Norman Foster y su hija Paola
La emoción de Norman Foster al ver a su hija terminar su carrera con honores
Paola, de 27 años, acaba de graduarse en la prestigiosa Escuela de Arquitectura de la Universidad de Yale
A sus 90 años, Norman Foster sigue muy activo en el mundo de la arquitectura. El británico pasa la mayor parte de su tiempo entre Londres y Madrid, ciudad de la que se enamoró tras conocer a su esposa, la editora de arte Elena Ochoa. Pero más allá de sus propios éxitos, lo que más feliz hace ahora mismo al arquitecto es ver triunfar a sus hijos. En concreto a Paola, de 27 años, que acaba de graduarse en la prestigiosa Escuela de Arquitectura de la Universidad de Yale.
La propia Paola compartió su alegría en las redes sociales, recordando el enorme esfuerzo que hay detrás de este título: «Tres años de estudio, noches tarde y un círculo estrecho que hizo que este lugar se sintiera como en casa... Oficialmente graduada de la Maestría en Arquitectura». En las imágenes se la puede ver radiante en un balcón brutalista con la icónica Harkness Tower al fondo, luciendo la clásica toga negra, el birrete y la estola púrpura propia de la ocasión.
A su lado estuvo en todo momento su padre, visiblemente orgulloso. Fiel a su estilo impecable, Norman acudió a la ceremonia con una americana azul petróleo, camisa azul marino, corbata de lunares y gafas de sol oscuras, sosteniendo con mucho cariño un ramo de flores para su hija.
Paola Foster
Esta graduación llegó, además, acompañada de grandes reconocimientos académicos. En las fotos se puede ver el diploma oficial que dicta: «La Universidad de Yale concede a Paola Foster López de Ochoa el grado de Máster en Arquitectura, con todos los derechos, privilegios y honores correspondientes». Por si fuera poco, la facultad quiso premiar su talento otorgándole una importante distinción: «El Decano y la Facultad de la Escuela de Arquitectura de Yale se complacen en otorgar el Premio Memorial David Taylor».
Este logro no es ninguna sorpresa, ya que la joven se ha criado rodeada de diseño. Según confesó en una entrevista para la revista Forbes, la arquitectura ha guiado su vida desde la infancia: «Desde que era muy pequeña, quizá antes de tener uso de razón. Crecí viajando a todas partes con mi familia y estos viajes giraban constantemente alrededor de proyectos de mi padre». De hecho, su primer recuerdo es de cuando tenía cinco años en Berlín: «Recuerdo subir por la rampa del Reichstag con mi hermano gateando detrás de mí y mi padre subido en una bicicleta. Recuerdo nítidamente la sensación que tuve al ascender alrededor de la cúpula cristalina y poder ver la ciudad a mi alrededor».
Antes de este máster en Yale, la joven ya se había graduado en Historia del Arte y Teoría Arquitectónica en Harvard. Por eso, aunque ha vivido en varios países y entre sus aficiones destaca aprender a pilotar aviones, confiesa que lleva a Madrid en el corazón y que conoce perfectamente sus barrios, desde Lavapiés hasta el Retiro.
Aun con ese brillante bagaje, lograr este postgrado no ha sido fácil. La propia Paola explicó que el ritmo en Yale exige una inmersión total: «El trabajo es muy, muy exigente -proyectos de estudio, fabricación, investigación, críticas- de modo que siempre estás pensando en el diseño de una manera u otra. No vives para otra cosa. No existen fines de semana o días libres». Sin embargo, destaca el gran ambiente que le ha permitido salir adelante: «Mis compañeros y yo pasamos los días y las noches trabajando juntos, y esto genera un fuerte sentido de camaradería». Ahora, con su título y su premio bajo el brazo, Paola empieza su propio camino en la arquitectura ante la mirada orgullosa de su padre.