Real Monasterio de Santa María de Guadalupe
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Así es el pueblo donde Felipe González tiene una fabulosa finca
El Toisón de Oro concedido por Felipe VI ha devuelto al expresidente al centro de la conversación pública
En los últimos días, el nombre de Felipe González ha vuelto a la actualidad tras recibir el Toisón de Oro, una de las distinciones más antiguas que existen y que solo se concede a figuras cuya trayectoria ha marcado de forma decisiva la historia del país.
El exmandatario, que presidió el Gobierno español entre 1982 y 1996, fue reconocido por su papel en la modernización económica, institucional y social de una España que entonces despertaba a la democracia. Y mientras su figura reaparecía en los titulares, muchos recordaron aquel rincón de Extremadura donde, en 2012 y recién casado con Mar García Vaquero, decidió adquirir una finca amplia y silenciosa en plena sierra de Guadalupe.
Llegar hasta esta parte de Cáceres es una experiencia que se disfruta sin prisas. Desde Madrid se tarda aproximadamente unas dos horas hasta Navalmoral de la Mata por la A5, y después quedan unos 65 kilómetros adicionales, casi una hora más, por la carretera EX118, así que el viaje total ronda las tres horas.
Ese tramo final es el que marca la diferencia: un camino estrecho, lleno de curvas suaves que atraviesan bosques de encinas y castaños, riachuelos que se esconden entre las rocas y laderas que parecen una alfombra verde interminable. Todo forma parte del Geoparque Mundial de la UNESCO Villuercas Ibores Jara, un territorio sorprendente donde sobrevuelan buitres leonados, águilas reales o cigüeñas negras.
Antes de llegar a la villa, es casi obligado detenerse en la Ermita del Humilladero, ese pequeño templo mudéjar del siglo XV que servía de punto de reunión para los peregrinos que venían desde Madrid, Segovia o Toledo. Desde su mirador se obtiene la primera vista del valle y del Real Monasterio de Santa María, una imagen tan imponente que hace entender por qué tantos viajeros describen este paisaje como un lugar capaz de detener el pensamiento.
Ermita del Humilladero, en plena sierra de Guadalupe
Entrar en la localidad es como retroceder varios siglos. Las calles adoquinadas, las fachadas blancas decoradas con flores y los soportales de madera crean una atmósfera que parece diseñada para caminar sin prisa. En el centro se alza el monasterio, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993, un conjunto monumental donde conviven el gótico, el mudéjar y el renacimiento, y que conserva más de doscientos incunables, obras de El Greco, Zurbarán y Goya y un claustro mudéjar considerado uno de los más hermosos del país.
Hay, además, un detalle histórico que sorprende a muchos: tras su viaje de regreso de América, Cristóbal Colón acudió aquí para agradecer el éxito de la expedición, trajo a varios indígenas que fueron bautizados y ofreció a la Virgen la bandera que llevó en su travesía, convirtiendo la zona en un punto clave del encuentro entre dos mundos.
Felipe González
Y si el monasterio es la joya monumental, la comarca enamora también por lo que ofrece fuera del casco urbano: vinos con carácter en Cañamero, influenciados por los suelos pizarrosos; la morcilla de berza, uno de los bocados más emblemáticos de la zona; pequeños pueblos como Alía o Berzocana con vistas que parecen postales; y caminos rurales que se internan entre montes y arroyos, perfectos para senderismo suave.
Un detalle que no todos conocen es que vivir en este entorno no es caro. La vida diaria en esta parte de Cáceres es bastante asequible: comer, alojarse, comprar productos locales o simplemente pasar unos días resulta más económico que en la mayoría de destinos turísticos. Este equilibrio entre belleza natural, historia, tranquilidad y precios razonables es parte del encanto del lugar.