Un lugar que le permitirse mantenerse en forma a los 91 años
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El histórico parque de Madrid que elige Norman Foster para dar paseos en bici
Se ha convertido en el pulmón verde de la capital gracias a una extensión superior a las 1.700 hectáreas
A pesar de que su historia de amor nació en el King's College de Londres, el matrimonio Foster se afincó en Madrid por el amor que ambos sienten por la capital española. Así lo demuestra el impresionante palacete de época que poseen en el histórico barrio de Chamberí, a la que se une la Fundación Norman Foster, como epicentro de sus labores profesionales, y la sede de Ivorypresss, el proyecto cultural que tienen en la calle Orfila.
Las direcciones favoritas de Norman Foster y Elena Ochoa en la ciudad del Oso y el Madroño pasan por restaurantes como La Parra, en plena zona de Almagro que ofrece cocina de producto, tradicional y fondo anglo-andaluz, o Numa Pompilio, en el lujoso barrio de Salamanca y de corte italiano.
Sin embargo, si hay un lugar de Madrid en el que el reconocido arquitecto puede pasar inadvertido es en la Casa de Campo. El propio Foster lo reconoció hace unas semanas en Barcelona Architecture Walks, donde habló de sus rutinas saludables a los 91 años. «Duermo poco, aprovecho a hacerlo en los aviones, pero solo si es de noche, nunca de día. Y tengo la suerte de que mi cuerpo se adapta a la hora del sitio al que llego», explicó, tal y como recogimos en El Debate.
En aquella ocasión, venía directo de Cupertino (California), donde ha diseñado el nuevo cuartel general de Apple. Recién aterrizado en nuestro país y antes de la entrevista, el arquitecto reconoció que se había recorrido 50 km por la Casa de Campo de Madrid. Un lugar que le permite desarrollar ejercicio con disciplina y mantenerse en forma a su avanzada edad.
La Casa de Campo se ha convertido en el pulmón verde de la capital gracias a una extensión superior a las 1.700 hectáreas –cinco veces más grande que Central Park, en Nueva York, por ejemplo–, fue creada como Real Sitio destinado a la caza y al recreo de la Monarquía desde que Felipe II adquirió la primitiva finca de la familia Vargas. Fue en ese momento cuando empezó a ser posesión real, con acceso limitado a la Corte y a los inviados del Rey.
Las vistas del skyline madrileño, dignas de admirar
Con el Gobierno de la Segunda República, mediante un Decreto del 20 de abril de 1931, dichos terrenos, que también incluían el histórico Campo del Moro, fueron cedidos al Ayuntamiento de Madrid para su uso como parques de recreo e instrucción pública.
El parque más grande de la ciudad de Madrid fue declarado Bien de Interés Cultural en 2010, y dentro de sus límites aloja un parque de atracciones, un zoo, recintos feriales para eventos, un teleférico y hasta el conjunto ganadero de la Venta del Batán, lugar tradicional de encierro de los toros en los días previos a su lidia en la Plaza de Toros de las Ventas).
A día de hoy, su punto más singular es el lago. Como Foster, muchos madrileños deciden recorrer sus alrededores haciendo deporte. Su creación se remite de nuevo a Felipe II, que, gran aficionado a la pesca, mandó unir dos de los cinco lagos que tuvo la finca primigenia para poder practicar su afición.
En la actualidad, tras una rehabilitación exhaustiva, es el centro neurálgico del parque. Su mirador posee un enclave privilegiado para contemplar la vastedad del lago, el parque y el skyline madrileño, destacando el Palacio Real de Madrid y la catedral de la Almudena. Además, restaurantes como El Urogallo, El Embarcadero o El ancla del lago permiten disfrutar de un aperitivo, comida y cena con la mejor de las vistas madrileñas.