El Rey Carlos III y Aga Khan V
La apasionante vida del Aga Khan que ha sido recibido por Carlos III en palacio
Con la elegancia de las grandes citas diplomáticas, Carlos III ha abierto las puertas de Windsor a Rahim Al-Hussaini para un encuentro que, más allá del protocolo, subraya una relación histórica entre dos linajes
En el exclusivo círculo de hombres capaces de sentarse con reyes, manejar fortunas multimillonarias y ejercer, al mismo tiempo, una autoridad espiritual sin gobernar ningún país, Rahim Al-Hussaini Aga Khan V ocupa un lugar singular. Su nombre ha vuelto a los titulares tras su reciente encuentro con Carlos III, pero lo cierto es que su historia lleva décadas estrechamente ligada a las grandes monarquías europeas y muy especialmente a España.
Mucho antes de asumir el cargo que hoy lo sitúa en el centro del tablero internacional, su vida personal ya despertaba una enorme curiosidad mediática. En 2013 protagonizó uno de los romances más comentados de la alta sociedad al casarse con la supermodelo estadounidense Kendra Spears, a quien conoció gracias a Naomi Campbell. Ella abandonó las pasarelas, se convirtió al islam y adoptó el nombre de princesa Salwa Aga Khan. La boda, celebrada en un castillo suizo, fue de auténtico cuento. De aquella unión nacieron dos hijos, los Príncipes Irfan y Sinan, llamados algún día a continuar la saga. Sin embargo, nueve años después, el matrimonio se rompió en silencio, sin comunicados ni explicaciones públicas. En 2025, ella regresó a las pasarelas, cerrando así ese capítulo de su vida.
Aga Khan V en el entierro de su padre en Lisboa
Pero si el amor lo situó en el foco mediático, el destino terminó de hacerlo inevitable. Tras la muerte de su padre, Karim al-Hussaini Aga Khan IV, el testamento despejó cualquier duda: sería su primogénito varón quien tomaría el relevo. Así, sin sorpresas y tras una transición tan discreta como cuidadosamente preparada, Rahim se convirtió en Aga Khan V y 50º imán de los ismaelitas nizaríes. Llevaba años trabajando codo con codo con su padre en los negocios familiares y en la fundación, conociendo al detalle un legado que hoy le pertenece por completo.
Gran fortuna
Con el título heredó también una fortuna difícil de imaginar, estimada en más de 13.000 millones de dólares. Hoteles de lujo, aerolíneas, telecomunicaciones, yates, aviones privados, caballos purasangre que compiten en los grandes circuitos hípicos y un exclusivo resort en Cerdeña forman parte de un imperio económico tan discreto como influyente.
Ese poder siempre ha estado estrechamente ligado a las grandes monarquías europeas. El pasado 4 de febrero, Carlos III lo recibió en esmoquin en el castillo de Windsor para una cena elegante y cargada de simbolismo: era la primera vez que se veían desde que Rahim asumió el liderazgo de la comunidad ismaelita y servía para conmemorar su primer aniversario al frente del imanato. No se trató de un gesto aislado. Desde hace más de un siglo, los monarcas británicos tratan a los Aga Khan casi como jefes de Estado. El monarca británico no hizo sino continuar esa tradición al concederle el tratamiento de Alteza, un reconocimiento reservado a muy pocos líderes religiosos.
La Reina Isabel II con Aga Khanat en Windsor
Pero si el Reino Unido ha sido clave, España ocupa un lugar especialmente íntimo en esta historia. El padre de Rahim mantuvo durante décadas una relación estrechísima con Juan Carlos I.
Se conocieron de jóvenes, cuando estudiaron juntos en un internado en Alemania, y esa amistad se mantuvo con los años entre encuentros privados, visitas discretas y una confianza que fue mucho más allá del protocolo. El Aga Khan IV fue recibido en España con honores propios de un jefe de Estado y, además, fue uno de los grandes apoyos de la Infanta Cristina durante su etapa en Ginebra, donde trabajó en la Aga Khan Development Network.
Nacido en Ginebra en 1971, Rahim creció entre Europa y Estados Unidos, rodeado de privilegios, pero también de una enorme exigencia. Hijo del anterior Aga Khan y de la modelo británica Sarah Croker Poole, estudió Literatura en la Universidad de Brown y completó su formación con un programa de Dirección Empresarial en Barcelona. Desde hace años trabaja en la fundación familiar, centrado en proyectos de medio ambiente, sostenibilidad y desarrollo en África y Asia, una labor que conoce al detalle. Hoy, a sus 54 años, mantiene un perfil mucho más sobrio que el de su padre. Amante del deporte, es corredor habitual de maratones internacionales como el de Chicago.