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Joan, Jordi y Josep Roca

Joan, Jordi y Josep RocaEFE

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La pesadilla que viven los famosos hermanos Roca en sus restaurantes

Mas Marroch y Normal, dos emblemas de su imperio gastronómico, se han visto afectados por el fuego

La pesadilla de los hermanos Roca no da tregua. Cuando todavía no habían terminado de digerir el incendio que arrasó Mas Marroch a comienzos de noviembre, otro fuego volvió a golpearles de lleno hace apenas unos días. Esta vez las llamas surgieron en Normal, el restaurante que abrieron en 2021 en pleno Barri Vell de Girona, una propuesta más relajada que enseguida se convirtió en uno de los locales favoritos de la ciudad. Sin embargo, ese espacio que había nacido para celebrar la «normalidad» después de la pandemia terminó envuelto en humo pasada la medianoche del viernes al sábado.

El aviso llegó a los Bomberos de la Generalitat pocos minutos después de las doce. El propietario del bar vecino vio las llamas y llamó a emergencias sin pensárselo. En los pisos superiores había gente durmiendo y, por precaución, todos fueron desalojados. Afortunadamente, nadie resultó herido. La cocina quedó bastante dañada, el almacén también, un tubo de agua reventó y parte del local sufrió desperfectos, aunque el comedor se salvó.

Minutos después aparecía Josep Roca, acompañado de su esposa, Encarna Tirado, responsable de los eventos de Mas Marroch, y parte del equipo: su hijo Martí, cocinero en El Celler; Eli Nolla, directora de Normal; y Gemma Barceló, directora general del grupo. Todos juntos, en plena madrugada, intentando asumir lo que estaban viendo: otra vez fuego, otra vez humo, otra vez el mismo nudo en el estómago. «No hemos pasado el duelo del primer incendio y ya tenemos otro. Sientes impotencia, tristeza, perplejidad», contaba Josep en una charla con El País.

Mientras tanto, las imágenes de lo ocurrido en Mas Marroch siguen muy presentes. La impresionante cúpula de piedra seca y madera creada por el arquitecto Oriol Roselló quedó completamente calcinada. Aquella noche, Josep compartió en redes una fotografía que heló a todo el mundo: el esqueleto ardiente de un lugar que para ellos era puro símbolo.

Ahora, pese a todo, ya están centrados en levantar Normal de nuevo, algo que podría ocurrir en cuestión de días. Mas Marroch, en cambio, tardará meses. La zona sigue precintada y no pueden acceder, aunque las ideas ya empiezan a tomar forma. «Queremos reconstruir el ágora con el mismo arquitecto y con un artista italiano. Y aprovechar las maderas quemadas para crear algo nuevo», adelanta Josep, intentando ver luz donde ahora solo quedan cenizas.

El golpe es aún más duro cuando se recuerda lo que representaba Normal. Un local pequeño, en la Plaça de l’Oli, donde había platos muy queridos: la col a la brasa con bearnesa, puré de colinabo, coles de Bruselas y anguila ahumada por 17 euros; el pichón en escabeche con verduras de otoño por 29 euros; o el famoso postre cromatismo naranja, con mandarina, boniato, tapioca especiada y helado de yema de huevo por 12 euros. Un lugar sencillo y cálido, que ahora queda en pausa.

Y para entender por qué duele tanto, basta recordar quiénes son los Roca. Joan, Josep y Jordi levantaron El Celler de Can Roca desde el bar humilde de sus padres hasta convertirlo en uno de los templos gastronómicos más importantes del mundo. Uno cocina, otro dirige la sala y la bodega, y el menor revoluciona la repostería. Son talento, trabajo y corazón en versión familiar.

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