El zar Alejandro II y la princesa Catalina Dolgorúkova y sus hijos Jorge y Olga
Dinastías y poder
Cuando el zar Alejandro II, el «libertador de los siervos» tuvo una familia paralela a la Imperial
Catalina y Alejandro II tuvieron tres hijos legitimados, aunque al ser fruto de una unión morganática carecían de derechos al trono
La vida de Catalina Dolgorukóv es la del ascenso social en la Rusia imperial, aunque aquello le causase el desprecio de la corte. De familia noble aunque limitados recursos, utilizó su belleza para ganar el corazón de Alejandro II y formar una familia paralela a la Imperial. La zarina vio con humillación como se instalaba en los apartamentos del Palacio de Invierno con sus hijos mientras ella agonizaba víctima de la tuberculosis. En San Petersburgo nunca fue querida. Nombrada Princesa Yonzewsky por ukase imperial, su historia fue llevada al cine en la película Katia, con Romy Schneider convertida en amante del zar.
Catalina nació en Moscú en 1847. Era una de las hijas del príncipe Dolgozuky aunque carecía de toda fortuna. Vivía con su familia en las tierras que poseían en la región de Teptowka, al este de Rusia, cuando —según las crónicas— en una visita del zar, Catalina con nueve años, fue la encargada de darle la bienvenida con un ramo de rosas.
La princesa Catalina Dolgorúkov
Era el año 1857 y Alejandro, agradecido con el recibimiento, prometió cuidar el porvenir de la niña y sus hermanos. Catalina ingresó en el prestigioso Instituto Smolny de San Petersburgo, institución encargada de la formación de las nobles doncellas del imperio que ofrecía además de educación en sociedad, buena cultura política.
El zar estaba casado con María de Hesse, de timidez enfermiza y con la que había tenido ocho hijos, aunque nunca fueron felices. Se vivían tiempos marcados por medidas reformistas como la aprobación de la «liberación de los siervos» pero Rusia se desangraba en conflictos internos marcados por la violencia de corte anarquistas y las conspiraciones nihilistas. El imperio se había convertido en la última autocracia europea y las medidas modernizadoras de Alejandro II chocaban con los movimientos revolucionarios que frenaban el progreso.
El zar Alejandro II y su familia
Catalina estudió en el Instituto Smolny hasta los diecisiete años. Entonces, viajó a París acompañada de su hermano para asistir a la Exposición Universal de 1867. Parece que fue aquí donde se reencontró con el zar y comenzaron una serie de encuentros en el Bois de Boulogne y a pasar las tardes en las Tullerías. No se escondían. De regreso a Rusia, el zar obligó a la familia de Catalina a instalarse en San Petersburgo. Los Romanov eran incapaces de soportar que ella se dirigiese al zar en público como Sasha, el diminutivo familiar de Alejandro. La acusaban también de influir con sus ideas liberales en el curso de la política.
Catalina vivía en una mansión a orillas de Neva hasta que se instaló en los apartamentos privados de Alejandro en el Palacio de Invierno. Mientras, en unas estancias próximas, la zarina agonizaba víctima de la tuberculosis. Moría en junio de 1880. Seis semanas más tarde, el zar promulgaba un ukase (proclamación) anunciando su matrimonio con Catalina a la que convertía, además, en princesa Yonzewsky, título de la familia Romanov.
Hijos de Alejandro II y Catalina Dolgorúkov
Alejandro quiso que se la nombrase emperatriz, pero no llegó a completar su sueño: un atentado anarquista terminaba con la vida del zar el 13 de marzo de 1881. Su hijo, Alejandro III tomaba las riendas de un imperio que caminaba hacia la Revolución. La posición de Catalina quedó comprometida e incluso se le negó un lugar preferente en la comitiva familiar durante los funerales imperiales.
Catalina y Alejandro II tuvieron tres hijos legitimados, aunque al ser fruto de una unión morganática carecían de derechos al trono. Se llamaban Jorge, Olga y Catalina. Como «viuda del zar» se le asignó una pensión anual, residencia en San Petersburgo y otra en la Costa Azul. Catalina, que tenía solo treinta y cinco años, se instaló en Francia. Según la prensa de la época disponía de un servicio veinte empleados.
Sobrevivió cuatro décadas al zar, tiempo durante el cual llegó a ver el final de la Rusia Imperial y el asesinato de Nicolás II, nieto de Alejandro. Los estragos provocados por la revolución bolchevique menguaron notablemente sus finanzas. Falleció en Niza en febrero de 1922. Entre sus pertenencias se encontró un diario escrito a puño y letra por el propio Alejandro II.