Litografía que representa la conquista inglesa de Buenos Aires
Picotazos de historia
Cuando Inglaterra conquistó Buenos Aires y España evitó que la ciudad pasara a ser parte del Imperio Británico
Así transcurrió la invasión, captura y reconquista de Buenos Aires de 1806
Tras la Paz de Basilea, firmada en 1795, que puso fin a la guerra entre España y Francia, se firmó entre los dos países el llamado Segundo Tratado de San Ildefonso (1796) por el cual ambas naciones se aliaban para combatir al Reino Unido de la Gran Bretaña. Una de las medidas que tomaron fue el bloqueo de todos los puertos españoles y americanos a los productos y comercio británicos.
Ya hacía mucho tiempo que los ingleses codiciaban las tierras y posesiones españolas en el continente americano. El florecimiento económico y cultural de los virreinatos y provincias de Ultramar (jamás colonias) dio lugar al desarrollo de ciudades que podían competir, e incluso superar, las del viejo mundo, capitales de sus reinos incluidas. El barón Von Humboldt dejó asombrada constancia de ello cuando realizó su viaje (1799 – 1804) por España y América.
Volviendo al tema anterior, desde el momento de la alianza entre Francia y España, el gobierno inglés estudió y analizó diferentes planes con el objetivo de arrebatar posesiones españolas en el continente americano. El traidor Francisco de Miranda participó en estos planes.
En 1804, durante el gobierno de William Pitt, se elaboró un plan para la ocupación de poblaciones clave en la América española con el objeto de utilizarlas como base de operaciones para la conquista del resto. El objetivo prioritario para el Reino Unido era el control de los mercados americanos, cada vez más ricos y en expansión.
En 1806 el contraalmirante sir Home Riges Popham transportó al general William Carr Beresford que estaba al mando de una fuerza de unos 1.600 hombres, entre los que destacaba el 71º regimiento de Highlanders. El día 25 de junio Beresford desembarcó sin problemas al sudeste de Buenos Aires, en la pequeña población de Quilmes.
El virrey Don Rafael de Sobremonte llevaba tiempo solicitando más tropas y medios para hacer frente a la defensa del extenso virreinato del Plata. Para todo ese enorme territorio apenas contaba con 2.500 soldados, la mayor parte de ellos milicia armada que no podían compararse con las tropas profesionales. Eso sí, como respuesta a sus peticiones se le había enviado un cargamento de un par de docenas de cañones.
Al llegar noticia del desembarco enemigo el virrey trató de organizar una defensa de la ciudad, pero había pillado al gobierno y al ejército desprevenidos. La ciudad cayó en poder de los británicos el 27 de junio. El gobierno virreinal se trasladó de Buenos Aires a la ciudad de Córdoba.
El capitán de navío Don Santiago de Liniers había recibido el encargo de comandar una flotilla de cañoneras que patrullaban la desembocadura del Plata. La invasión inglesa le sorprendió, lo mismo que a todos.
Abandonó Buenos Aires y partió en dirección a Montevideo. Allí, con la ayuda del gobernador Pascual Ruíz de Huidobro, pudo reunir una fuerza de unos seiscientos hombres, entre tropas, milicias y voluntarios.
A estos se les sumaría, más adelante, unos trescientos cincuenta soldados de caballería del regimiento de Blandengues (entonces esa palabra tenía otro significado y diferentes connotaciones a las actuales) bajo el mando del Antonio de Olavarría.
Liniers consigue desembarcar las tropas que ha reunido en la población de Las Conchas, esto fue el día cuatro de agosto. Camino de Buenos Aires se le unen más voluntarios, si bien precariamente armados, pero llenos de decisión y entusiasmo.
El general Beresford –quien más adelante sería un subordinado destacado de Wellington durante la campaña en España, al punto que sería elevado a la dignidad de vizconde– no se dejó intimidar por la noticia de la proximidad de las tropas de Liniers.
De hecho, ante la solicitud de rendición, comunicó su intención de defender la ciudad con todas sus fuerzas. Para entonces se le habían unido a Liniers una fuerza de caballería voluntaria que había reunido el rico comerciante Juan Martín de Puyrredón.
En total, las fuerzas de Liniers sumaban unos dos mil fusiles y sables, sumada infantería y caballería. A esta fuerza completaba una artillería formada por cinco cañones y dos obuses de sitio.
Como les he dicho, Beresford rechazó la solicitud de rendición presentada el día 10 de agosto. Al día siguiente se inició el ataque para la reconquista de Buenos Aires.
Liniers atacó la ciudad con cuatro columnas por cuatro puntos diferentes y convergiendo en los barrios del Retiro y la Plaza Mayor.
Será frente al antiguo fuerte de la ciudad donde los combates serán más reñidos. Esa es la posición que defiende el 71º de Highlanders, unidad que forma la columna vertebral de la defensa de Beresford.
Viendo la actuación de las tropas españolas la población de la ciudad cobró ánimos y se unió a la lucha. Los ingleses, enfrentados a las tropas de Liniers en medio de las estrechas calles, se vieron atacados por un nuevo enemigo que les arrojaba objetos desde los balcones y les disparaba desde los zaguanes. Esta guerra urbana les obligó a situarse en terreno abierto, donde sus formaciones eran vulnerables al fuego de los cañones.
Bersford juzgó que la situación se estaba volviendo insostenible, por lo que dio orden de retirada hacia el antiguo fuerte de la ciudad. Una vez dentro hizo cómputo de las tropas que le quedaban, así como de las municiones y suministros. Este cálculo unido a las posibilidades de recibir refuerzos, le permitiría tomar la decisión de continuar con una defensa a ultranza o solicitar parlamento para negociar las condiciones de la rendición.
La «composición de lugar» debió de ser complicadísima, ya que al día siguiente solicitó condiciones y rindió las tropas bajo su mando.
En total, las fuerzas inglesas habían tenido cuatrocientos doce muertos, incluidos cinco oficiales. Las banderas del 71º, regimientos (el Royal Color y el Regimental Color), cumpliendo una promesa que Santiago de Liniers hizo a fray Gregorio Torres cuando este le dio refugio y le ayudó a abandonar la ciudad, fueron entregadas a la basílica de Nuestra Señora del Rosario de Buenos Aires Las banderas todavía están allí.