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Cristina Pardo, en una imagen de archivo

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El motivo real por el que Cristina Pardo se niega a confesar su ideología política

La presentadora tiene una filosofía clara: los políticos son empleados a sueldo de los ciudadanos, no familiares a los que guardar lealtad

En una España donde la polarización se ha convertido en el deporte nacional por excelencia, Cristina Pardo se ha consolidado como una especie de rara avis difícil de clasificar. La periodista navarra, dueña de una de las miradas más agudas y reconocibles del análisis político actual, se prepara ahora para afrontar el que probablemente sea el cambio más trascendental de su exitosa carrera: cerrar una etapa de 20 años en La Sexta para saltar al codiciado prime time nocturno de Antena 3.

Pero, ¿quién es realmente la mujer que ha logrado sobrevivir con éxito tanto en el dinamismo informativo como en la tertulia de entretenimiento? Ella misma es consciente del desconcierto que genera y se ríe de las etiquetas que el público intenta imponerle según el logo que aparezca en la esquina de la pantalla. «Mucha gente en este momento pensará que soy de derechas por ir a El Hormiguero y otra gente pensará que puedo no ser del todo de derechas por trabajar en laSexta», afirma.

Ese equilibrismo mediático no es fruto del azar, sino de una filosofía de vida muy concreta: entender que los políticos no son deidades, sino empleados públicos. Para ella, los gobernantes están, literalmente, a sueldo de los ciudadanos, y por ello no merecen una lealtad incondicional ni un cariño familiar.

La periodista sostiene que la gente que dedica su tiempo y energía a alabar o criticar a un líder de forma sistemática y visceral está profundamente equivocada, sencillamente porque los políticos son humanos y siempre se acaban equivocando. «No hay que vivirlo como si fueran nuestra familia, a mí lo único que me importa es que gobiernen bien», sentencia. Bajo esta estricta premisa de independencia y pragmatismo, Cristina Pardo solo reconoce dos pasiones innegociables que logran sacarla de su habitual frialdad analítica: su admiración incondicional por Rafa Nadal y un madridismo confeso que luce sin complejos.

El gran misterio que siempre sobrevuela a la presentadora de Más vale tarde es el destino de su papeleta cada vez que se abren las urnas, una incógnita que no piensa despejar por una cuestión de pura higiene profesional. En una distendida charla en el podcast Ac2ality, la navarra explicó que revelar su voto sería como ponerse una soga al cuello frente a la audiencia: «Si yo digo a quién he votado, la gente me va a mirar con un prisma cada vez que yo cuente las noticias».

Pardo apuesta firmemente por la movilidad frente al sectarismo, asegurando que a la sociedad le iría mucho mejor si todos fuéramos capaces de castigar o premiar con el voto la gestión real de los partidos en lugar de anclarnos a una ideología fija. «Yo soy una persona que ha votado distinto a lo largo de su vida», confiesa con naturalidad.

Además, durante la entrevista, reveló un detalle curioso: aunque llegó a tener en su teléfono el número personal de Pedro Sánchez, jamás ha sentido la tentación de enviarle un mensaje y, de hecho, ni siquiera ha coincidido con él en distancias cortas o ruedas de prensa.

Para ella, el periodismo es un ejercicio de fiscalización constante, especialmente contra quien ostenta el mando. «Cuando cubría al PP gobernaba Rajoy, era facilísimo cuestionar al Gobierno. Ahora está Sánchez y es mucho más fácil cuestionar al Gobierno que a alguien que no tiene la capacidad de dirigir la vida de los ciudadanos», explica, dejando claro que le es absolutamente indiferente lo que piense la gente mientras su labor sea ecuánime, justa y honesta.

Fuera de los focos, Pardo huye de la ostentación y el lujo televisivo. Ni relojes de alta gama ni bolsos caros: su única debilidad confesable son los pantalones vaqueros. Con su mordacidad habitual, define su vida privada como «aburrida» y libre de exclusivas, llegando a bromear con que jamás ha realizado un trío; una normalidad que usa como escudo en un mundo de egos inflados. Sin embargo, su agenda es de todo menos monótona, albergando contactos tan dispares como Tamara Falcó o Santiago Segura.

Con este último acaba de rodar un cameo en Torrente, presidente (2026), donde parodia su propia profesión moderando un debate electoral junto a Iñaki López para el brazo tonto de la ley. Esta exposición la ha hecho fuerte ante las críticas. Si antes la arreciaban por sus visitas a Broncano en La Resistencia, ahora lo hacen por su papel en El Hormiguero, pero a ella le importa «absolutamente nada» la opinión ajena.

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