Carlos Herrera
El precioso pueblo andaluz donde Carlos Herrera celebrará sus buenos datos de audiencia y su primer verano como abuelo
El locutor, que acaba de batir récord de audiencia en Cope, prepara un descanso en compañía de su familia
Carlos Herrera tiene mucho que celebrar. Con el apoyo de Jorge Bustos y su hijo Alberto ha batido su récord de audiencia en Herrera en Cope con 3.093.000 oyentes diarios. Aunque aún le queda algún mes para tomar unas merecidas vacaciones, el locutor regresará a su paraíso personal; Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz. En esta ocasión será aún más especial, pues se ha estrenado como abuelo del pequeño Marcos, el primer retoño de Alberto Herrera y Blanca Llandres.
El periodista y locutor tiene un chalé de unos 300 metros cuadrados construidos, repartidos en tres plantas, sobre una amplia parcela ajardinada que supera los 1.000 metros. Tiene paredes blancas, tejas curvas, detalles de forja y un jardín que parece hecho para no salir en todo el día. Hay buganvillas que trepan por la fachada, palmeras que dan sombra y rincones donde descansar sin prisa. Sofás en tonos claros, madera, mesas grandes para juntarse todos y, repartidas por el jardín, varias camas balinesas con cortinas ligeras que invitan directamente a tumbarse y olvidarse del reloj. En el exterior, aire entre casa andaluza tradicional y villa costera con guiños casi a Palm Beach, con pérgolas verdes, y espacios abiertos pensados para vivir sin prisa. La vida aquí se hace hacia fuera. La piscina, el césped cuidado, los rincones de sombra y, sobre todo, las vistas, porque desde allí se ve el mar y también una parte privilegiada de Doñana, con esas puestas de sol que tiñen el horizonte de tonos dorados.
La casa ha sido testigo de muchos momentos importantes. Reuniones con amigos, celebraciones familiares y también la boda de su hijo, que se celebró allí mismo, en Sanlúcar, en la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, uno de los templos más emblemáticos de la localidad.
Alberto Herrera y Blanca Llandres
Y es que este rincón gaditano tiene algo especial. Por un lado está el Barrio Alto, con ese aire más histórico, calles empedradas y edificios que cuentan siglos, donde destacan joyas como el Castillo de Santiago, del siglo XV, o el Palacio de los Duques de Medina Sidonia. Y por otro, Bajo de Guía, que es todo lo contrario, ambiente, terrazas, gente entrando y saliendo y ese olor constante a marisco que abre el apetito a cualquiera, especialmente por sus famosos langostinos.
Luego están las playas. La del Espíritu Santo, más tranquila, con ese punto salvaje de dunas y acantilados. Y Las Piletas, que en verano se convierte en escenario de una de las tradiciones más curiosas que hay en España, las carreras de caballos. Este año se celebra la edición número 181, un espectáculo único que mezcla deporte, tradición y atardecer en un auténtico hipódromo natural junto al mar.