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Felipe González, en una imagen de archivo

Felipe González, en una imagen de archivoGTRES

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El 'hobby' más desconocido de Felipe González

A sus 83 años, lleva una vida alejada de la política y centrada en su gran afición

Lejos han quedado los días de debate parlamentario, viajes oficiales y decisiones de Estado. Felipe González, presidente del Gobierno entre 1982 y 1996, ha sabido reinventarse con una elegancia propia de alguien como él. Hace ya casi tres décadas que dejó el escenario político, y más de diez años desde que decidió retirarse completamente de cualquier actividad partidista o institucional.

Desde entonces, ha mantenido un perfil bajo, apareciendo esporádicamente en entrevistas donde más que hablar de actualidad, prefiere abordar cuestiones filosóficas, ecológicas o históricas. Ha optado por una vida tranquila donde ha florecido una pasión que pocos esperaban: la botánica. En su finca extremeña –El Penitencial en plena Sierra de Guadalupe–, rodeado de encinas centenarias y alcornoques, González ha cultivado no solo una gran variedad de plantas, sino también una sorprendente nueva faceta como investigador y divulgador.

La semilla de esta afición fue plantada, según él mismo ha contado, durante un viaje a Colombia en los años 90, cuando un botánico local le explicó cómo las plantas podían «dialogar» con su entorno sin palabras. En poco tiempo, pasó de ser un curioso aficionado a un conocedor riguroso. Su invernadero, construido en una zona apartada de su finca, alberga hoy más de 300 especies de plantas, incluyendo variedades poco conocidas de la flora mediterránea y especies tropicales que ha estudiado en viajes a América Latina, el sudeste asiático y África. Es, en definitiva, un centro experimental de biodiversidad vegetal. Ha instalado incluso estaciones meteorológicas, sensores de humedad del suelo y trabaja con técnicas de cultivo regenerativo.

En varias entrevistas y actos públicos, González ha hecho referencias ocasionales a su jardín, que en más de una ocasión ha comparado con la labor de gobierno: «Hay que saber cuándo intervenir y cuándo dejar que las cosas sigan su curso natural», dijo en tono reflexivo durante una conferencia en la Fundación Felipe González.

Además, bien es conocida su afición por los bonsáis, que cultivó durante años como una forma de desconexión y meditación, y lo llevó a reunir una destacada colección de estos árboles en miniatura, trabajados con paciencia, técnica y sensibilidad. «El jardín es el único lugar donde no me hace falta hablar», explicó en su día en El País Semanal.

Felipe González bonsai

Felipe González donó 200 ejemplares de bonsáis al Real Jardín Botánico de Madrid

Durante años, González dedicó tiempo a aprender las técnicas tradicionales japonesas, adaptándolas al clima y las especies autóctonas de la península ibérica. Esta colección personal, fruto de años de dedicación, llegó a contar con más doscientos ejemplares, algunos de ellos con más de medio siglo de vida.

En un gesto que refleja tanto su generosidad como su compromiso con la divulgación del conocimiento y la conservación del patrimonio natural, Felipe González donó esta valiosa colección al Real Jardín Botánico de Madrid. Esta donación permitió que sus bonsáis pasaran de ser una pasión privada a un legado público, accesible a los ciudadanos y visitantes interesados en esta forma de arte vivo.

La colección, expuesta en el Jardín Botánico, se ha convertido en una de las más singulares de España. No solo destaca por la calidad y diversidad de los ejemplares, sino también por la historia personal que los acompaña: árboles que fueron moldeados a lo largo de años de reflexión, cortes y cuidados, como un reflejo silencioso de la evolución personal de su cuidador.

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