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Jesús Bonilla, durante la presentación de la obra de teatro Historia de dos, en 2012

Jesús Bonilla, en una imagen de archivoGTRES

El actor Jesús Bonilla explica por qué no quiere volver a trabajar después de 10 años

El inolvidable Santi de 'Los Serrano' ha decidido desaparecer para siempre del foco

Jesús Bonilla no quiere volver a ponerse delante de una cámara. No es un rumor ni una exageración: lo ha dicho él mismo, sin titubeos. El inolvidable Santi de Los Serrano ha decidido desaparecer para siempre del foco. «He cumplido mi misión. Estoy divinamente retirado», asegura. Ni premios, ni homenajes, ni reencuentros. Nada. Su decisión es firme y detrás hay una cadena de golpes, sustos y decepciones que terminaron alejándolo del espectáculo.

Para entender su adiós hay que empezar por el principio. Bonilla nació en Madrid y creció en Las Vegas de San Antonio, una pedanía de Talavera de la Reina donde su padre llevaba el cine del pueblo. Entre proyectores y bobinas nació su vocación. A los 16 años, viendo Estudio 1, lo tuvo claro: quería ser actor. Se formó en Madrid y empezó en el teatro, donde ya destacaba por su intensidad y por esa forma tan suya de entregarse al máximo en cada papel.

La fama llegó rápido. En los años 80 se hizo popular con Bajarse al moro. Después la televisión lo convirtió en rostro imprescindible. Periodistas lo consolidó, pero el boom real fue Los Serrano. Su Santiago era tan querido que medio país lo sentía como de la familia. Más tarde volvió a triunfar como Pepe en El chiringuito de Pepe, su último trabajo en pantalla. También dirigió cine (El oro de Moscú y La daga de Rasputín) demostrando que podía hacerlo todo.

Ganó muchísimo dinero y nunca lo ha ocultado. Ha contado en El Tiempo Justo que ganó más de lo que habría imaginado en cualquier profesión. Vivió «a lo bestia»: coches nuevos, casas, caprichos… todo. Pero también fue previsor y ahorró. Hoy vive tranquilo entre su pensión y otros ingresos. «No necesito trabajar», afirma. Viaja, disfruta y hace cosas que antes no podía. Y deja claro que no piensa volver: «Que vean las series y las películas, que a mí no me van a ver».

Cuando parecía que todo había sido un camino perfecto, llegaron los golpes. El primero fue económico: la quiebra de Lehman Brothers le hizo perder unos 400.000 euros. Aquello lo hundió anímicamente. Hubo juicios y diez años de lucha hasta recuperar el dinero. No se arruinó, pero el impacto psicológico fue enorme. Después llegó el susto de salud: un aneurisma de aorta que lo obligó a parar en seco y replantearse la vida. «Me llamaban para trabajar, pero me acojoné», confesó. Él solo concibe actuar dejándose la piel, y sintió que ya no podía.

A todo eso se sumó un bajón emocional serio. El propio actor ha reconocido que pasó una depresión que requirió médicos y medicación. Su pareja, la actriz Carmen Vicente-Arche, fue su gran apoyo en ese periodo oscuro. También se sabe que está divorciado de un primer matrimonio, aunque siempre ha sido muy discreto con su vida privada. Poco a poco empezó a decir no a proyectos… hasta que dejaron de llamarlo. Y lejos de frustrarse, sintió alivio. Para él, el telón ya había caído.

Eso sí, callado no está. De vez en cuando reaparece en redes y arma revuelo. En 2023 publicó una foto en un yate deseando «feliz verano» y lanzó una frase política que se hizo viral: «Antes me voy a Portugal que soportar otros cuatro años al monstruo Frankenstein». También opinó sobre la princesa Leonor con su estilo directo: dijo que España tiene suerte con una futura Reina «con tanta belleza en todos los sentidos». Así es Bonilla: sin filtros y sin miedo. Hoy, cerca de los 71 años, tiene algo claro: su historia profesional está cerrada. Dice que lo dio todo, que cumplió sus sueños y que ahora solo quiere paz. Los fans lo recuerdan, la televisión lo echa de menos… pero él no piensa volver. «Que vean las series y las películas, porque a mí ya no me van a ver».

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