27 de noviembre de 2021

Vista panorámica de Fraga

Vista panorámica de FragaMartín Ibarra Benlloch

El cine parroquial de Fraga contaba con 400 niños en 1932. ¿Por eso asesinaron al párroco?

El Partido Republicano Radical Socialista no podía tolerar esa actividad y ese éxito con los niños y los jóvenes por lo que creó el comité revolucionario de Fraga para detener y asesinar a los sacerdotes del pueblo
El término municipal de Fraga (Huesca) tenía unos 7.480 habitantes en el año 1930. Por aquellos años pertenecía a la diócesis de Lérida –actualmente de Barbastro-Monzón– y su párroco era desde ese año don Justo Pérez Muro. Don Justo se preocupó mucho de fomentar la Buena Prensa en Fraga y apoyó la venta y suscripciones al periódico de Zaragoza, El Noticiero. En ese periódico escribía con frecuencia crónicas, informando de las actividades parroquiales y de la vida de la ciudad. En una crónica del 12 de abril de 1932, nos sorprende con una iniciativa que entonces era muy novedosa y que suponía un evidente éxito: el cine parroquial.
«Todos los días festivos del calendario católico y otros días que la tradición cristiana guarda respetuosamente, se proyecta un programa hermoso, cómico en su mayor parte, que entretiene dos horas largas a los 400 niños que a él concurren. Después de cada película, el Rvdo. Sr. Párroco da a los niños una lección de catecismo, siempre amena y ahora doblemente con el manejo oportuno de una linterna de proyecciones».
Si tenemos en cuenta el dato de población total de Fraga, se trata de casi un 19 % que se moviliza todos los días festivos para asistir al cine parroquial. El éxito llevó a la Junta del Catecismo a organizar excursiones con algunos de esos chicos de 8 a 14 años, acompañando los padres y algún sacerdote.
En la primera excursión llenaron un autobús, que visitó la población cercana de Velilla de Cinca, con visita a la ermita, juegos, merienda y rosario. Todos se hicieron una fotografía en la plaza del pueblo, en el pedestal de la Cruz que ocupa su centro. Después, el autobús salió hacia Miralsot, donde les esperaba el cura con muchos de sus feligreses.
«El auto nos lleva últimamente a Miralsot. El señor cura nos divisa, sale al encuentro y nuestros niños besan su mano con unción. Ante la iglesia dispuestos obsequian al pueblo con una sesión de Catecismo con movimientos que deja complacidísimos a aquellos buenos aldeanos. Sin cosa desagradable que lamentar, gracias a Dios, entrábamos a las siete y media en Fraga».
Pero los del Partido Republicano Radical Socialista no podían tolerar esa actividad y ese éxito con los niños y los jóvenes. El alcalde, Joaquín Viladrich, acordó retirar el Santo Cristo de la capilla del cementerio al mes siguiente. Desde su cargo en el partido y en la Diputación Provincial de Huesca, hará todo lo posible para que esa iniciativa y otras muchas del párroco Pérez Muro fracasen. No lo consiguió de momento pero adivinen quién era el alcalde de Fraga en julio de 1936. Sí, el maestro Viladrich.
Este acordó el domingo 19 de julio con el también maestro José Alberola constituir el comité revolucionario de Fraga. Así lo hicieron al día siguiente y controlaron todas las entradas y salidas de la localidad. En la mañana del jueves 22 detuvieron a numerosos sacerdotes y vecinos de Fraga, entre ellos al párroco Pérez Muro. Los condujeron al Palacio de Montcada, en una de cuyas estancias los tuvieron durante un día y medio, faltos de agua, comida y casi de respiración, con un calor asfixiante.

Sería el comité revolucionario el encargado de adoctrinar a los niños en esta sociedad nueva

El viernes 23 salieron desde Fraga milicianos para detener a sacerdotes y personas de orden de los pueblos cercano. A lo largo de esa mañana comenzó a llegar una caravana con camiones, autobuses y automóviles, transportando milicianos de Barcelona, en su mayoría anarquistas. Parece ser que los responsables de la columna se pusieron en contacto con el alcalde Viladrich y los miembros del Comité, con quienes se reunieron aquella tarde-noche. A su paso había comenzado un reguero de sangre y fuego, que proseguiría los siguientes días con sus acciones devastadoras y las de otras columnas. Los miembros del comité debieron acceder a su pretensión, aunque limitándola un poco.
En la madrugada del sábado 24, los sacaron al cementerio, los fusilaron y quemaron. Era un grupo de cuarenta que, invitados a gritar «¡Viva Rusia! –respondían siempre– ¡Viva la Virgen del Pilar!, ¡Viva Cristo Rey!». El párroco Pérez Muro aleccionó a todos en los últimos instantes, mientras caminaban camino del cementerio, mientras iban pasando por el tablón para ser fusilados y mientras caían al hoyo y se amontaban los cadáveres o los cuerpos de los moribundos, antes de su combustión final.
Pudo ser esta mañana del viernes 24 de julio, cuando el maestro Alberola Navarro se hizo con todo el poder en Fraga. Desde el balcón del Ayuntamiento dirigió a la muchedumbre un discurso en el que entre otras cosas abolía la propiedad privada. «Compañeros, después de las angustiosas horas transcurridas, los enemigos han sido vencidos y ahora comienza para todos una sociedad nueva. Se acabaron la tiranía, la explotación y la miseria. Pero desde este instante tenemos que organizarlo todo».
En la sociedad nueva ya no hubo catecismo parroquial, con sus sesiones de cine, ni curas que organizaran excursiones por la comarca. Ya no serían los padres los que llevaran a sus hijos al cine o al catecismo, como había sido su deseo: sería el comité revolucionario el encargado de adoctrinar a los niños en esta sociedad nueva.
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