Isabel Fernandina de Borbón
Dinastías y poder
Escándalo en la Corte: cuando una infanta española se fugó con su amante polaco
Atravesaron Francia y se refugiaron en Inglaterra, donde contrajeron matrimonio en la catedral de Dover en junio de 1841. La boda, celebrada sin consentimiento real, provocó un escándalo dinástico
Nieta de Carlos IV y hermana del rey consorte Francisco de Asís. La infanta Isabel Fernandina de Borbón protagonizó en 1841 una fuga por amor que escandalizó a su dinastía. Su relación con el conde Ignacio Gurowski fue la comidilla de la alta sociedad en la Europa de mediados del siglo XIX. Pero ella se atrevió a desafiar los cánones sociales de la época y se casó en la catedral de Dover ante la indignación de su familia.
Isabel Fernandina de Borbón nació en el Palacio Real de Aranjuez en 1821. Era la primogénita de Francisco de Paula y de Luisa Carlota de Nápoles y venía al mundo cuando España comenzaba a marchar por «la senda constitucional». Tras el éxito del pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan, su tío, Fernando VII aceptaba el liberalismo y el país inauguraba un trienio de libertades que se oponía al absolutismo imperante en Europa.
La joven infanta española creció en el ambiente de la corte, marcado por la conspiración y la «cuestión sucesoria» que ponía sobre el tapete la discutida descendencia del soberano. La llegada a Madrid de María Cristina de Nápoles –hermana de su madre- para convertirse en la cuarta esposa del monarca, situó a Isabel Fernandina y a sus hermanos en una posición ventajosa, al entroncar por ambas ramas, con las nuevas herederas.
Al iniciarse la Guerra Carlista en 1833, sus padres se posicionaron en el bando liberal, aunque desavenencias posteriores con la Regente, sobre todo por las críticas de Luisa Carlota a las «relaciones» de María Cristina con el guardia de corps Fernando Muñoz, terminaron con la familia en el exilio. Era 1838 e Isabel Fernandina acababa de cumplir dieciocho años.
La familia se estableció en la Francia de Luis Felipe de Orleans y en París, la joven conoció a Ignacio Gurowski, un aristócrata con reputación licenciosa pero encanto evidente, del que se enamoró. Era, según se dice, su apuesto profesor de equitación en las horas de ocio de los infantes. Duque de Possen y señor de Allendorf, pertenecía a una afamada familia polaca con limitados recursos y aunque había estudiado en la Universidad de Varsovia, no contaba con la aprobación de los Borbones. Isabel Fernandina, a la que se le ha atribuido cierto carácter aventurero, igual que a su hermano Enrique, duque de Sevilla y vinculado a la masonería, estudiaba en el internado de Oiseaux, gestionado por Damas Agustinas de la Congregación de Notre-Dame.
Ignacio Gurowski
Contra todo pronóstico, Isabel Fernandina se fugó con él. El episodio fue digno de novela romántica: atravesaron Francia y se refugiaron en Inglaterra, donde contrajeron matrimonio en la catedral de Dover en junio de 1841. La boda, celebrada sin consentimiento real, provocó un escándalo dinástico. Rechazados por la corte española, se establecieron en Bruselas, donde encontraron cierto respaldo del rey Leopoldo I de Bélgica.
La pareja tuvo cuatro hijos. Uno de ellos, Fernando Francisco Gurowski llegó a militar en las filas carlistas durante la tercera guerra. Pero las infidelidades del conde y el carácter bohemio de la infanta, terminaron en separación. Isabel Fernandina regresó a España a comienzos de la década de los sesenta y sabemos, por la correspondencia que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, que volvió a tener relaciones cordiales con su familia y mantuvo afectuosos encuentros con su hermano, «el Rey consorte» Francisco de Asís, ya en su exilio en Épinay. La infanta se estableció finalmente en París donde llevó una existencia modesta. Pasó los últimos años de su vida en una residencia, en el barrio de Antin, actual boulevard Haussmann. El conde Gurowski murió en 1887.
Isabel Fernandina falleció en 1897. El diario monárquico La Época dio cuenta de su muerte: el catafalco –leemos- «ha sido verdaderamente suntuoso y la iluminación, espléndida». Tras una sepultura inicial en la cripta de la Iglesia de San Luis, los restos de la infanta Isabel Fernandina de Borbón y Nápoles, fueron trasladados al panteón propiedad del rey don Francisco, en el cementerio de Montmatre. Los gastos del funeral corrieron a cargo de su hermano.