El Rey Carlos III, en el show floral de Sandringham, en Norfolk
Carlos III, un adicto al trabajo que se salta el almuerzo y toma whisky escocés
A punto de cumplirse el primer año de su reinado, ha materializado una transición prudente y tranquila sin romper con el impecable legado de su madre
El 20 de noviembre de 1995, Reino Unido enmudecía para escuchar los lamentos de una mujer que nunca se adaptó a su papel dentro de la Corona británica. De aquella famosa entrevista a Lady Di, en el programa Panorama de la BBC, no solo se recuerda aquello de que en su matrimonio eran tres, sino también su escepticismo sobre las cualidades de su marido como futuro Rey. Un trabajo demasiado «demandante y extenuante para él» fueron sus palabras textuales. La Princesa de Gales se equivocó.
Un año después de haber asumido las riendas de la Monarquía, se respira satisfacción y optimismo en la corte de Carlos III, y puede estar orgulloso de su labor. Tras su coronación el 6 de mayo, una encuesta de Ipsos reveló que el 63 por ciento de los británicos pensaba que estaba haciendo un buen trabajo, seis puntos porcentuales más que en abril.
Los Reyes han mantenido en la medida de lo posible sus rutinas domésticas, con su vivienda en Clarence House para diario y el fin de semana, Carlos III parte hacia su casa de campo de Highgrove, mientras que Camila se instala en Ray Mill, su residencia de Wiltshire, donde pasea a sus perros, cocina para los amigos y se rodea de sus hijos y nietos para olvidarse de su papel de Reina.
Carlos III, en Balmoral, este verano
El periódico The Times publicaba la pasada semana un reportaje en el que se señalaban algunas claves del primer año de Carlos III.
Un «adicto al trabajo». Trabaja durante todo el día y se salta el almuerzo. Por la tarde acompaña el té con un trozo de pastel y después retoma su apretada agenda de compromisos. Después de la cena, regresa a su escritorio. Le gusta tomarse un buen whisky escocés antes de dormir. Se adaptó bien a las largas horas de trabajo, pero incluso él se sorprendió por la gran carga de trabajo que recae en el Rey. Una fuente cercana declaró: «Creo que las cajas rojas y los deberes [extra] han llegado como una carga inesperada en su tiempo».
El apoyo de la Reina Camila. Con una simple mirada o gesto sabe transmitirle tranquilidad o confianza, en momentos de especial tensión, como ya el famoso tintero que entorpecía en su mesa. Sabe hacerle reír y humanizarlo, para reafirmarle que las cosas van bien. «Tener la pareja en quien tienes plena fe y confianza cerca hace que esa presión del Rey sea un poco más liviana».
Carlos III y su mujer, Camila
Transición tranquila. Aunque se preparó durante 70 largos años para ser Rey, algunos pronosticaban que podría imprimir su huella pronto e introducir cambios muy visibles, pero ha sido cauteloso. «Va a ser lo mismo pero diferente». Si hubiera reinado más joven, habría sido bastante reformador, pero asumió las riendas en un momento conflictivo para la nación, con divisiones políticas y dificultades económicas.
Los problemas del pueblo. La relación entre la monarquía y los grandes problemas de nuestro tiempo es esencial. En su primera transmisión navideña, reconoció la «gran ansiedad» de la gente por la crisis del costo de vida. En enero, insistió en que un impulso multimillonario de seis parques eólicos marinos propiedad de Crown Estate debería redirigirse para el «bien de un público más amplio».
También se preocupó de conocer a refugiados de Siria, Ucrania y Afganistán que se habían asentado en Aberdeen. Al mes siguiente, organizó una recepción con motivo del 50 aniversario del reasentamiento de los asiáticos ugandeses en el Reino Unido.
Las ovejas negras de la familia. La figura más incómoda es la del Príncipe Andrés, despojado de sus funciones oficiales y del uso de su SAR. Los intentos de sacarlo del palaciego Royal Lodge para que se mudase a Frogmore Cottage, la antigua casa de los Sussex, parecen haber quedado en balde. Una fuente asegura que «Andrew es más un problema a largo plazo que Harry y Meghan. Parece que van a salir más cosas sobre Epstein y todavía hay bombas sin explotar allí».