El cantante Pablo López y su pareja, Laura Rubio, disfrutan del Mutua Madrid Open
El precioso pueblo que ha elegido Pablo López para celebrar su boda
Entre Málaga y Sevilla, escondido en un valle que huele a olivos y pan recién hecho, se encuentra Alcalá del Valle
No han escogido un gran hotel ni un palacio urbano, sino un rincón blanco y discreto que refleja su manera de entender el amor: lejos de los focos, cerca de lo esencial. La suya es una historia digna de película. Se conocieron en el plató de La Voz, donde Pablo López, desde el sillón de coach, quedó fascinado por la naturalidad de Laura Rubio, una joven malagueña que había ido a probar suerte en el concurso. Lo que empezó como complicidad musical se fue transformando en una relación sólida, tejida entre ensayos, viajes y confidencias compartidas. Con el tiempo, se convirtieron en inseparables, aunque siempre llevaron su vida privada con discreción.
Ese mismo sentido de intimidad marcó su primera boda, el pasado mes de julio, en la Basílica de Jesús de Medinaceli de Madrid. Fue una ceremonia íntima y conmovedora, con apenas los familiares más cercanos: la madre del cantante, Lola; su hermano Luis; y algunos amigos de ambos. Un «sí, quiero» susurrado al oído de quienes forman parte de su círculo más íntimo. Pero la pareja, fiel a su estilo, quiso después regalarse otra celebración distinta: una fiesta más distendida, rodeada de amigos y compañeros, donde la música y la alegría compartida fueran protagonistas.
El próximo 20 de septiembre, volverán a casarse cuando la tarde caiga sobre Alcalá del Valle, un pueblo cercano a Ronda, que pertenece a la provincia de Cádiz. Esta vez no habrá jurados ni concursos: solo un pueblo gaditano convertido en escenario, la música como telón de fondo y una promesa que quiere durar tanto como las piedras de los dólmenes cercanos.
La iglesia Santa María del Valle
El pueblo, además, esconde una riqueza simbólica. A las afueras se encuentran los Dólmenes de los Tomillos, un conjunto megalítico con más de 4.000 años de antigüedad. Piedras que han resistido al tiempo y que hoy parecen testigos perfectos para un amor que también busca perdurar. Un detalle poético, aunque los novios nunca hayan revelado si fue deliberado.
La celebración seguirá la línea de la discreción que tanto les caracteriza: los invitados serán trasladados en autobuses hasta la finca elegida y, al llegar, deberán dejar sus teléfonos móviles. Ni stories ni selfies indiscretos. Todo lo que ocurra quedará grabado solo en la memoria de quienes lo vivan. Entre los asistentes se esperan amigos del cantante, compañeros de profesión y rostros conocidos, pero siempre bajo un mismo lema: compartir sin exhibirse.
Convento Caños Santos
La zona, además, ofrece escenarios de ensueño para una boda. Desde la Finca Algaba, en plena Serranía de Ronda y rodeada de monte mediterráneo, hasta Molino Lucero, con su salón para banquetes y su aire andaluz, o Hacienda Moreno, dedicada a la cría de caballos y con espacios concebidos para grandes celebraciones. Rincones donde la tradición rural se mezcla con el encanto rústico, perfectos para una fiesta íntima y memorable.
El propio Ayuntamiento se ha hecho eco en redes sociales, anunciando con orgullo que «la ceremonia tendrá lugar en un enclave emblemático de nuestra localidad». Todo apunta al Convento de Caños Santos, un lugar de gran belleza natural, rodeado de arboledas, que añade aún más magia a la elección de los novios.
Laura ha sabido acompañar a Pablo en los momentos más luminosos y en los más exigentes de su carrera. Y él, que ha hecho de la emoción su materia prima como artista, reconoce en ella su refugio. Tal vez por eso esta segunda boda no es solo una fiesta: es un gesto de reafirmación, un recordatorio de que su historia no se mide en titulares, sino en gestos cotidianos.