La tumba del faraón Amenhotep III, una de las más grandes del Valle de los Reyes y Reinas del sur de Egipto
La restauración de la tumba de Amenhotep III desvela nuevos secretos del faraón del esplendor egipcio
Tras décadas de restauración, la tumba WV22 permite redescubrir el mundo funerario del faraón más influyente antes de Akenatón
El pasado sábado 4 de octubre de 2025, la tumba del faraón Amenhotep III fue reabierta al público después de más de dos décadas de intensos trabajos de restauración. El ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto, Serif Fathy, presentó el enterramiento recién renovado que tiene más de 3000 años de antigüedad.
Pero, ¿quién fue Amenhotep III y por qué su reinado es clave para entender el Antiguo Egipto?. Amenhotep III, también conocido como Amenofis III o Amenhotep el Grande, fue un faraón de la dinastía XVIII que gobernó durante aproximadamente 38 años, desde 1390 a.C. hasta 1350 a.C. aproximadamente, doscientos años antes de que se produjera la Guerra de Troya. Ascendió al trono siendo un adolescente y durante su reinado, Egipto vivió una época de gran prosperidad artística, diplomática y constructiva.
Además, se le conoce como el padre de Amenhotep IV, quien más tarde adoptó el nombre Akhenatón, y que introdujo drásticos cambios en la llamada herejía amarniana, la revolución religiosa que promovió el culto exclusivo al dios Atón y abandonó el politeísmo tradicional egipcio, transformando todas las instituciones del reino; tras su muerte, estas reformas fueron rápidamente revertidas.
Amenhotep III fue enterrado en una tumba ubicada al oeste del Valle de los Reyes, en la necrópolis conocida como el Valle de los Monos, en la tumba WV22. El descubrimiento oficial de la tumba fue realizado en 1799 por Prosper Jollois y Édouard de Villiers du Terrage, dos jóvenes ingenieros miembros de la expedición napoleónica (1798-1801), un viaje militar y científico liderado por Napoleón Bonaparte que incluía especialistas encargados de estudiar la historia y la cultura egipcia.
Sin embargo, la primera excavación concienzuda del lugar no sería hasta más de cien años después bajo la dirección arqueólogos británicos como Theodore Davis o el famoso Howard Carter.
Aunque la tumba posee una rica decoración, la realidad es que ya en el momento de su descubrimiento estaba en un estado lamentable, y la llegada de los europeos no hizo más que empeorar su situación por el gran expolio artístico que sufrió. Varias pinturas fueron arrancadas del yeso en un acto de evidente vandalismo —hoy conservadas en el Museo del Louvre—, mientras que muchas otras han sufrido descascarillado y grietas significativas a lo largo del tiempo. No obstante, la estructura de la tumba sigue siendo impresionante: un pasadizo descendente de 36 metros de longitud y 14 de profundidad conduce a la cámara funeraria principal, conectada con dos estancias adicionales destinadas a las reinas Tiy y Sitamun, esposas del faraón. En sus muros, las escenas representan al faraón junto a deidades egipcias, con pasajes extraídos del Libro de los Muertos.
La momia de Amenhotep III refleja el destino accidentado de la tumba: trasladada durante la dinastía XXI al escondite de KV35, la tumba de su abuelo Amenhotep II, para protegerla de saqueos, llegó hasta nosotros en un estado muy deteriorado, con la cabeza separada, la espalda y las costillas fracturadas, y vendajes inusuales que podrían reflejar cambios introducidos por Akenatón.
La momia de Amenhotep III antes de ser desenvuelta
Durante siglos hubo dudas sobre su identidad, ya que fue hallada en un ataúd asignado a Ramsés III, pero análisis modernos de ADN han confirmado que se trata del propio Amenhotep III, cuyo cuerpo se conserva actualmente en el Museo de El Cairo.
Los trabajos de restauración comenzaron en 1989, con la expedición de la universidad japonesa Waseda dirigida por Jiro Kondo y Sakuji Yoshimura, con el apoyo de la UNESCO. Su labor ha consistido en un desescombro total de la tumba, y se han encontrado diversas cuestiones que se habían pasado por alto anteriormente, por eso la importancia que ha tenido el trabajo de Waseda es de vital importancia, más allá de la restauración tan minuciosa de las pinturas murales. El exhaustivo trabajo de los japoneses ha sido fundamental para profundizar en el reinado de Amenhotep III y ha revelado detalles clave sobre la WV22.
El Consejo Supremo de Antigüedades subrayó que esta reapertura no solo constituye un hito arqueológico, sino también un impulso cultural y económico para Luxor, considerada el mayor museo al aire libre del mundo. La restauración llevada a cabo por la universidad japonesa Waseda ha sido fundamental para preservar las pinturas, las estructuras y los detalles de WV22, garantizando que el legado de Amenhotep III pueda estudiarse y apreciarse por las futuras generaciones.
Este trabajo de conservación, que protege la tumba frente al deterioro natural y humano, se enmarca en la estrategia de Egipto para revitalizar el turismo patrimonial, coincidiendo con la próxima inauguración del Gran Museo Egipcio en Guiza. La reapertura de WV22 simboliza así la importancia de la arqueología y la restauración como herramientas esenciales para mantener vivo el patrimonio histórico, artístico y cultural del país.