Jonas Salk desarrolló la vacuna contra la poliomielitis
Picotazos de historia
La vacuna contra la polio: el legado de Jonas Salk que salvó millones de vidas infantiles
La poliomielitis aterrorizó al mundo hasta que Salk desarrolló una vacuna efectiva. Esta es la historia del hombre que renunció a la patente para que todos pudieran acceder a ella
La poliomielitis es una enfermedad infecciosa que afecta al sistema nervioso. Se trata de una enfermedad asintomática que se contrae por medio de secreciones buco respiratorias. Esta enfermedad afecta, principalmente, a la población infantil. Se trata de una enfermedad muy infecciosa que causa una inflamación de las neuronas motoras de la médula espinal.
Esto último solo afecta en torno al 3 % de los casos, pero cuando sucede se da un muy alto porcentaje (79 % de probabilidad) de que dé lugar a la parálisis, atrofia y deformación de uno o varios de los miembros del paciente.
La poliomielitis se conoce desde la antigüedad. Se cree que el faraón Tutankamón vivió afectado por ella. Desde luego, tenemos la seguridad de que sí la sufrieron el presidente Franklin Delano Roosevelt, el director de cine Francis Ford Coppola, el cantante Ian Dury, el actor Donald Sutherland, etc. Durante milenios, esta enfermedad fue un azote, uno de los muchos que ha soportado la humanidad, y el terror de los padres que veían con impotencia cómo la enfermedad, cuando no mataba —cosa que podía suceder o no—, casi siempre dejaba lisiada y deformada de por vida a sus hijos, en la más tierna edad.
Nosotros no somos conscientes, no hemos conocido el miedo y la angustia de comprobar la fragilidad de la vida humana en unos tiempos cuando no existían las vacunas ni los antibióticos. Cuando una simple corriente de aire podía ser mortal, cuando un resfriado era la antesala de una angustiosa agonía. Unos tiempos que no están tan lejanos, pero que muchos no han conocido. Unos tiempos de los que hemos tenido un ligero recordatorio cuando se produjo la pandemia de la covid.
Jonas Edward Salk nació en la ciudad de Nueva York el 28 de octubre de 1914. Fue el mayor de los tres hijos del matrimonio formado por Daniel y Dora Salk, unos inmigrantes judíos de origen ruso. Jonas estudió en el instituto público y obtuvo calificaciones lo suficientemente altas (y eso que estudió varios cursos al mismo tiempo) como para ingresar en la exigente Universidad de Nueva York (City College of NY). Fue el primer miembro de su familia en tener estudios universitarios, así que es fácil entender el orgullo y la alegría que sintieron sus padres aquel día del año 1934, cuando su hijo consiguió la licenciatura en Ciencias Químicas.
Al año siguiente, Jonas iniciaba sus estudios en la carrera de Medicina, en la facultad de esta ciencia en la Universidad de Nueva York. Para entonces, Jonas era un estudiante famoso. Era alguien que había terminado una carrera exigente con diecinueve años y que estaba demostrando que pronto tendría su segunda licenciatura.
En 1941 lo encontramos trabajando en la Universidad de Míchigan. Allí, en sus ratos libres, desarrolló una importante investigación al tiempo que completaba un curso sobre bacteriología. Todo ello, junto con su trabajo en el laboratorio de la universidad sobre el estudio del virus de la gripe de tipo B. En 1947 fue nombrado director del laboratorio de investigación de la Universidad de Pittsburgh. Será en este lugar y ese mismo año cuando iniciará las primeras investigaciones acerca de la poliomielitis, enfermedad cuyos brotes epidémicos siembran el terror entre los familiares de los afectados.
Jonas Salk en su laboratorio vacunando a una niña con su vacuna contra la poliomielitis en 1956
Con el fin de recaudar los fondos necesarios para la creación de un laboratorio destinado a la investigación en exclusiva para el estudio y erradicación de esta enfermedad, buscó respaldos financieros. Los consiguió gracias al apoyo de la influyente familia Mellon, de Pittsburgh, y a la Fundación Nacional para la Parálisis, creada por el presidente Roosevelt, una de las víctimas de la poliomielitis.
En 1952 creyó haber encontrado la cepa ideal de virus muerto para la fabricación de una vacuna efectiva. Todas las pruebas realizadas con animales dieron resultados positivos, por lo que se solicitó la autorización para el siguiente paso: probarla con seres humanos.
Tras la presentación de resultados, y viendo que no se habían producido contraindicaciones o consecuencias negativas, se autorizó la inoculación a cuarenta y tres niños lisiados del Hogar D. T. Watson de la ciudad de Pittsburgh. El día 2 de julio de 1952 se llevó a cabo. La siguiente semana fueron inoculados un grupo de niños de un centro infantil para retrasados mentales (definición que entonces abarcaba un amplio espectro). Salk estaba tan seguro de los resultados de su vacuna que se la inyectó a sí mismo y a su propia familia.
Los resultados de esta prueba fueron muy positivos, por lo que se pasó a un siguiente y más ambicioso paso que permitiría un estudio más detallado al contar con más implicados. En 1954 se autorizó que se inyectara la vacuna a un millón de niños en todo Estados Unidos. El metódico seguimiento de los resultados de esta masiva vacunación arrojó unos resultados concluyentes. El 12 de abril de 1955, el doctor Salk anunció al mundo que se había encontrado una vacuna eficiente y segura contra la polio.
En 1952 se autorizó la inoculación a cuarenta y tres niños lisiados del Hogar D. T. Watson de la ciudad de Pittsburgh
La heredera de la Fundación Nacional para la Parálisis, creada por el presidente Roosevelt, ahora era una organización orientada a la mejora de la salud de las madres y la infancia denominada 'March of Dimes'. Pues bien, esta organización, al tener noticias del anuncio del doctor Salk y tras haberse reunido con él, convocó a todos los medios e influencias con las que contaba con el fin de reunir los fondos necesarios para completar la investigación para el desarrollo y fabricación de la vacuna a nivel mundial.
Jonas Salk renunció a patentar la vacuna contra la polio, permitiendo que cualquier laboratorio pudiera fabricarla sin sobrecoste alguno y renunciando a todos los beneficios que pudiera haberle reportado. Cuando le preguntaron quién era el propietario de la patente, un desconcertado Salk contestó que pensaba que era la gente. ¿O es que acaso se puede patentar el sol?
Salk se convirtió en una celebridad mundial de la noche a la mañana, y el discreto investigador que fue toda su vida empezó a sufrir los efectos de esa notoriedad no buscada. Cuando subía a un avión, el comandante lo anunciaba a todo el pasaje por medio de la megafonía; cuando entraba en un restaurante, todos se acercaban a saludarle o a darle las gracias, de manera que no podía disfrutar a gusto de la cena. Para una persona tímida socialmente —que no torpe—, imaginen lo que supone llevar a tu hijo a un partido (de béisbol o fútbol, lo que prefieran) y que, cuando están ocupando sus asientos, desde la megafonía empiecen a anunciar a varias decenas de miles de personas que tú estás allí y además estás en el asiento tal de la fila cual.
Con todo, aprendió a aprovechar las ventajas de la fama (que las tiene), y en muy poco tiempo reunió una considerable financiación para la creación del Instituto Salk de Estudios Biológicos. El instituto, una referencia mundial en el estudio de esta ciencia, se levantó en el barrio de La Jolla, en la ciudad de San Diego, estado de California.
Jonas Salk falleció el 23 de junio de 1995 a consecuencia de una insuficiencia cardíaca que arrastraba desde hacía tiempo. Su legado, tanto con la eliminación de la polio como con otras vacunas e investigaciones que dejó, o con la creación de su instituto, es enorme. Una vez se hizo un intento de evaluación de cuál hubiera sido el beneficio que hubiera podido obtener en caso de patentar la vacuna de la polio a su nombre. El resultado más conservador hablaba de unos 7.000 millones de dólares solo con esa vacuna.