La Princesa de Gales, en una imagen tomada esta Navidad
El malestar de los nuevos vecinos de los Príncipes de Gales: «Podrían haber enviado un vino para disculparse»
El despliegue de un cordón de seguridad de 10 kilómetros en torno a Forest Lodge en el Gran Parque de Windsor trastoca el día a día de los residentes
Durante siglos, el Gran Parque de Windsor sirvió como terreno de caza privado de la realeza británica, en el condado de Berkshire, a poco más de una hora en coche de Londres. Con casi 2.000 hectáreas, hoy en día es un espacio abierto al público con zonas privadas donde se levanta Forest Lodge, la mansión georgiana a la que se han mudado recientemente los Príncipes de Gales y sus tres hijos. Los vecinos recibieron con júbilo la noticia de que el Heredero al trono se instalaría allí con su familia, pero parece que ya no están tan satisfechos.
Como es evidente, la presencia de miembros de la realeza británica en la zona conlleva un despliegue de medidas de seguridad que está trastocando el día a día de los que ya residían allí. Se ha instalado un cordón de 10 kilómetros alrededor de su casa con una valla repleta de cámaras de videovigilancia y señales de «no entrar» que se ha bautizado como «anillo de acero». Los vecinos comentan que les han tendido «una emboscada» para que acepten estas medidas.
Hasta ahora quienes vivían a 1,6 kilómetros del parque podían pagar una tarifa de 60 libras para acceder a partes del terreno cerrados al público, pero tras la llegada de los Príncipes de Gales la norma ha quedado en suspenso. El perímetro de seguridad ha obligado al cierre permanente de una carretera local que atraviesa el parque y los residentes ahora tienen que desviarse kilómetros para seguir con sus actividades diarias. Los jinetes que suelen montar a caballo en la zona también se han visto afectados por las restricciones impuestas, pero no se han quejado formalmente porque dependen de Crown Estate, que posee y administra el parque para obtener pases de acceso.
Forest Lodge, en Windsor Great Park, Berkshire
Los residentes de Windsor Great Park han declarado que se sienten «absolutamente destrozados» por el efecto que el dispositivo de seguridad ha causado en sus vidas. «Dicen que se pueden usar otras puertas, pero no se puede porque no hay dónde aparcar», dijo un paseador de perros. «Llevamos 20 años viviendo aquí, es un sitio precioso». Aceptan que necesitan disfrutar de cierta privacidad pero califican las medidas de «excesivas». «Habría sido decente que enviaran una botella de vino o algo para disculparse», añadió con sorna otro vecino.
Jack Rankin, diputado conservador por Windsor, argumentó que las medidas de seguridad eran proporcionadas y necesarias, especialmente dadas las edades de los hijos de la pareja; el Príncipe Jorge, de 12 años, la Princesa Carlota, de 10, y el Príncipe Luis, de 6. «Por supuesto, nuestra singular conexión real conlleva algunas interrupciones y medidas de seguridad adicionales. Pero lo entendemos y también comprendemos por qué el Príncipe, en particular, desea privacidad para su joven familia».