La batalla de Lepanto 1571. Obra de Antonio de Brugada
Picotazos de historia
La heroica defensa de Domingo de Zavala en Lepanto: seis horas de combate contra cinco galeras turcas
Ese día, la galera bajo el mando de Domingo de Zavala capturó tres galeras turcas y puso en fuga a las otras dos, después de matar a mucha gente que a bordo iba
No pueden hacerse idea del placer que es encontrar un documento, memorial o artículo que, en seca prosa castrense, nos describa los hechos y hazañas realizados por personas largo tiempo fallecidas, pero dignas de asombro y de admiración.
De ninguna manera me atribuyo el mérito de descubrirlos; hace mucho que están catalogados y la signatura asignada. Simplemente disfruto de la satisfacción de haberlos encontrado para mí. Esta vez la pista me vino por medio de la revista Euskal-Herria, n.º 1027, de fecha 28 de febrero de 1911. Lo que me llevó al archivo de Zavala, que tan bien conoce y ha estudiado el historiador Borja Aguinagalde.
En este número se continúa con el padrón histórico de las familias pobladoras de Guipúzcoa y nos muestra a los Zavala de Villafranca de Oria (ahora rebautizada como Ordizia, por considerar poco vasco el nombre que le dio a la villa, en 1256, el rey Alfonso X cuando la fundó). La relación hace mención de un personaje formidable: Domingo de Zavala y Martínez de Arramendía.
Retrato de Domingo de Zavala
Con doce años y algunas letras aprendidas, deja la casa familiar para lanzarse al mundo, entrando al servicio de diferentes personas en oficios «de pluma», sin desatender los de «espada». Llegó a ser contador real de la Contaduría Mayor del Consejo de Hacienda y consejero del mismo, caballero del hábito de Alcántara, administrador de los almojarifazgos de Sevilla, etc. Pero el bueno de don Domingo estaba muy lejos de ser un burócrata cualquiera, tal y como hoy los conocemos. Domingo de Zavala sirvió durante 61 años en diferentes empleos y lugares, y su cuerpo estaba lleno de cicatrices y costurones recibidos en el servicio de su rey y su patria.
Tras la jornada de Lepanto, el propio don Juan de Austria encargó a su secretario, Juan de Soto, que redactara un documento donde se detallara la actuación de Domingo de Zavala durante la batalla. Este documento lo firmaría el propio don Juan, para así confirmar la veracidad de lo que allí se contaba y para que quedara constancia para el futuro.
El documento, que se puede encontrar en el archivo de Zavala y publica la revista, explica que Domingo de Zavala llevaba las cuentas de los libros de la Mar, pero que, durante la jornada de la batalla, se le entregó el mando de la galera Granada. Esta era la galera capitana del grupo de naves bajo el mando del comendador mayor de Castilla, don Luis de Requesens y Zúñiga, de quien era su secretario personal.
Ese día, la galera Granada fue embestida por cinco galeras turcas, todas ellas de mayor tamaño y con mayor número de gente a bordo. El combate fue reñido. Seis veces fue abordada la Granada, luchando sobre su arenada cubierta –se ponía arena para evitar resbalar por la sangre–, y seis veces fueron rechazados por su capitán, tripulación y tropas embarcadas. No cejaron los turcos en su empeño, codiciosos como estaban de una lucha en la que tenían abrumadora superioridad numérica.
A bordo de la galera cristiana, el tiempo transcurría lento. La orden que había recibido Domingo de Zavala era la de proteger, por todos los medios, la galera real La Capitana, a bordo de la cual estaban don Juan de Austria y don Luis de Requesens. ¡Y por Dios que cumpliría! El combate contra las cinco galeras turcas se alargó desde las doce del mediodía hasta las seis de la tarde. En ese tiempo no cesó el combate en ningún momento. Cuando terminó la jornada, la Granada había cumplido con sus órdenes, pero dos tercios de su tripulación y tropas eran bajas.
Ese día, la galera bajo el mando de Domingo de Zavala capturó tres galeras turcas y puso en fuga a las otras dos, después de matar a mucha gente que a bordo iba. Con las tres galeras capturaron veintiún piezas de artillería, muchas de ellas con las armas del emperador Maximiliano, el almirante Andrea Doria o de la orden de Malta.
Se recuperaron doscientos veintisiete prisioneros cristianos; de ellos, diez eran clérigos o frailes. Todos estos cautivos habían sido obligados a remar. También liberaron a veintisiete mujeres griegas y venecianas, secuestradas por el turco en territorios de la República de Venecia. El documento certifica que Domingo de Zavala recibió veintisiete heridas durante los combates. El cirujano a bordo de la galera de don Juan de Austria declaró que cinco de ellas eran mortales para cualquier individuo que no hubiera sido el enriscado guipuzcoano.
Curó de sus heridas y acompañó a don Luis de Requesens en sus destinos como gobernador de Milán y, posteriormente, de Flandes. En ambos pudo volver a poner a prueba sus capacidades como soldado, ganando más remiendos y costurones en su ya sufrido cuerpo.
A la muerte de Requesens, cumplió con la testamentaria de este, dejando prueba viva de por qué eran tan apreciados los vascos como secretarios personales. El propio Cervantes pone en boca de Sancho, cuando este es nombrado gobernador de la ínsula de Barataria y pregunta quién será su secretario, a lo que responde uno diciendo: «Yo, señor, pues sé de letras y soy vizcaíno». A lo que respondió Sancho: «Siendo así, digno sois de servir al propio emperador».
Me gusta mucho leer este tipo de memoriales y documentos, y siempre que lo hago me asombra la naturalidad con la que hablan de sus heridas. «Estuve muy malo», «anduve muy malo» y poco más será la conclusión de unas heridas espeluznantes, en unos tiempos en los que la sanidad estaba en pañales.
Hace años, el historiador Manuel de Parada me mostró un memorial de su antepasado don Sebastián de Parada, sargento mayor en el Tercio de Extremadura. En el memorial, el bueno de don Sebastián nos cuenta con toda soltura que «...me entraron una pica por los pechos que saliome por la espalda. De la que anduve muy malo». Y es que eran de otra pasta.