José Mota, en una imagen de archivo
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El exclusivo barrio de Madrid en el que José Mota tiene una mansión de 1.000 metros cuadrados
El cómico cumple 60 años con su carrera profesional afianzada y un buen patrimonio inmobiliario
La noche de los viernes en Televisión Española tenían nombre propio. José Mota y Juan Muñoz amenizaron a los españoles con su mítico dúo de Cruz y raya durante cuatro años. Previamente, ya lo había logrado con otros programas de la cadena pública como Este no es el programa de los viernes, Estados de vuelta, Vaya tele, Abierto por vacaciones o Pero, ¿esto qué es?, su gran debut. De aquello han pasado ya varias décadas en las que los cómicos se separaron, se enfadaron, se reconciliaron, pero no volvieron a trabajar juntos.
José Mota cogió la delantera y se desmarcó de su compañero con programas propios que le han convertido en uno de los humoristas más queridos del país –si no el que más–. En la actualidad, triunfa con José Mota No News, que emite los viernes a las 21:50 en prime time, y no parece tener en mente la jubilación, pese a que el 30 de junio cambia de década y alcanza los 60. Mantiene un equilibro entre su éxito profesional y su vida personal. En parte, también porque su mujer desde hace dos décadas es Patricia Rivas, azafata de Un, dos, tres... responda otra vez, a la que conoció en los platós de televisión y con la que colabora desde entonces.
El matrimonio ha pasado varios baches a lo largo de su relación. De hecho, en 2010, cinco años después de casarse, anunciaron su separación. Según explica el entorno de Rivas, el humorista estaba tan centrado en su vida profesional que desatendió a su mujer y a su hija, Daniela, que había nacido tres años antes, en 2007.
Terminaron reconciliándose con el tiempo y volvieron a ser la pareja unida que fueron. «No se puede ser mejor mujer, mejor madre y mejor compañera de viaje», reconoció en La Revuelta. A ellos se unieron después, dos hijos más, José y Valeria, que los convirtieron en familia numerosa.
Consciente de su repercusión pública, Mota ha elegido para vivir una de las zonas residenciales más discretas de la capital: el barrio de Mirasierra. Fue fundado en torno a los años cincuenta del pasado siglo como Colonia Mirasierra, con el objetivo de construir un espacio para familias que combinase la presencia de la naturaleza y la cercanía con el centro de Madrid.
El paso de los años ha convertido la zona en una de las más exclusivas de la ciudad junto a El Viso, La Moraleja o La Finca. Perteneciente al distrito de Fuencarral-El Pardo destaca por sus viviendas unifamiliares y chalets con grandes parcelas y zonas verdes. Así precisamente es el lujoso inmueble en el que la familia Mota Rivas habita. El humorista hizo construir en un terreno que le costó 14 millones de pesetas una mansión de casi 1.000 metros cuadrados (936 exactamente) distribuidos en tres plantas, dos porches y garaje, además de un inmenso jardín.
Jose Mota, junto a su mujer Patricia Rivas
La casa como suele ser habitual está a nombre de una sociedad, Ja Ja Ja Espectáculos S.L., de la que José Mota es único accionista y, aunque ahora es su oasis de paz, en su día, fue el centro de sus quebraderos de cabeza. Cuando la familia se mudó se dio cuenta de ciertos problemas que había habido con la construcción por el aislamiento de la casa y los cerramientos de las ventanas.
El presentador , que también posee el castillo de Pedraza junto a Santiago Segura, demandó a la compañía Cospusa S.A. por las malas condiciones y ganó años después. «Me siento súper feliz porque se ha hecho justicia, pero aunque parezca mucho dinero es probable que tenga que poner de mis ahorros. Mi familia y yo hemos vivido un auténtico calvario», explicó en una entrevista. Tuvieron que indemnizarle con 200.000 euros, una cifra, en cambio, que no reparó las secuelas emocionales por los que pasó la familia.
«Aunque lo quiera separar es algo que he llevado por dentro todo este tiempo. No dormía muchas noches, mis hijos han tenido neumonías... lo hemos pasado horrible, no se lo deseo a nadie», explicó. «No sé cómo puede haber gente que haga esto y se dedique a vivir la vida como si no hubiera pasado nada. Aun así me doy por feliz y contento con la sentencia. Me siento por fin lleno, poder decir que se ha hecho justicia es un descanso en el alma».