01 de octubre de 2022

San Lupo detiene a Atila ante Troyes (451). Litografía en color de E. Crété sobre una ilustración de H. Grobet, Histoire de France, París, Émile Guérin, 1902.

San Lupo detiene a Atila ante Troyes (451). Litografía en color de E. Crété sobre una ilustración de H. Grobet, Histoire de France, París, Émile Guérin, 1902.

Picotazos de historia

«Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él»: ¿qué harías si te encontrases con Atila?

Para los habitantes de Troyes su obispo era un santo que les había salvado de una muerte horrible, para el resto de los habitantes de la Champaña y el comandante del ejército romano era un traidor y un colaboracionista

San Lupo de Troyes (circa 383 – 479 d. C.) era sobrino, por parte de madre, de san Germán, obispo de Auxerre; fue hermano de san Vicente de Lerins y cuñado de san Hilario, arzobispo de Arlés, así que hoy veríamos en él un caso clarísimo de Casta eclesiástica.
El caso es que antes de entrar en religión llevó una vida mundana y disoluta, incluso se casó y se dedicó a ejercer de abogado. El matrimonio se disolvió de mutuo acuerdo al entrar cada uno en vida religiosa y aquí es cuando surge un nuevo Lupo. En el año 427 lo tenemos ya de obispo de Troyes (Champaña francesa), cargo que tendrá que dejar en manos de un interino, al ser enviado a Inglaterra a predicar contra la doctrina del pelagianismo (una gente muy loca que afirmaba que el pecado original fue asunto de Adán y Eva y que no se heredaba ni transmitía, con lo que se cargaban el sacramento del bautismo). De vuelta de sus aventuras (430 d. C) desempeñó sus funciones a plena satisfacción de sus conciudadanos de manera que Sidonio Apolinar contó maravillas sobre él en sus escritos.
Es en el año 451 cuando le cae la papeleta. Unos días antes se había producido una brutal batalla en un lugar (que no se sabe exactamente donde está) llamado los Campos Catalaúnicos (que pronto el Institut Nova Història declarará territorio catalán), pero que no está a mucha distancia de Troyes. El ejército de Atila había sido diezmado y está en retirada, pero no derrotado. El líder de los hunos necesita suministros para su ejército y estaba decidido a conseguirlos en Troyes. San Lupo envió una delegación de religiosos que, con buenas palabras y admoniciones, le invitasen a pasar de largo. Al ver el estado en que volvió el único superviviente de la delegación, san Lupo, decidió reunirse personalmente con Atila y cambiar de estrategia.
Cuando las cosas van mal hay que plegarse y esperar que los tiempos mejoren y eso hizo san Lupo. Entregó una cantidad de suministros a los hunos y les acompañó hasta que abandonaron la zona de la Champaña, garantizando así que las gentes dieran a los guerreros los alimentos necesarios. Lo que no pudo evitar es que Atila arrasara los campos tras de si. Para los habitantes de Troyes su obispo era un santo que les había salvado de una muerte horrible, para el resto de los habitantes de la Champaña y el comandante del ejército romano era un traidor y un colaboracionista.
San Lupo pasó el resto de su vida, discretamente, como eremita y monje, volviendo a Troyes sólo para morir.
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