Paloma Lago, en el espacio de Estrella Galicia, en La Coruña
La sobreexposición de Paloma Lago en redes tras su denuncia contra el exconselleiro Villares
La presentadora gallega ha retomado su actividad en Instagram recibiendo al buque Elcano o en la playa
Paloma Lago no deja de estar en el foco mediático. Aunque no siempre lo parezca, su figura se ha convertido en un caso paradigmático de cómo las redes sociales pueden convivir —y chocar— con un proceso judicial de enorme gravedad. Desde que presentó una denuncia por presunta agresión sexual contra el exconselleiro gallego Alfonso Villares, su actividad pública ha transitado entre el silencio institucional y una intensa exposición digital, en la que cada imagen —por casual o devocional que parezca— cobra un nuevo sentido.
La denuncia fue presentada a finales de diciembre de 2024. Lago y Villares habían cenado juntos y acudido después al domicilio de la presentadora en Covas (Ferrol), donde se habría producido la presunta agresión. Ella declaró haberse despertado «mareada y desorientada», lo que podría apuntar a una posible sumisión química. Cuatro días después, el 31 de diciembre, presentó la denuncia en la comisaría de Ferrol ante la Unidad de Atención a la Familia y Mujer. La causa fue admitida a trámite por el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. En junio de 2025, Villares dimitió como conselleiro para poder defenderse sin aforamiento, lo que derivó el caso al Juzgado de Instrucción número 2 de Ferrol. Por ahora, ha declarado en comisaría defendiendo su inocencia, pero no ante el juzgado.
Paloma Lago, en la recepción de Elcano
Paloma Lago ha retomado su actividad en redes. Primero compartió una historia desde la playa de Esmelle, cerca de su residencia en Covas, con la música «Surfers Paradise» de fondo. Luego publicó un paseo en bicicleta por la costa gallega y compartió imágenes del buque escuela Juan Sebastián Elcano atracado en el puerto. Entre los comentarios: «Qué alegría verte», «Se te ha echado de menos». Ella respondía con un escueto «Feliz verano».
Después llegaron las publicaciones religiosas: el cartel de un acto en el Monasterio del Couto, en honor a la Virgen de Éfeso, y una imagen simbólica con un florero, una flor naranja y una figura mariana. A eso se sumó un vídeo publicado recientemente en su perfil con el recuerdo de un evento en Málaga, donde aparece vestida de rojo como presentadora. «15 de mayo... Recuerdos de Málaga», escribió. Todo ello, sin aludir en ningún momento al proceso judicial ni emitir comunicado alguno. Silencio total.
Paloma Lago en la playa
Ese contraste entre la gravedad del caso y el tono sereno —incluso espiritual— de sus publicaciones no ha pasado desapercibido. Para algunos, es un intento legítimo de reconstruir su rutina, una forma de sanar o recuperar el control sobre su vida. Para otros, en cambio, resulta difícil de entender: lo ven como una desconexión desconcertante, incluso incómoda, frente a la seriedad de la causa judicial. ¿Estamos ante una forma de blindarse emocionalmente? ¿Una estrategia calculada para proteger su imagen pública? ¿O simplemente una forma de seguir adelante, sin mirar atrás, pero sin hablar? Sea como sea, su silencio habla tanto como sus publicaciones.