Shakira en Copacabana, Rio de Janeiro
El último movimiento de Shakira que tensa aún más la situación con Piqué
Ante dos millones de personas, la cantante equiparó su situación a la de mujeres brasileñas sin recursos, desatando una oleada de críticas en redes sociales
Resulta fascinante, cuando no extenuante, observar cómo Shakira ha convertido los restos de su naufragio sentimental en una suerte de liturgia pública, donde el despecho se transforma en oro y la herida en un espectáculo de masas sin precedentes.
La cronología de este asedio lírico comenzó con aquel «Te felicito, qué bien actúas» en abril de 2022, antes incluso de que la separación oficial llegara en junio, una proclama que resonó en los feudos deportivos como un estigma imborrable sobre la figura del antiguo zaguero blaugrana. No contenta con ello, la colombiana profundizó en la herida con la cadencia de Monotonía. En aquel momento, sentenció con aparente ecuanimidad que «no fue culpa tuya ni tampoco mía», solo para matizar después al señalar el narcisismo de quien, siempre en busca de protagonismo, desatendía sistemáticamente el jardín compartido.
El clímax de esta ofensiva se alcanzó cuando la artista de Barranquilla declaró que «una loba como yo no está pa’ tipos como tú», elevando el conflicto a la categoría de fenómeno macroeconómico bajo la famosa premisa de que «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan». Sin embargo, el último episodio de esta trágica historia de amor tuvo lugar el pasado domingo en la emblemática playa de Copacabana. Ante una marea humana de dos millones de almas, la cantante decidió arrogarse una condición que ha levantado tantas ampollas como aplausos enfervorizados. Al calor del Día de la Madre, la barranquillera ensalzó la figura de aquellas mujeres que enfrentan la crianza en la más absoluta soledad, para terminar integrándose en dicho colectivo con una frase que ya es historia de la cultura popular: "En Brasil hay más de 20 millones de madres solteras, sin ayuda, que tienen que luchar todos los días para mantener a su familia, y yo soy una de ellas”.
Esta autoproclamación como madre soltera, emitida desde el púlpito de uno de los arenales más famosos del orbe, ha sido interpretada unánimemente como un dardo envenenado hacia Gerard Piqué. No obstante, esta narrativa de la resiliencia encuentra un escollo considerable en la realidad material y en el juicio implacable de los medios de comunicación. Mientras la artista proclama su soledad en la brega diaria, voces ácidas han señalado la incongruencia de compararse con quien extrae agua de un pozo en las favelas cuando se dispone de un patrimonio faraónico y un equipo de asistencia constante. La crítica subraya que el exjugador no ha dimitido de sus responsabilidades, cumpliendo rigurosamente con los estipendios económicos y cruzando el océano para visitar a Milan y Sasha en su exilio dorado de Miami siempre que el calendario se lo permite.
Para añadir más oprobio a la figura del catalán, el fervor de los seguidores alcanzó tintes de juicio sumarísimo en las entrañas del metro de Río de Janeiro. En los vagones, convertidos en sucursales improvisadas del despecho, los fieles de la cantante unieron sus voces en cánticos soeces, coreando una y otra vez: «¡Piqué, vete a la m*****! ¡Piqué, vete a la m*****! ¡Piqué, vete a la m*****!», enviando al exfutbolista al ostracismo entre el movimiento rítmico de los abanicos y el sudor de la espera. Es el veredicto de una muchedumbre que ha hecho suya la causa de su ídolo, castigando al infiel con el látigo del escarnio público.
Mientras tanto, Gerard Piqué ha optado por el silencio. Permanece al margen de la polémica, centrado en su vida con Clara Chía y evitando responder públicamente, mientras su imagen sigue siendo cuestionada.