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Marines descansando en el campo de batalla en Guadalcanal

Marines descansando en el campo de batalla en Guadalcanal

Por qué una isla clave de la Segunda Guerra Mundial se llama como un pueblo de Sevilla

Mucho antes de la famosa batalla entre Estados Unidos y Japón, exploradores españoles bautizaron una isla del Pacífico con el nombre de un pequeño pueblo de la sierra norte de Sevilla

Guadalcanal es un bonito pueblo en la sierra norte de Sevilla, en una zona de minería inmemorial, paisajes de olivo y encina y la tierra quebrada propia de las serranías. Tierra de moros, de la Orden de Santiago y de batallas contra los franceses. De sus iglesias parten las imágenes de una interesante Semana Santa. Es la sede de la novela El contador de sombras, de Antonio Burgos. Sin embargo, Guadalcanal suena a la batalla de la Segunda Guerra Mundial que se desarrolló en la isla del mismo nombre dentro del archipiélago de las Salomón. Todo tiene su explicación.

A partir de los viajes de Magallanes en 1521, los españoles empezaron a sospechar que más allá de sus navegaciones por el Pacífico hasta Filipinas había una gran masa de tierra, un nuevo continente, tal vez lo que Ptolomeo llamó la Terra Incognita Australis.

Terra Incognita Australis

Terra Incognita Australis

Por esas fechas andaba por la América hispana un hombre prodigioso, el gallego Pedro Sarmiento de Gamboa, que andaba obsesionado en perfeccionar su gloria encontrando el nuevo continente. Circulaba entonces por Perú la leyenda de que la tierra austral era el reino de Ofir. Un lugar mítico, un El Dorado anterior, de donde el rey Salomón obtenía el oro y la riqueza y que tuvo varias ubicaciones imaginarias, según los autores de las versiones de la especie.

Sarmiento de Gamboa convence al virrey para que financie su expedición y, para llevarla a cabo, contó con la participación de hombres que conocía y de los que se fiaba por su competencia y experiencia: Ortega Valencia, a quien conocía desde Panamá y ya estaba en la búsqueda, y a otro personaje excepcional como fue Álvaro de Mendaña, sobrino del gobernador García de Castro. Partieron de El Callao el 19 de noviembre de 1567 para tratar de hallar el reino de Ofir.

El viaje fue un desastre. Se cambiaron las rutas, se alejaron de la derrota prevista, sufrieron inclemencias del tiempo y enfermedades. En realidad, lo habitual en la época. A principios del año siguiente tocaron tierra en Tuvalu. Discutieron si era el lugar que buscaban. Sarmiento lo negó. Con muchas contrariedades continuaron viaje hasta que en febrero tocaron tierra en unas islas, a la mayor de las cuales llamaron Santa Isabel.

Habían descubierto para Occidente las Islas Salomón. Durante días se dedicaron a explorarlas, pero Sarmiento decide que esa isla no es Ofir y que hay que seguir buscando. Después de viajar por los mares del Sur, avistar nuevas islas sin estar convencidos de que alguna de ellas fuera Ofir, a mediados de abril llegaron a otra gran isla.

Entonces Pedro Ortega se siente autorizado para bautizar el nuevo territorio. Como había nacido en Guadalcanal, y en la expedición iban familiares y deudos suyos, puso el nombre de su pueblo a lo que vieron y hasta hoy dura (aunque bajo la dominación japonesa se adaptó el topónimo a Gadarukanaru).

Expedición de Álvaro de Mendaña en blanco

Expedición de Álvaro de Mendaña en blanco

Los expedicionarios llegan a la conclusión de que era la isla más rica de todas, la más apropiada para establecer una base hispana y permanecer en ella. Fundan un asentamiento llamado el Puerto de la Cruz y se demoran discutiendo si deben volver todos a Perú o dejar una colonia. Las relaciones con los nativos parecen pacíficas y, si bien no encuentran yacimientos extraordinarios de oro, sí se les ofrece polvo dorado de oro bajo.

Sin embargo, las relaciones se torcieron: hubo duros enfrentamientos que obligaron a Sarmiento a una operación de castigo. Ya no estaban seguros. Al final deciden regresar todos para avisar del hallazgo. Sarmiento estaba poco convencido de que aquello fuera el reino de Salomón, pero Mendaña no tenía dudas. De todas maneras, llamaron Islas Salomón al archipiélago. Con un viaje de regreso más accidentado todavía que el de ida, por fin llegaron unos a Nueva España y otros más al sur.

Esta aventura, sobre todo por las dificultades en la navegación de retorno, provocó las suspicacias y el enfado entre Sarmiento y Mendaña. En ese momento el primero cayó en desgracia: se le incautaron papeles y notas. Mendaña, más protegido por las autoridades virreinales y sin cesar en el empeño, preparó un nuevo viaje convencido de que llegaría a posesionarse definitivamente de las Salomón y a recolectar sus riquezas.

Pero, al no contar con los conocimientos suficientes, se perdió en el nuevo viaje iniciado en 1595. No dio con las Salomón, aunque descubrió las Marquesas, denominadas así en honor del marqués de Cañete, que era el virrey en Lima. Murió en la expedición, en Nendo, y su mujer Isabel de Barreto se hizo cargo del mando, siendo, a finales del siglo XVI, la primera mujer en la historia que asumió el título de almirante.

Durante el reinado de Felipe IV (1621-1665) el Imperio español alcanzó la mayor extensión territorial. Pero los problemas financieros que daba la administración de tan grandes territorios eran inmensos. No se disponía ya de dinero en la Hacienda para hacer frente a las mejoras que reclamaban las posesiones, ni España tenía hombres para explorar, conquistar y colonizar medio mundo.

La Monarquía hispánica tenía que renunciar a algunas conquistas y ceder los derechos históricos ante naciones como Francia, Gran Bretaña u Holanda, que ya disponían de la tecnología que antes era privilegio hispano-luso. El sueño de una Australia española era imposible. La posibilidad cedía ante la impotencia.

Mendaña lo volvió a intentar sin éxito. A finales del XVI y principios del XVII, Fernández de Quirós redactó más de cuarenta memoriales con objeto de volver a las islas australes, dominarlas y cristianizarlas. En vano. Los europeos tardarían dos siglos en dar de nuevo con las Salomón: Bougainville en 1768 y Surville en 1769.

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