Ágatha Ruiz de la Prada
La guerra de Ágatha Ruiz de la Prada contra los ecologistas por su casa de Mallorca: «Era maravillosa y ahora es una pesadilla»
La diseñadora cuenta en Netflix cómo le ha afectado la demolición de su piscina, un conflicto que arrastra desde hace varias décadas
Ágatha Ruiz de la Prada atraviesa uno de los momentos más complicados relacionados con su patrimonio. La diseñadora ha reconocido que está viviendo «una pesadilla» tras más de dos décadas de conflicto judicial por una de sus propiedades más emblemáticas: la casa que tiene en la Costa dels Pins, en Mallorca.
Se trata de una vivienda muy especial para ella. Está situada sobre un acantilado, con vistas directas al mar, en una de las zonas más tranquilas y exclusivas del noreste de la isla. A diferencia de otras áreas más urbanizadas, aquí las casas aparecen dispersas entre pinares, en parcelas elevadas que miran al Mediterráneo. Durante años ha sido su refugio de verano, un lugar donde ha recibido a amigos y ha pasado algunos de sus mejores momentos.
La vivienda fue adquirida en 1999 por el periodista Pedro J. Ramírez junto a la diseñadora, a la viuda del dramaturgo Joaquín Calvo Sotelo. Tras su separación, la propiedad pasó a manos de sus hijos, Tristán y Cósima Ramírez Ruiz de la Prada, mientras que ella mantiene el usufructo. La finca, además, ya tenía historia: en ese mismo terreno se había construido una primera piscina en 1974, con una concesión que caducó en 1995. Años después, la pareja reformó la casa y obtuvo una nueva autorización para mantener la piscina, la terraza y el embarcadero.
Casa de Ágatha Ruiz de la Prada
Ese es precisamente el origen del conflicto. A principios de los años 2000, colectivos ecologistas empezaron a denunciar que esas instalaciones ocupaban dominio público marítimo-terrestre, algo prohibido por la Ley de Costas. El permiso inicial se concedió durante la etapa de Jaume Matas como ministro de Medio Ambiente, lo que añadió una dimensión política al caso. Aunque la Fiscalía no vio delito, las críticas no cesaron y el asunto fue creciendo tanto en los tribunales como en la calle.
Durante años hubo protestas frente a la casa, algunas bastante llamativas, con activistas llegando por mar en piraguas o lanchas. También partidos políticos se posicionaron en contra, y el caso acabó convirtiéndose en un símbolo del debate sobre el uso privado del litoral.
La batalla judicial se ha alargado más de dos décadas hasta que, en 2021, la Audiencia Nacional declaró nulas las órdenes que permitían el uso de la piscina, la terraza y el embarcadero. La sentencia obligaba a su demolición. El recurso ante el Tribunal Supremo no fue admitido, por lo que el fallo quedó prácticamente cerrado. El desenlace es claro: esas instalaciones deberán desaparecer. «Al final destruiremos la piscina. Espero que estén contentos», ha dicho la diseñadora.
Hoy, la casa, valorada en torno a tres millones de euros, muestra signos de ese desgaste. En el programa Negocio familiar de Netflix, donde aparece en el capítulo 9 de la sexta temporada, enseña la vivienda a un agente inmobiliario francés, Louis Kretz, con quien conversa en francés con total soltura. Durante la visita muestra la piscina, que en su día fue uno de los grandes atractivos de la casa y que ahora aparece vacía, sucia y llena de restos, claramente abandonada.
Ese espacio era, de hecho, el elemento más icónico de la vivienda, ya que estaba situado prácticamente sobre las rocas del acantilado, alimentado con agua de mar y climatizado con energía solar.
En el interior, la casa refleja perfectamente el estilo de la diseñadora. La cocina es un ejemplo claro, llena de colores vivos en electrodomésticos, tarros y accesorios, que contrastan con la madera clara del mobiliario. Ella misma cuenta que en un principio la casa era blanca y fucsia, pero el sol acababa deteriorando ese color constantemente, lo que la llevó a optar finalmente por el blanco. Todo en la vivienda responde a su universo creativo, con muebles originales y un aire muy vanguardista. Aun así, nada de eso ha evitado el desenlace. «Ha sido la mejor casa del mundo y tenía una piscina bellísima, era maravillosa y ahora es una pesadilla», lamenta.