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Iker Jiménez

El pueblo deshabitado que Iker Jiménez puso en el mapa y recibe cada día más turistas

Hay lugares que se visitan con la cámara de fotos en la mano y otros a los que se llega, inevitablemente con la piel de gallina. Ochate pertenece a esta segunda categoría; un pueblo deshabitado de la provincia de Burgos y rodeado por territorio alavés que lleva décadas despertando la curiosidad de viajeros, fotógrafos y amantes del misterio. Programas como Cuarto Milenio, con Iker Jiménez al frente, lo han convertido en un auténtico lugar de peregrinación. Cada fin de semana llegan hasta aquí curiosos y excursionistas con la esperanza de fotografiar alguna luz extraña o comprobar si el ambiente es tan inquietante como cuentan las historias.

A poco más de media hora de Vitoria y de Miranda de Ebro, el visitante se encuentra con un paisaje detenido en el tiempo, presidido por la torre de la antigua iglesia de San Miguel, varios muros en ruinas y una necrópolis medieval excavada en la roca. Sin embargo, mucho antes de convertirse en uno de los rincones más enigmáticos de España, fue una pequeña localidad llena de vida.

La primera referencia documental del enclave aparece en el año 1025 bajo el nombre de Gogate. En siglos posteriores también fue citado como Chochat. Su privilegiada ubicación en la antigua Ruta del Vino y del Pescado favoreció el desarrollo de la localidad, ya que por sus caminos transitaban arrieros que transportaban vino desde la Rioja Alavesa hacia la costa cantábrica y regresaban con pescado en salazón, trigo y sal. Aquel intenso movimiento comercial impulsó el crecimiento del núcleo y propició la construcción de la iglesia de San Miguel, levantada en el siglo XVI y cuya torre continúa siendo hoy el gran símbolo del lugar.

Ermita de Ochate

Pero el progreso también terminó cambiando su destino. En el siglo XIX se inauguró un nuevo Camino Real entre Vitoria y Laguardia que dejó a Ochate al margen de los principales caminos comerciales. Sin el constante paso de comerciantes y viajeros, comenzó un lento proceso de despoblación. Sus habitantes fueron marchándose poco a poco en busca de nuevas oportunidades hasta que, en 1936, coincidiendo con el estallido de la Guerra Civil, el último vecino abandonó definitivamente el pueblo. Hasta ese momento, la historia podría confundirse con la de tantos rincones de la España vaciada. Sin embargo, a comienzos de los años ochenta un reportaje publicado en la revista Mundo Desconocido cambió para siempre su destino al convertirlo en uno de los grandes iconos del misterio en España y dar origen a la leyenda del llamado «pueblo maldito».

Según esa tradición popular, habría sufrido tres epidemias consecutivas durante el siglo XIX: viruela (1860), tifus (1864) y cólera (1870). Lo inquietante del relato es que, supuestamente, estas enfermedades afectaron únicamente al pueblo sin extenderse a las localidades vecinas, alimentando durante décadas la creencia de que el enclave estaba maldito.

Con el paso de los años fueron apareciendo nuevos relatos. Una conocida fotografía tomada en 1981, en la que parecía apreciarse un extraño objeto sobrevolando el despoblado, disparó las teorías sobre posibles avistamientos de ovnis. Poco después comenzaron a difundirse historias sobre luces misteriosas en las inmediaciones de la ermita de Burgondo y supuestas psicofonías en las que algunos investigadores aseguraban escuchar voces infantiles.