Fundado en 1910
Andrés Iniesta

Andrés Iniesta, en Fuentealbilla (Albacete)Redes sociales

El pequeño pueblo que Iniesta ha puesto en el mapa del fútbol y el enoturismo

De apenas 1.800 habitantes, esta localidad manchega se ha convertido en destino de peregrinación para aficionados de todo el mundo

En España hay pueblos con castillos, otros con playas y algunos con vinos. Y luego está Fuentealbilla, en Albacete, que tiene algo único: ser la cuna de Andrés Iniesta, el héroe que en 2010 dio a España su primer y único Mundial con aquel golazo en el minuto 116 frente a Holanda. Desde entonces, este municipio de apenas 1.800 habitantes dejó de ser una tranquila localidad manchega para transformarse en un lugar de peregrinación futbolera.

Iniesta nació aquí en 1984, en una familia humilde. Su padre era albañil y su madre ama de casa. Con su primer contrato profesional, Andrés cumplió dos sueños: retiró a su padre de la obra y le compró una casa a su madre. La sencillez de esa historia explica mucho de lo que el propio jugador resumió en una frase: «Mire, somos lo que somos, sin más». A los 12 años se marchó a La Masía, la cantera del Barça. Aquella primera noche en Barcelona fue «terrorífica», confesó, pero de ahí salió el jugador que acabaría escribiendo la página más gloriosa de la selección española.

Visitar Fuentealbilla, a apenas 46 kilómetros de la ciudad de Albacete capital (unos 40 minutos en coche), es como abrir un álbum de recuerdos en tamaño real. Todo en el pueblo gira en torno a su vecino más ilustre. En la calle Andrés Iniesta nº1 se alza su casa familiar, imponente y futbolera: en la fachada de piedra, la palabra «INIESTA» grabada en mayúsculas, los escudos del Barça y de la selección y los dorsales que lo acompañaron en su carrera. Balones y botas adornan la entrada, como si de un museo particular se tratase.

Enfrente, una estatua de bronce lo inmortaliza para siempre, junto a un monumento a la Copa del Mundo. El selfie aquí es casi obligatorio. Y, como en cualquier pueblo manchego, alrededor no faltan abuelos charlando, niños peloteando y camisetas del Barça al sol, recordando que este rincón sigue siendo auténtico.

El bar de su abuelo, Don Andrés Luján, fue durante años otro punto clave: allí se reunían camisetas, periódicos y recuerdos de toda una vida. Aunque hoy el local ya está cerrado, su recuerdo permanece como parte de la ruta sentimental de Iniesta en el pueblo.

Andrés Iniesta y Anna Ortiz

Andrés Iniesta y Anna Ortiz

Para los más sibaritas, la parada imprescindible es la Bodega Iniesta, fundada por la familia en 2010 pero con raíces que se remontan a los años 90, cuando su padre, José Antonio, empezó a plantar viñedos. Hoy cuentan con casi 300 hectáreas y producen vinos blancos, tintos, rosados y espumosos bajo la Denominación de Origen Manchuela.

Las visitas incluyen recorrido por los viñedos, cata de vinos acompañada de queso manchego y acceso al salón privado de Andrés Iniesta. El precio es sorprendentemente accesible: 12 euros para adultos y 6 para menores. Además, existe la opción de alojarse en casas rurales rodeadas de viñas, un plan perfecto para quienes buscan maridar fútbol, vino y descanso.

Aunque el magnetismo del jugador es la gran atracción, Fuentealbilla ofrece también un rico patrimonio. La iglesia de Santiago, del siglo XVIII, es un bello ejemplo barroco. Las salinas de origen romano, la Fuente Grande y las antiguas canteras completan la oferta cultural. Y para los más activos, hay rutas de senderismo y bicicleta que recorren la comarca entre viñedos y ramblas.

Fuentalbilla

Fuentalbilla

Cuando Andrés marcó su histórico gol en Sudáfrica, su pueblo estalló: pantalla gigante en la plaza, abrazos, lágrimas y una fiesta que todavía recuerdan. Desde entonces, cada visitante que llega no solo busca al jugador, sino también ese espíritu manchego que lo moldeó: tranquilo, humilde y orgulloso de sus raíces. Porque, como escribió el propio Iniesta en sus redes: «Todo empieza en Fuentealbilla. Nacer en un pueblo pequeño no es un límite para alcanzar tus metas». Y para el viajero, recorrer este lugar es mucho más que un homenaje: es descubrir que la España profunda también puede ser un destino de primera división.

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