a Princesa María Cristina, hija de Leopoldo III y tía del Rey Felipe de Bélgica
Gente
La Princesa belga desaparecida que ha dado señales de vida 19 años después con una carta
María Cristina de Bélgica se distanció de su familia y no quiere regresar a la vida pública
La Princesa María Cristina, hija de Leopoldo III y tía del Rey Felipe de Bélgica, ha dado señales de vida después de estar 19 años desaparecida de la esfera pública. Lo ha hecho enviando una carta a la revista Point de Vue donde explica que quiere seguir apartada del foco mediático.
«Cuanto más pasa el tiempo, más me retiro de la vida social», ha escrito exactamente. Eso sí, en la misiva aparece una corona dibujada, recordando su importante linaje, y se deja claro que sigue siendo princesa, a pesar de haber renunciado a la fama. De hecho, continúa utilizando el reconocimiento de Su Alteza. Pero, ¿qué sucedió y por qué ha roto, en parte, con su pasado?
En la década de los 80 decidió alejarse de su familia. Sus padres la mandaron a Canadá y para ella fue un alivio porque no se sentía cómoda en palacio. A partir de entonces, sus apariciones han sido contadas y siempre han estado motivadas por razones de peso. Por ejemplo, en 2001 dio un paso adelante y explicó que lo hacía por una cuestión económica, pues estaba atravesando un mal momento y tenía miedo de que ella o su marido enfermasen y no pudiesen pagar un buen tratamiento. También escribió una biografía en 2004 titulada La Brisure donde detallaba algunos episodios que marcaron su comportamiento.
La Princesa belga nunca se sintió unida a su madre, Lilian de Réthy, y así lo manifestó en el libro mencionado con anterioridad: «Ya de niña me sentía poco querida, incluso odiada. Nunca era lo bastante buena para ella». También aseguró que había sufrido una agresión sexual por parte de uno de sus primos y que su familia lo tapó. Por ese motivo, cuando sus padres le propusieron alejarse de la dinastía, encontró una ocasión perfecta para empezar una nueva etapa.
Los problemas que tuvo María Cristina
Después de que la Princesa María Cristina se distanciase de su familia, el entorno le amenazó con retirarle el pasaporte para que se sintiese obligada a regresar a Bélgica. Fue entonces cuando tomó las riendas de su destino y se casó con un pianista 13 años mayor que ella para que le diesen la ciudadanía y poder continuar con su vida en Toronto (Canadá), donde se había instalado hacía un tiempo.
En 2019, Point de Vue, el medio que ha conseguido localizarla, descubrió que estaba viviendo en Sequim, un pueblo situado en Washington. Había pasado por otras ciudades como Las Vegas o San Diego, pero no había vuelto a su país natal. Es más, desde que se fue, únicamente hay registrada una visita, la que hizo cuando falleció su progenitor en 1983. Fue un viaje discreto y no se quedó al funeral, lo que confirma que las relaciones familiares no estaban en un buen momento.
La carta que ha enviado no significa, ni mucho menos, que vaya a regresar a la vida pública, al contrario. Únicamente ha contactado con la revista porque era consciente de que estaban investigando para saber cómo era su vida actual. De esta forma, ha reconocido que sigue residiendo en Washington y ha recalcado, de forma sutil, que sigue siendo una Princesa. La cuestión es que sus prioridades no coinciden al 100% con otras personas de su mismo rango. Ella se conforma con llevar una rutina tranquila, que trascurre entre su casa y un centro de fauna salvaje donde realiza labores de voluntariado.