relación de pareja.

No hay que esperar a llegar al límite para pedir ayuda. El objetivo de la terapia no es conseguir que los padres olviden a su bebé, sino ayudarles a integrar esa pérdida en su historia personal y familiar sin que el sufrimiento termine impidiéndoles continuar con su vida.

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