Leo Harlem, junto a una panorámica de su localidad natal
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El pueblo minero del interior de España que vio nacer a Leo Harlem
«La ciudad no está mal, pero la vida como debe ser es en los pueblos», confesó el actor y cómico
En el terreno de la comedia cinematográfica española hay dos nombres que parecían indisolubles, pero que terminan trabajando por separado, demostrando que su talento también se mantiene de forma individual. Hablamos de Santiago Segura y Leo Harlem. Mientras el primero recoge la exitosa siembra tras el duro trabajo de sacar adelante la última parte de Torrente sin que nadie revelase ningún solo detalle, el segundo triunfa más allá de los monólogos.
Fue este el que le dio su primer cameo delante de la cámara y, desde entonces, no ha dejado de rodar. Ahora el cómico y actor visita El Hormiguero para presentar La familia Benetón +2, secuela de la exitosa comedia familiar de Atresmedia Cine dirigida por Joaquín Mazón. Casi 4 millones de euros recaudó la primera parte y ahora la segunda pretende conseguir el mismo éxito o más.
Leo Harlem daba vida en la primera parte a Toni, un soltero con fobia a los niños que, tras la muerte de su hermana, debía enfrentarse a ocuparse de sus cinco hijos adoptados. Ahora, dos años después, a esta ya de por sí familia numerosa se suman dos miembros más, dos bebés que pondrán patas arriba su estabilidad.
Lo cierto es que para que Leonardo González Feliz, el nombre con el que nació, se convirtiese en Leo Harlem, tuvieron que pasar bastantes años. Nació en una localidad de la provincia de León el 14 de noviembre de 1962. En ella, Matarrosa del Sil pasó los siete primeros años de su vida, momento en el que se mudó con su familia a Valladolid.
Su tiempo como estudiante pasó y decidió colaborar en el negocio familiar de su padre, una panadería en la que trabajó desde los 16 hasta los 28. Entre ambas edades, también probó suerte en la universidad. Empezó Arquitectura y Derecho, aunque en ninguna encontró su camino y las acabó abandonando.
En busca de un cambio, decidió pasarse al mundo de la hostelería, trabajando en un bar llamado Harlem que le sirvió de inspiración para su nombre artístico. «Allí se ponía música de jazz, soul… y se me quedó el nombre como si fuera mi propio apellido», explicó en una entrevista en Diez Minutos.
Parroquia de San Miguel Arcángel en Matarrosa del Sil
Sin embargo, de esa época también recuerda la dureza del sector. «Es una profesión terriblemente dura. Pero estando de cara al público se aprende mucho, desarrollas psicología, detectas al que viene con buena intención, al que no quiere pagar, el que quiere chulear, y eso te vale para el resto de la vida». Allí estuvo hasta que cumplió 40 años, cuando decidió trasladarse a Madrid. Después de que un amigo suyo enviase una grabación a El club de la comedia, comenzó a trabajar en él.
Pese a todo y aunque la agenda cada vez le permite menos escaparse lejos de Madrid, el actor y cómico siente especial cariño y predilección por el pueblo que le vio nacer. «Soy de pueblo y lo llevo a gala. La ciudad no está mal, pero la vida como debe ser es en los pueblos», explicó en una entrevista.
Con alrededor de 700 habitantes, Matarrosa del Sil se encuentra en un valle atravesado por el famoso río gallego del que coge su nombre y que divide a la localidad en dos. Mientras la ribera derecha está repleta de extensos bosques de encinas y robles, la izquierda está compuesta por fincas agrícolas y ganaderas, además de prados verdes todos los días del año.
La estampa verde de su naturaleza rivaliza en algunos puntos con la minería. Durante décadas, la extracción de carbón ha sido el gran motor económico de la zona. Si pensamos en sus principales atractivos, hay que mencionar la parroquia de San Miguel Arcángel, a la que se suma la plaza mayor, el puente peatonal y el monumento que rinde homenaje a los mineros que, durante años, sacaron adelante a sus familias.