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Oriol Cardona

Oriol Cardona

Oriol Cardona, en las distancias cortas: de su novia Amaia a su trabajo como bombero

España ya tiene nuevo nombre propio en los Juegos de Invierno: Oriol Cardona. El deportista catalán se ha proclamado campeón olímpico en Milán-Cortina en esquí de montaña, el llamado skimo, disciplina que combina ascensos y descensos con esquís y que debutaba en el programa olímpico. Su triunfo no es uno más, sino un hito histórico: supone el primer oro español en unos Juegos blancos en 54 años, desde la gesta de Paquito Fernández Ochoa. Llegaba como favorito y cumplió, pero la medalla es solo la parte visible de una historia marcada por esfuerzo, decisiones valientes y muchos sacrificios silenciosos.

Nacido el 7 de octubre de 1994 en Banyoles, Gerona, tiene 31 años y un físico hecho para la montaña, con 1,82 de altura y 72 kilos. Sin embargo, de niño no soñaba con esquís, sino con correr. La pasión por la montaña venía de familia, ya que su padre, Joan Cardona, fue pionero del esquí de montaña en España en los años ochenta y campeón autonómico y nacional en los noventa, y su hermano Nil también compitió. Aun así, sus primeros pasos deportivos fueron en el atletismo, donde entrenaba en el club local junto a la olímpica Esther Guerrero. Después probó el skyrunning y el esquí alpino hasta descubrir que su verdadero terreno estaba en el skimo, disciplina en la que acabaría encontrando su identidad deportiva.

Con solo 18 años dio un salto decisivo y se trasladó a Font Romeu, en los Pirineos franceses, para ingresar en el centro de tecnificación de la Federación Catalana de Deportes de Montaña. Allí empezó una etapa de transformación total en la que combinó entrenamientos de alto nivel con la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y, más adelante, un máster en entrenamiento en altitud. Nada fue fácil. Para mantenerse trabajó como ayudante de bomberos forestales, monitor de esquí, se sacó el carnet de camión por si necesitaba otra salida laboral e incluso hizo algún trabajo como modelo. Todo formaba parte del mismo objetivo: seguir adelante mientras dependía de becas y patrocinios, entre ellos Dynafit, marca con la que colabora desde 2013.

El punto de inflexión llegó cuando el Comité Olímpico Internacional anunció que el esquí de montaña pasaría a ser deporte olímpico. Entonces decidió apostar definitivamente por ese camino y se instaló en Font Romeu junto a otros deportistas de élite, donde entrena y vive en un ambiente austero y disciplinado que sus compañeros describen con humor como una vida de ermitaños. Su gran referente siempre fue Kilian Jornet, cercano a su familia porque coincidió compitiendo con su hermano, y aunque al principio quiso seguir sus pasos en el trail running, pronto comprendió que su talento brillaba más sobre nieve.

Fuera de la competición mantiene un perfil sereno y sencillo. En su habitación hay un teclado y toca el piano para relajarse, aunque solo sabe interpretar tres canciones que aprendió viendo tutoriales en internet, ya que no sabe leer partituras. Ese pequeño ritual le sirve para desconectar y mantener la concentración mental que exige su deporte.

En el terreno personal también atraviesa un momento estable. Su pareja es la actriz Amaia Aberasturi, de 28 años, natural de Vizcaya y conocida por trabajos como Bienvenidos a Edén y Akelarre, película que le valió una nominación al Goya. Aunque sus profesiones parecen opuestas, sus vidas encajan con naturalidad. Ella se mueve entre rodajes y estrenos, mientras él vive entre montañas y entrenamientos, pero cuando coinciden prefieren la tranquilidad a los focos. Comparten escapadas en bicicleta, paseos con su perro y una rutina muy saludable basada en deporte y naturaleza. En verano sustituyen los esquís por rutas sobre dos ruedas y desaparecen del ruido mediático para disfrutar de planes sencillos.

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