Isabel Gabriela de Baviera
Dinastías y poder
Isabel de Bélgica: la reina que desafió a Hitler, posó con Mao y recuperó su tiara en Moscú
Isabel utilizó su participación como jurado en el Concurso Internacional Chaikovski, que se celebró en Moscú en 1958, para entrevistarse con dirigentes soviéticos y reclamar su corona
Como su célebre tía Sissi, Isabel de los Belgas fue una mujer que desafiaba las convenciones. Reina consorte por matrimonio con Alberto I, no ocultó su animadversión hacia Hitler, así como cierta complacencia por los ideales comunistas impuestos tras la Guerra Fría.
Amante de las joyas, en 1912 había comprado a la casa Cartier una tiara Rinceaux en platino y diamantes que los nazis robaron durante la ocupación. La joya terminó en una caja fuerte de un banco de Berlín hasta que el general soviético Ivan Srov, jefe de la KGB, se la llevó a la URSS. Isabel utilizó su participación como jurado en el Concurso Internacional Chaikovski, que se celebró en Moscú en 1958, para entrevistarse con dirigentes soviéticos y reclamar su corona. Además, durante la Segunda Guerra Mundial, como gesto simbólico, se hizo fotografiar con un broche en forma de estrella de David.
Isabel nació en Possenhofen (Alemania) en 1876. Era hija de Carlos Teodoro de Baviera, el hermano oftalmólogo de la célebre Sissi, que había renunciado a sus responsabilidades en el ejército bávaro tras la Guerra Franco-Prusiana. Su madre era la infanta María José de Braganza. Como todos los Wittelsbach de su dinastía, tenía inclinaciones musicales y también un tanto excéntricas.
En Viena, durante una recepción con motivo del 50.º aniversario de la coronación de Francisco José, conoció al hijo segundo del conde de Flandes, Alberto, futuro soberano belga. Reinaban entonces Leopoldo II y Enriqueta de Habsburgo. Pero el primogénito y único hijo varón había fallecido prematuramente, por lo que la corona quedaba destinada a su sobrino, Alberto, nieto a su vez del primer rey de Bélgica, Leopoldo de Sajonia-Coburgo.
Boda de Alberto e Isabel en 1900
Isabel y Alberto se casaron en Baviera en octubre de 1900. Él era un hombre tímido y culto. Ella, una mujer aventurera e imprudente. Sus caracteres resultaban diferentes, pero parece que se entendieron. En 1909, tras el fallecimiento de Leopoldo II, después de cuarenta y cuatro años en el trono, fueron proclamados reyes. El país continuó el desarrollo industrial que había iniciado décadas atrás, manteniendo los vínculos con el Reino Unido tan arraigados a su nacimiento como nación. Por ello, fueron un claro objetivo alemán al inicio de la Primera Guerra Mundial.
Lejos de limitarse a los salones palaciegos, Isabel cultivó amistades en los círculos científicos y artísticos europeos. Fue también una apasionada viajera: en 1922, visitó Egipto y entró en la recién descubierta tumba de Tutankamón, en el Valle de los Reyes, lo que alimentó aún más su imagen de reina poco común.
Pero el rey Alberto falleció en 1934 tras un accidente de alpinismo en las Ardenas. Su hijo Leopoldo III y su esposa, Astrid de Suecia, accedieron al trono, aunque la nueva soberana también murió repentinamente en un accidente automovilístico.
La reina Isabel y Jean Capart en el Templo de Horus (Edfu) en abril de 1930
En esos años, Bélgica tuvo que volver a hacer frente a las dificultades derivadas del expansionismo alemán y a la compleja posición de la monarquía durante los años del dominio nazi. Aquello, unido al segundo matrimonio del rey Leopoldo III con la arribista Lilian Baels, causó muy mala prensa entre los belgas.
Isabel, aunque continuó desempeñando labores representativas tanto durante la regencia de su hijo, el príncipe Carlos, como tras el regreso de Leopoldo y la proclamación de su nieto Balduino, quiso seguir viajando y, con cierta polémica, manifestó sus opiniones.
Fascinada ante el clima político derivado del inicio de la Guerra Fría, Isabel no dudó en mostrar ciertas simpatías por el modelo político totalitario impuesto en el Este. Fue durante una de las visitas que hizo a Moscú cuando se entrevistó, entre otros, con el mariscal Kliment Voroshilov, con quien, además, posó para una foto junto a una estatua de Lenin.
También lo hizo con Jrushchov, entonces dirigente de la Unión Soviética, quien la agasajó devolviéndole la tiara Cartier a la soberana. Era el año 1958. Poco tiempo después, Isabel viajó a Pekín y visitó a Mao, lo que también suscitó acerbas críticas en los círculos gubernamentales.
La reina Isabel en China el 21 de septiembre de 1961
La reina Isabel falleció el 23 de noviembre de 1965 en el Palacio de Stuyvenberg. Sus funerales estuvieron presididos por su nieto Balduino y por la española Fabiola de Mora y Aragón. A lo largo de su vida, no solo rompió moldes dentro de la realeza europea, sino que también desdibujó las líneas entre diplomacia, arte y política con una actitud decididamente poco convencional para su tiempo. Entre los hijos de Isabel se encuentra la princesa María José, última —y efímera— reina de Italia.