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Xisca Perello

Mery Perelló, directora general de la Fundación Rafa NadalGTRES

El día a día de Mery Perelló en Manacor tras su segunda maternidad

Tras el adiós a las pistas Rafa Nadal, viven en Mallorca entre paseos junto al mar, rutina tranquila y viajes puntuales

No suele hablar de su vida privada, rechaza el photocall y solo aparece en público cuando el motivo tiene que ver con el deporte o algún proyecto social. Si uno revisa las imágenes oficiales, siempre está un paso por detrás, escuchando, tomando notas o saludando con discreción. Esa es la manera de ser de Mery Perelló, directora general de la Fundación Rafa Nadal y uno de los perfiles más discretos que rodean al extenista. Mientras Rafa ha construido una carrera legendaria sobre la pista, ella ha levantado, lejos del foco, todo el trabajo social que lleva el nombre del deportista.

Su forma de estar se nota enseguida: sencilla, reservada y con una trayectoria que empezó mucho antes de que la prensa la etiquetara como «la mujer de Nadal». Estudió Administración y Dirección de Empresas, y más tarde se especializó en gestión de ONG en ESADE. Entró en la Fundación en 2012 para coordinar proyectos de integración social en España e India. Desde hace seis años es la directora general. Su agenda lo dice todo: reuniones con equipos educativos, acuerdos con entidades, seguimiento de programas y visitas a los centros de la fundación. Es la parte menos visible, pero sin ella la estructura no funciona.

Mery  Perello, este viernes en Mallorca

Mery Perello, este viernes en MallorcaGTRES

El último año ha sido un cambio total para la familia. La retirada de Nadal del circuito y el nacimiento de su segundo hijo, Miquel, en agosto de 2025, han llevado a los dos a asentarse del todo en Mallorca. Viven en Manacor, donde pasan el día con su primogénito, Rafa Jr., que ha cumplido dos años. La maternidad ha movido las prioridades, pero no la ha alejado de su trabajo. Tras los primeros meses centrada en la nueva rutina familiar, volvió a los compromisos de la fundación. A finales de octubre, solo tres meses después de dar a luz, viajó a Hong Kong para asistir a la gala solidaria Children Ball 2025 junto a Rafa, su suegra Ana María Parera y su cuñada Maribel Nadal. También estuvo, en mayo, en el acto de homenaje a su marido por toda su carrera deportiva, un momento especial en la vida del tenista.

En los últimos años la hemos visto más en público, aunque siempre por trabajo. De hecho, hace solo unas horas presidió en Palma el décimo aniversario del proyecto Educación y Deporte y la inauguración del primer centro de la Fundación Rafa Nadal en la ciudad. Su papel sigue siendo el mismo: representar a la organización, contar qué se ha hecho y qué impacto tienen los proyectos educativos y deportivos que gestionan. También ha tenido cierta presencia tras la concesión del título de marqueses de Llevant de Mallorca a la pareja, un reconocimiento simbólico otorgado por el rey Felipe VI que destaca la trayectoria de Nadal y que incluye a su esposa.

Fuera de esos actos, mantiene un perfil muy cerrado. No participa en campañas comerciales, no hace entrevistas sobre su vida y cuando habla de algo, suele ser del deporte como herramienta para enseñar valores, ayudar a los niños a socializar o reforzar la educación. De su tiempo libre se sabe poco. Hace años corrió el Medio Maratón de Valencia, donde cruzó la meta, pero no suele compartir nada más sobre sus rutinas.

Cerca de Porto Cristo

La vida en Mallorca encaja con esa manera de ser. La familia vive en una casa en el entorno de Manacor, cerca de Porto Cristo, en una zona alta con vistas al mar. No es casual. Allí pueden tener su espacio sin ruido alrededor, con el Mediterráneo delante y caminos tranquilos para salir a caminar. A ella le gusta salir a dar paseos por la playa de la zona cuando puede, desconectar en la naturaleza y tener cerca el mar. Vivir allí tiene ventajas claras: están cerca de la familia, del club donde Nadal entrena, del colegio y de la fundación, y al mismo tiempo disfrutan de un entorno en el que el día a día es sencillo, sin cámaras alrededor. Para una familia que ha pasado años viajando cada semana, esa calma pesa más que cualquier otra cosa.

Su día a día ahora es otra cosa: mañanas de niños pequeños en casa, la gestión de una fundación internacional y el equilibrio entre vida familiar y trabajo. Mallorca le permite eso: tranquilidad fuera y actividad cuando toca.

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