La condesa de Latores
Muere la condesa de Latores, hija de Sabino Fernández Campo, exjefe de la Casa del Rey
Hija de Sabino Fernández Campo, una de las figuras más influyentes de la Transición y hombre clave de la Casa Real durante el reinado de Juan Carlos I
La nobleza española ha perdido a una de sus figuras más discretas y respetadas. La condesa de Latores y Grande de España, María Elena Fernández Fernández Vega, falleció en Madrid el pasado viernes 8 de mayo a los 83 años. Asturiana de profundas raíces y vinculada a una de las sagas médicas más prestigiosas del país, su muerte, conocida públicamente este lunes, pone fin a la vida de una mujer marcada por la discreción y por el legado de una de las figuras clave de la Transición española.
Primogénita de Sabino Fernández Campo, conde de Latores, Caballero del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias y una de las personalidades más influyentes de la Casa Real durante el reinado de Juan Carlos I, la aristócrata fue testigo directo de algunos de los episodios más decisivos de la historia reciente de España. Su padre ejerció como secretario general de la Casa del Rey entre 1977 y 1990 y posteriormente ascendió a la jefatura de la institución, cargo que ocupó hasta enero de 1993, cuando el monarca le nombró consejero privado vitalicio.
Sabino Fernández Campo y su segunda mujer María Teresa
Defensor firme del juancarlismo, Sabino Fernández Campo destacó siempre por su sentido institucional, su discreción y una lealtad absoluta a la Corona. Su figura quedó especialmente ligada a la noche del 23 de febrero de 1981. En pleno intento de golpe de Estado, fue él quien, desde el Palacio de la Zarzuela, frenó buena parte de la incertidumbre institucional con la frase que terminaría pasando a la historia: «Ni está, ni se le espera». Aquellas palabras, pronunciadas para desmentir cualquier implicación del Rey en la intentona golpista, resultaron decisivas para desmontar la operación y reforzaron todavía más su papel dentro de la Casa Real.
Pese a su intensa dedicación profesional, Fernández Campo también reconstruyó su vida personal tras separarse de Elena Fernández Vega. En 1997 contrajo matrimonio con la periodista y escritora asturiana María Teresa Álvarez, veintisiete años menor que él, con quien compartió los últimos años de su vida.
Ese legado de servicio y lealtad marcó profundamente a la condesa de Latores, que heredó de su padre una manera de entender el deber basada en la discreción, el compromiso y el respeto institucional. El propio título que ostentaba simbolizaba esa estrecha relación con la Corona. El Condado de Latores no pertenecía a la antigua nobleza histórica, sino que fue creado expresamente por el Rey Juan Carlos I en 1992 como reconocimiento personal a los servicios prestados por Sabino Fernández Campo.
La vicepresidenta del Gobierno en el funeral de Sabino F. Campo en Oviedo el 27/10/2009
Tras la muerte de su padre en 2009, María Elena solicitó la sucesión del título, que le fue concedida oficialmente en 2010. Desde entonces asumió la representación del condado con el mismo perfil elegante y reservado que caracterizó siempre a su familia, manteniéndose alejada de la exposición pública.
Además de su vínculo con la Corona, pertenecía por vía materna a la prestigiosa saga asturiana de los Fernández Vega, referencia internacional en el ámbito de la oftalmología. Esa herencia reforzó todavía más su estrecha conexión con Asturias, tierra a la que permaneció profundamente unida durante toda su vida.
Su trayectoria personal también estuvo marcada por importantes episodios de dolor. Vivió la separación de sus padres en los años setenta y sufrió la pérdida de siete de sus nueve hermanos, una sucesión de tragedias que moldeó el carácter reservado y resiliente de la familia. Pese a ello, encontró estabilidad en el hogar que formó junto a su marido, Sebastián de la Rica, con quien tuvo cuatro hijos, Elena, Santiago, Pablo y Marta, además de ocho nietos y tres bisnietos.